12 de julio de 2011
La construcción burocrática del riesgo de desastre
Además, se trata de una zona sumamente importante por situarse en el corazón de la vida económica nacional y porque alberga buena parte de la infraestructura estratégica del país: industria pesada, vasos reguladores de aguas del Valle de México, instalaciones de la Comisión Federal de Electricidad, aeropuerto internacional, ductos de PEMEX. Además de ser económicamente costosas estas instalaciones, de su operación depende gran parte de la economía nacional.
Si la recurrencia de las inundaciones en esta zona, y en general en el lado Oriente de la Ciudad de México, ha sido históricamente tan alta, ¿por qué entonces las acciones gubernamentales para corregir este problema han sido tan pocas, tan insuficientemente coordinadas y, en suma, de resultados tan desastrosos? Por situarse por encima del lecho natural de un lago, esta zona es un recipiente natural de millones de metros cúbicos de agua: así es ahora y así lo ha sido durante siglos.
Lo anterior sugiere que, ante esa naturaleza, no puede hacerse uso de un diseño y dimensiones convencionales de infraestructura hidráulica. ¿Por qué entonces el Gobierno del Estado de México, el Gobierno de la Ciudad de México, la Comisión Nacional del Agua, la Secretaría de Gobernación a través de la Coordinación General de Protección Civil y el Centro Nacional de Prevención de Desastres (CENAPRED) no han logrado los resultados necesarios?
Curiosamente, los primeros dos titulares de las dependencias arriba citadas quieren ser presidentes de la república, el siguiente aspira a gobernador de la Ciudad de México y los últimos dos tienen cargos de altísima confianza. La seguridad nacional está cada día más vulnerada, no sólo por el crimen organizado, sino también por los desastres.
Quiero advertir a gobernadores, gobierno federal y gobiernos municipales del altísimo riesgo a la población y la economía nacional por la enorme cantidad de infraestructura hidráulica de calidad que está pendiente de iniciarse o concluirse en todo el país. La temporada de huracanes sigue arreciando y, dadas las carencias anteriores, con ello aumenta peligrosamente el riesgo de desastres múltiples.
22 de octubre de 2010
Ideas para mitigar el comercio ambulante
El problema del comercio ambulante en las grandes ciudades latinoamericanas podría resolverse si se le ordena y estructura en grandes centros comerciales de lujo en zonas de alta concurrencia. Hasta 1985, el comercio ambulante en Bangkok, Tailandia, era tanto o más conflictivo que el actual en la Ciudad de México; con problemas similares en materia de mafias organizadas, condiciones de insalubridad, fricción constante con autoridades y ciudadanía, entre otros.
La presencia creciente de mafias internacionales en Tailandia amenazaba entonces con filtrarse fácilmente en la gran red del comercio ambulante de Bangkok, lo cual habría hecho ingobernable la ciudad –más aún con el inminente advenimiento de una escalada de violencia provocada por una eventual guerra de mafias asiáticas por dominar el enorme mercado de estupefacientes en ese país.
Así, en 1985 el gobierno Tailandés construyó el centro comercial Mahboonkrong, más conocido por sus siglas MBK. A diferencia de las típicas reubicaciones del comercio ambulante en centros comerciales -que fracasan fácilmente debido a la poca afluencia de compradores-, el éxito de MBK radicó en que su construyó en el corazón del centro financiero de Bangkok y las cuotas cobradas a los locatarios por concepto de servicios (electricidad, seguridad, etc.) fueron competitivas con las pagadas en la vía pública. Sus instalaciones incluyen bancos, restaurantes, estacionamientos y lujosas facilidades. MBK ocupa toda una manzana con espacios óptimamente aprovechados en 10 pisos superiores y 2 subterráneos en la intersección de varias líneas del metro y del skytrain de Bangkok –una especie de tren ligero que se desplaza en una especie de segundo piso alrededor de esta ciudad.
La lección exitosa de esta reubicación consiste entonces en proporcionar al comercio ambulante un espacio alterno con expectativas de ingresos superiores a las actuales. En latinoamérica, muchos planeadores urbanos y autoridades locales han intentado fallidamente reubicar al comercio ambulante. Su error se ha debido a que suelen subestimar la racionalidad económica de estos comerciantes: si el espacio sustituto para establecerse no les garantiza un horizonte de ingresos superior al proporcionado por su espacio actual, no tendrán entonces incentivo para reubicarse.
Al respecto, el primer obstáculo a vencer en latinoamérica consiste en el origen lícito de las mercancías. Como solución –simultánea al combate a la corrupción aduanera-, podrían establecerse plazos de regularización, lo que les implicaría a los comerciantes cambiar progresivamente de proveedores de mercancías de contrabando a proveedores legales. Ello estimularía la comercialización de productos nacionales, reposicionando, por ejemplo, a la industria nacional textil y del juguete, además de abrir un nicho estable de mercado a los hasta ahora fabricantes de aparatos electrónicos “hechizos”, permitiéndoles establecer fábricas con controles de calidad (de lo cual Vietnam, Tailandia, China y la India proporcionan experiencias exitosas).
El segundo obstáculo es el financiamiento para la adquisición del predio y construcción de las instalaciones. El gobierno de la ciudad podría adquirir algún predio depreciado dentro de una zona altamente comercial (en la colonia Cuauhtemoc o Juárez en el caso de la Ciudad de México; Providencia o Las Condes en Santiago de Chile o Campoalegre en Caracas –todas ellas zonas análogas a la ubicación de MBK en Bangkok) y negociar el proyecto con los ambulantes fijando algún esquema de cuotas de compra/renta de los locales del centro comercial. Dichas cuotas deberán ser iguales o menores a las actualmente pagadas en la vía pública a los líderes de ambulantes. Para evitar la oposición de los actuales líderes ambulantes –que encontrarán la medida como una amenaza a sus ingresos y liderazgo-, se les podría otorgar las actividades gerenciales del nuevo centro comercial, cuyas ganancias, en ningún caso, serían despreciables.
6 de junio de 2010
El asesinato filosófico y la renuncia al mundo
En La esencia del cristianismo, Feuerbach señala: "La individualidad ha ocupado el lugar de la fe, la razón el de la Biblia, la política el de la religión y la Iglesia, la tierra el del cielo, el trabajo el de la oración, la miseria el del infierno, el hombre el de Cristo”. Ordenado así, el infierno es algo que se experimenta en este mundo; las substancias del bien y del mal se encarnan en actos humanos.
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Estos razonamientos suelen convertir en absurdo tanto al Acto de intentar cambiar al mundo así como al No-Acto por cambiarlo. Analicemos primero el posible sin sentido del Acto de querer cambiar al mundo: si al final todo recae en seres humanos, las guerras santas pierden sentido; si buenos y malos terminan por negociar, también pierde sentido el asesinato filosófico -ese ideal por el cual muchos están dispuestos a matar y morir, el acto extremo del cambio inmediato e intransable.
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Visto así, el asesinato filosófico pierde su sentido -pues en él prevalece la idea de que todo idealismo está vacío si no se paga con el riesgo de la vida; idealismo que sólo es llevado al extremo por jóvenes que no discutieron su contenido desde lo alto de una cátedra universitaria, sino lo ejecutaron a través del tumulto de las bombas y a veces hasta bajo las horcas, critica Camus.
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El sin sentido del No-Acto radica en la creciente probabilidad de ser auto-exterminado por negligencia propia. El No-Acto consiste en la renuncia a la lucha por considerar que no existe un fin trascendental detrás de ella. La manifestación popular de ello es la apatía cívica; desánimo por cambiar aquello que parece injusto o incorrecto del mundo.
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Quizás con la excepción de quienes carecen de conciencia, quienes optan por el No-Acto lo hacen por razones individualistas o nihilistas. Para los primeros, el interés del individuo es colocado por encima de cualquier ideal; Por su parte, los segundos niegan la validez de finalidades superiores de las cosas puesto que estas no tienen una explicación verificable.
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Lo que en lugar de los extremos arriba descritos debe empujar a una sociedad es la Reforma Social, acto conciente y estratégico que se mantiene alejado de los extremos del asesinato filosófico y de la renuncia al mundo.
3 de mayo de 2010
Elementos para un proyecto de nación en Haití (2a Parte): Prospectiva
Para esos tres plazos es condición el contar con un proyecto de nación que defina un nuevo orden, pues los actores nacionales difícilmente accederán a embarcarse en un proceso –en cualquiera de los plazos descritos- del cual desconocen su destino y pasos con precisión. Aún cuando la definición de dicho proyecto de nación obviamente es del interés de y corresponde a los propios haitianos, la comunidad internacional tiene un interés por garantizar una resolución de fondo y duradera de la conflictiva de este país más allá de la emergencia que el terremoto del 12 de enero de 2010 desató. Por ello es oportuno proveer una propuesta de proyecto de nación para eventualmente ser discutido al interior de la sociedad haitiana.
La primera cuestión a la que se enfrenta el diseño de un proyecto de nación consiste en cómo garantizar que los distintos actores de la vida nacional se comprometan a respetarlo y, más aún, a impulsarlo. Ello se garantiza por medio del consenso incluyente de los principales actores de la vida nacional una vez realizado el desarme del país y que el uso de la fuerza sea monopolizado por un Estado inicial. Con la deposición de las armas se posibilita que las demandas sociales y opiniones pacíficas tengan un peso que compita con el de los otrora grupos armados. Para iniciar el diálogo los participantes deben tener certidumbre acerca del cumplimiento de los acuerdos. Esto demanda la implementación de un sistema eficaz de impartición y procuración de justicia previamente al inicio del diálogo de diseño de proyecto de país.
Equidad en el diálogo
John Rawls (1999) propone la permanente reconstrucción de la justicia con base en un acuerdo de respeto sin excepciones a derechos individuales. Reconoce la validez del contrato social rousseauniano, pero sólo en tanto que este parta del “estado natural” de la sociedad. Dicho “estado natural” consiste en un conjunto de circunstancias bajo las cuales los integrantes de la sociedad hacen un acuerdo de igualdad sin saber su papel concreto a jugar dentro de esta. Se trata de una especie de acuerdo justo a ciegas, en el cual no saben qué posición ocuparán en el tablero una vez iniciado el juego. Esa condición de estado natural sirve para cerrar las puertas a la posibilidad de que una autoridad o un sector de la sociedad permitan a algún miembro de esta violar el acuerdo sólo por simpatizar ideológicamente con el infractor –o simplemente porque su moral individual no lo juzgue como malo.
30 de abril de 2010
Elementos para un proyecto de nación en Haití (1a. Parte): la rebelión inconclusa
La ausencia de instituciones eficaces para impedir el abuso de poder y limitar las prácticas de venganza de los grupos que lograron acceder al poder impiden hacer de la haitiana una sociedad más incluyente. La experiencia reciente sobre lo anterior puede ejemplificarse con la persecución de los Tontons Macouts, el grupo paramilitar señalado como responsable de un gran número de crímenes durante la dictadura de los Duvalier. A la caída de los Duvalier los Tontons Macouts fueron objeto de múltiples actos de venganza sin juicio (HRW 1996).
Otro factor que a la postre ha impedido romper con el círculo vicioso de ingobernabilidad en Haití ha sido la exclusión política. Ello se manifestó notablemente con el retorno de Aristide al poder en 1994 luego de haber sido depuesto por un golpe de Estado en 1991. Al retornar Aristide al poder, su equipo político fracasó en su intento de construir una coalición más amplia, en buena medida, debido a la tradición haitiana de siglos de “el ganador toma todo”, excluyendo de la toma de decisiones a importantes grupos del país, lo que, a la postre, le ocasionaría altos costos de gobernabilidad (véase ICG 2004: 4).
Aunque lo anterior no es exclusivo de Haití, pues es característica común de las excolonias, estos hechos devinieron en una problemática aún más compleja en este país debido a la condición de esclavitud bajo la cual se encontraba sometida la casi totalidad de su población durante la colonia francesa.
El trauma social derivado de haber sido una colonia de esclavos es lo que al parecer acuñó la aversión a las formas tradicionales de autoridad pública que caracteriza a buena parte de los habitantes y grupos de poder de este país.
Para Camus (1979), el resentimiento se deleita de antemano con un dolor que querría que sintiese el objeto de su rencor: la venganza como acto de satisfacción. Por el contrario, la rebelión se satisface con lograr igualdad con la posición del opresor, ya sea para desplazarlo y reproducir su conducta, o para construir un nuevo orden. Pocas veces las rebeliones han logrado lo segundo. La historia nos muestra repetidas escenas del simple reemplazo de élites nacidas de rebeliones. El esclavo comienza por reclamar justicia y termina deseando la realeza, señala Camus. Otras rebeliones, por su parte, se han truncado a un paso de consumar su victoria: Espartaco a las puertas de Roma; Miguel Hidalgo a las de la Ciudad de México. Talvez lo que en el fondo de ello yace sea el temor de tomar el poder y no saber qué hacer con él. Así, la libertad se frustra cuando, aún vencido y desterrado al esclavizador, no se sustituye el orden esclavista por uno libertario.
La falta de un proyecto claro y realizable es lo que en todo caso les ha hecho fracasar después del triunfo. Albert Camus señala que la rebelión más elemental expresa, paradójicamente, la aspiración a un orden.
No diseñar un nuevo orden equivale a necesariamente recursar el pasado. De ahí que la misión inicial para la reconstrucción de este país sea la reorientación desde el Resentimiento hacia la Consumación de la Rebelión independentista por medio del diseño de un orden incluyente, consensuado y respetado.
Bibliografía
Camus, Albert (1975). El hombre rebelde. 8ª. Edición. Ediciones Losada.
Collier, Paul (2009). Haiti: from natural catastrophe to economic security. A report for the Secretary-General of the United Nations. Oxford University.
ECLAC (2005). Short and long term development issues. United Nations Economic Commission for Latin-America and the Caribbean. LC/MEX/L.683. Mexico City.
18 October 2005
HRW (1996). “Thirst for Justice: a decade of impunity in Haiti”. Human Rights Watch, Vol. 8, No. 7, September 1996.
ICG (2004). A new chance for Haiti? International Crisis Group, Latin America/Caribbean Report No. 10, 18 November 2004.
Rawls, John (1999). A theory of justice. Belknap Press of Harvard University Press; Revised Edition edition (September 30, 1999). ISBN-10: 0674000781
6 de diciembre de 2009
La sociedad... que se organice
En una conversación el día de ayer con Roberto Juárez de la Rosa coincidíamos sobre el decaído ánimo de los mexicanos en este momento. Él es médico en una de las zonas más marginadas del país: La Presa, Municipio de Tlalnepantla, Estado de México. En su percepción, las mayorías con las que él tiene trato diario viven crecientemente bajo un clima de decepción.
Durante sus más de cuarenta años como médico de esta zona, él ha sido testigo del arribo de un sinnúmero de inmigrantes del campo que se asientan en la zona con miras a abrirse paso en la Ciudad de México; lo que más les ha caracterizado a lo largo de este tiempo es el entusiasmo que, a pesar de las dificultades, esta lucha de ascenso social le produce a estas personas.
Dentro de este período él también ha corroborado estas actitudes incluso aún en tiempos de crisis económicas: 1976, 1981, 1987, 1994. En este 2009, sin embargo, la sensación ha sido distinta. Hay un desánimo y una angustia porque el mal estado de la economía y de la sociedad mexicana no es percibido como algo transitorio. El actual desánimo de esta gente no se debe, entonces, simplemente a sus condiciones de marginación y a la crisis. Se trata en este caso de la falta de esperanza en la construcción de una vida mejor durante un largo tiempo en el futuro.
La sensación generalizada en estas personas de que no están en camino a una vida mejor genera la impresión de que el conjunto de acciones que ellos han realizado dentro del sistema de códigos jurídicos y morales vigentes no son suficientes. Es entonces que han entrado en un estado de desmoralización. La sensación de no estar construyendo una mejor comunidad se debe en realidad a la ausencia de un objetivo armonizado dentro de esta. Lo anterior, reproducido a escala nacional, es el equivalente a la ausencia de un proyecto nacional.
A grandes rasgos he propuesto en este blog un proyecto de nación. Producto de una frecuente crítica social, económica y política tan documentada como mi tiempo y acceso a información me lo han permitido, he publicado una cantidad de artículos periodísticos, científicos y reportes en los que he tratado de explicar la causa de los principales problemas del país, así como he propuesto algunos pasos para su solución. La implementación de esas propuestas depende ahora de la entereza de quienes las promovamos. Ellas, sin embargo, no se sostendrán si en el plano comunitario la gente no se organiza para resolver sus problemas cercanos.
Tenemos en México una clase política que, ahora más que nunca antes, parece vivir una realidad aparte de la nuestra. Tenemos que estar concientes que, debido a su autismo, indolencia e incapacidad, no podemos esperar demasiado de ellos. Lo anterior se debe en buena medida a los fallos representativos de nuestro sistema electoral. También debemos estar concientes de que en tanto nuestra sociedad continúe tan desarticulada como crecientemente lo está, seremos incapaces de corregir esos fallos de representatividad.
Hasta ahora, los cambios en México han venido generalmente desde arriba. Los pocos intentos organizados de los de abajo por mejorar sus condiciones se han dado en un estallido y aún así han fracasado. La historia reiteradamente nos lo demuestra. Los seguidores de Hidalgo y de Morelos se dispersaron después del respectivo fusilamiento de estos insurgentes. Las demandas de los zapatistas durante la revolución mexicana no fueron satisfechas por el triunfo de su movimiento; este fue derrotado, primero, por Pascual Orozco y Carranza al consumarse el asesinato a Emiliano Zapata y, posteriormente, fue relegado a segundo plano por el obregonismo que lo adoptó. Una vez derrotados y dispersos los zapatistas, una parte de la élite triunfadora impulsó, no obstante, la satisfacción de sus demandas más elementales. Ello, más que por fines de justicia social, respondió a necesidades de pacificación y gobernabilidad para que el grupo triunfador reorganizara la vida del país.
Relaciones similares han sucedido con otros movimientos populares: el movimiento ferrocarrilero, que deriva en algunas concesiones para la clase sindicalista; el movimiento estudiantil de 1968, que abre el camino al sistema de partidos, entre otros. Así pues, mientras negar los logros de esos movimientos sería ciego, reconocerles conquistas sociales sería exagerado; lo que en su lugar han logrado son concesiones sociales; por eso en nuestra historia no contamos con estadistas emanados de los movimientos sociales, sino con mártires míticos del pueblo.
Aún con eso, la vigencia de esos mártires es lo que ha elevado la moral a nuestras mayorías. Por eso la actual caducidad de nuestros mártires nos ayuda a comprender la actual desmoralización de nuestro pueblo. En estos momentos parece difícil el resurgimiento de ese tipo de mártires míticos. El actual disfuncionamiento representativo de la clase política mexicana, combinado con el enorme poder de las dos principales televisoras del país, impedirían la popularización de un líder con esas características.
Lo que, en su lugar, sí podría y debería surgir es un liderazgo emprendido desde el tejido social. Para ello es necesario que la sociedad civil se modernice para organizar sus demandas y exigirlas dentro del marco contractual. Ello imlica que dé el paso hacia la madurez; que no siga esperando a un Quetzalcóatl ni a un Prometeo ni a ningún otro Mesías que ofrende su vida por estos hombres, sino que estos hombres se conviertan en ciudadanos y actúen como sociedad adulta. Que no permitan que los problemas y la injusticia crezcan para actuar sólo cuando la situación ya es insoportable: que solucionen los problemas tan pronto como estos aparezcan.
La formación de ciudadanos, no obstante, requiere de un proceso educativo. La puerta a ello son la educación institucional de las mayorías y la organización social pacífica. La primera la ha mantenido obstaculizada el actual sistema de educación pública -al que hay que depurar sin consideraciones. La segunda (la organización social) es entonces la única opción inmediata disponible.
Para ello debemos comenzar por la organización de grupos de identificación de problemas de la comunidad [*] para que propongan soluciones concretas. Cualquiera de nosotros puede iniciar con ello. Los pasos a seguir son:
1. Organizar un grupo de personas con el mismo interés y compromiso que uno por mejorar su realidad local y la del país;
2. Identificar y jerarquizar los principales problemas;
3. Hacer una lluvia de ideas de solución;
4. Identificar a todos los involucrados y gente necesaria para solucionarlo (vecinos, colegas, expertos, autoridades, etc.), invitarlos a unirse y comprometerlos a lograr las soluciones;
5. Divídir las tareas.
Si la suma de las capacidades personales de quienes se organicen no alcanza para lograr los objetivos, debe pedirse ayuda a otras organizaciones de la sociedad civil: apelar a la solidaridad. En caso de necesitarlo, también pongo a la disposición nuestra Fundación así como nuestra orientación para llevar a cabo estas acciones y romper este círculo vicioso de problemas-pasividad-mayores problemas que mantiene atrapado a nuestro país.
[*] Consúltese por ejemplo la Metodología del Marco Lógico.
17 de agosto de 2009
El bien y el mal (3a parte): Latinoamérica, EUA y Oriente
Abordar la formación del bloque antes mencionado nos exige remontarnos a la prolongada lucha entre conservadores y liberales de la América Latina del S. XIX, misma que desintegró tanto a sus sociedades que abrió la puerta a intervencionismos extranjeros. Así, los Estados Unidos se hicieron de la mitad del territorio mexicano en 1848; Francia ocupa México entre 1864 y 1867; Estados Unidos gana la guerra hispano-americana en 1898, poniendo a Cuba, Puerto Rico y la República Dominicana bajo su dependencia; a lo largo del siglo XX los EUA además financian la contra-guerrilla en Centroamérica, apoya dictaduras militares en el resto de Latinoamérica y promueve el bloqueo a Cuba. Ese marcado intervencionismo de los EUA en Latinoamérica ha contribuido a incrementar la polarización interna en estos países. A pesar de todo esto, la oposición a Estados Unidos en la región, con la excepción de Cuba y Venezuela, se había reducido a más bien un llamado al fortalecimiento del multilateralismo, muy distante de la confrontación.
La oposición y crítica de Cuba a Estados Unidos son más bien simbólicas por la poca amenaza militar que representa la isla. La adhesión del gobierno de Venezuela a esa postura le ha resultado benéfica tanto para sostener su popularidad interior, como para ganar un asiento más cercano al escenario geopolítico. Sin embargo, lo comprometido del capital venezolano con el estadounidense parece ser un impedimento para que las protestas de Caracas contra el gobierno de los EUA vayan más allá. Conforme Hugo Chávez va ganando más gobiernos aliados en la región, su tono se ha endurecido no contra los EUA, sino contra los gobiernos aliados de este último.
La interrogante de largo plazo en los países latinoamericanos consiste entonces en evaluar la conveniencia de adherirse i) a uno (EUA y occidente), o; ii) al otro bloque (China), o; iii) divididos -como hasta ahora- entre ambos bloques, o; iv) formar un bloque autónomo.
10 de agosto de 2009
El bien y el mal (2a. parte): Intención vs. Resultados
En Argentina ha continuado una izquierda, que aunque con un discurso muy interesante, ha demostrado lograr poca efectividad en materia de política económica. La poca profesionalización de su aparato público podría ser un buen factor explicativo.
En Brasil, la izquierda de Lula, que aunque prometía cambios más profundos y resultados más sólidos que los gobiernos precedentes en materia económica y social dado su corte laborista, no ha sido capaz incluso de modificar la esencia liberalizadora de la política económica dejada por Fernando Henrique Cardoso.
En Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez tampoco ha logrado reestructurar la economía nacional hacia la mayor solidez y diversificación industrial prometidas; por el contrario, ha aumentado la dependencia económica del petróleo y se ha desbordado el gasto público corriente. De esa forma, la actual tendencia a la baja de los precios internacionales del petróleo combinado con la debilidad de los sectores económicos no-petroleros está presionando crecientemente su déficit público.
En Bolivia, la lucha del movimiento indigenista de Evo Morales, que debiera ser ante todo una lucha por la eficiencia económica, tampoco ha logrado grandes avances estructurales; más allá de bonos a los pobres y de la intención de revalorización de lo autóctono, parece ser que no logran aún implementar medidas más pragmáticas de política económica. Empantanados en un discurso contra el capital transnacional –pero contradictoriamente financiado por fondos externos-, han cerrado la puerta incluso a acuerdos comerciales preferenciales. Tal es el caso del sistema preferencial ATPDEA entre los EUA y los países andinos, por medio del cual los EUA permite la importación de manufacturas de estos países a cambio de que reduzcan la producción de cocaína. Este sistema preferencial había ayudado a generar miles de empleos en, sobre todo, las regiones productoras de textiles de alpaca y lana, predominantemente indígenas.
3 de agosto de 2009
El bien y el mal (1a. parte): El diablo y Dios

Desde el S. XIX, los países latinoamericanos han servido de escenario natural para un gran número de tragedias de los buenos...
27 de julio de 2009
Procampo: medios, sociedad y cambio
- Ya no se trata sólo de acusaciones del mismo grupo de "revoltosos" de siempre -a quienes ya se les ve como a Pedro y el lobo. Esta vez las acusaciones también vienen documentadas académicamente y difundidas por un medio de comunicación serio. Investigaciones académicas serias y políticamente reveladoras han existido desde hace mucho en este país; sin embargo, en su casi totalidad han carecido de difusión por parte de un medio creíble y con alcance para lograr un impacto público como en esta ocasión.
- La nota desplazó en el encabezado a ocho columnas de este medio al triunfo de la selección mexicana de futbol ante la selección de los EUA del día previo. Esto habla de un voto de confianza de este medio respecto de la madurez del ciudadano.
- Si la condena al mal uso de recursos públicos se está diversificando en cuanto al perfil ideológico de los individuos, estamos ante la oportunidad de que la sociedad civil impulse la depuración de al menos este instrumento (Procampo).
Los principales interesados debieran ser los campesinos mismos. Sin embargo, mientras el sistema clientelar los tiene demasiado cooptados a unos, la actitud fatalista de los otros juega en contra de una reestructuración real del sistema de apoyos. La mayoría de los campesinos ya renunció a aumentar su productividad y competitividad, hoy se conforman con los apoyos de supervivencia y se contentarían con tan sólo aumentos en esas transferencias del sector público. La mayoría de los más emprendedores y ambiciosos campesinos ya cruzaron la frontera o se están enrolando en alguna de las partes de la cadena "productiva" del narco.
El campesino mexicano, que otrora fuera el valuarte del arrojo mexicano, ha sido degradado a superviviente dependiente. Cuando en el pasado se le explotaba -puesto que la base del enriquecimiento era el sector primario-, éste estallaba en rebelión épica cuando se agotaba el límite de su paciencia. El sistema de apoyos, en cambio, le ha convertido en cómplice de su propia pauperización.
Lejos de interpretar esto como una relación maniquea, debemos entenderlo dentro del proceso histórico del país y del mundo. En ese proceso histórico, la industrialización ha sido un objetivo de la mayor parte de las naciones en vías de desarrollo. Sin embargo, muchas de estas, inocentemente o con toda la intención de sus clases dirigentes, han dado prioridad a la industrialización a costa del sector rural. Salvo China y la India, quienes han apostado por esa estrategia han fracasado en ambos lados. El caso de Chile y Brasil es diferente, puesto que no concibieron la industrialización como un proceso que desplaza al campo, sino como uno que le complementa; si bien estos últimos están industrializándose a un ritmo menor que el de México durante la década pasada, han logrado proteger ejemplarmente a su campo.
Así, es momento de que la sociedad conjunte esfuerzos para fortalecer al campo. Los campesinos están demasiado acostumbrados al círculo vicioso de baja productividad, apoyo fácil y menor reinversión e infraestructura rural. Por eso, en esta ocasión creo que es de la sociedad no-rural de donde vendrá el cambio. Sólo se necesita una chispa verdadera que prenda la conciencia de los campesinos para que ellos secunden el cambio. En dicho caso, ese cambio no requerirá ni del uso de la fuerza, pues ya están respaldados por prácticamente toda la nación.
6 de julio de 2009
Elecciones intermedias del 5 de julio de 2009 en México: continuidad y cambio
La repetición de la historia parece ser algo relativo. Hasta donde llega nuestro conocimiento de la historia de la humanidad –y del universo-, ninguna vuelta a un orden es total, sino lleva implícita una ligera carga de cambio, en sentido similar a la revuelta planteada por Octavio Paz o la espiral de Herman Hesse. Kepler en su Astronomia Nova, descubre que las órbitas de los planetas no se acogían a la perfección del círculo, sino a la elipse, que ya Apolonio de Pérgamo había descrito en sus textos sobrevivientes a la destrucción de la biblioteca de Alejandría. Kepler descubre que los planetas se mueven en órbitas elípticas si se les observa en un plano tridimensional. Siglos después, sin embargo, la teoría de la relatividad general de Einstein descubriría que ese movimiento elíptico planetario se convierte en línea recta si se le observa en el plano cuatridimensional de espacio-tiempo.
El triunfo electoral del PRI el día de ayer parece un claro anuncio de su retorno al poder en México. El abstencionismo, principal aliado del partido con la mejor estructura territorial, contribuyó en gran medida. Mientras que en un período de bonanza económica el abstencionismo es señal de aprobación apática a la gestión de los partidos, en el actual entorno de crisis ello significa otras cosas:

i) ante los decepcionantes resultados del PAN durante los últimos 9 años, los sectores más conservadores de la sociedad mexicana han preferido la seguridad del PRI;
ii) otros sectores han retrocedido en su participación electoral por una apatía creada por la falta de contundencia que perciben de esta vía;
iii) en otros sectores la inconformidad ciudadana contra todo el sistema de partidos no era tan grande como creíamos;
iv) en otros la moral está tan relajada que no ven nada malo en las prácticas de los gobiernos recientes;
v) otros sectores se contentan con darle un voto de castigo al PAN ayudando al PRI;
vi) sólo el –minoritario- resto diseñará e impulsará los cambios de fondo necesarios para el país.
Sí, claro que existe la continuidad, pero esta también viene impregnada del cambio que aportan estos últimos. El reto consiste ahora en encausarlo.
29 de junio de 2009
Golpe de Estado en Honduras y la posición mexicana
En su primera etapa, las transiciones pacíficas a la democracia tienden a transferir el poder a un partido afín con la dictadura, como ha sido el caso de la Unión de Centro-Democrático (UCD) de Adolfo Suárez en la España post-franquista, la derecha democristiana de Patricio Aylwin luego de Pinochet en Chile, y más recientemente, el Partido Acción Nacional (PAN) de Vicente Fox después del PRI en México, entre otros. Esto es entendible si se considera que los regímenes dictatoriales generalmente dejan tras de sí tantos crímenes que, cuando se pacta la transición, también se pactan las garantías de la retirada para minimizar las posibilidades del juicio de Estado. Pactar la transición es, contrario a la creencia común, algo aún más importante para el régimen entrante que para el saliente. Aunque desplace políticamente a la dictadura, el ajuste de cuentas por parte del nuevo régimen no puede rebasar ciertos límites: los de provocar la reacción.
En una siguiente etapa, la democracia pone a prueba su consolidación si, entre otras cosas, posibilita la alternancia con un partido no afín con el de la dictadura. Esto ha tenido lugar en la mayoría de los países de Iberoamérica, en especial luego del fracaso de las medidas económicas de la generación de gobiernos liberalizadores de los noventas en América Latina y de la rápida maduración de la izquierda institucional. La generación de los librecambistas de los 1990s en Latinoamérica estuvo liderada por Carlos Salinas de Gortari, Carlos Saúl Menem y Alberto Fujimori. Sin embargo, hasta ahora sólo en México no ha triunfado la izquierda a pesar de su fortalecimiento y del, aunque estable, modesto desempeño del modelo económico en vigor. Por su parte, la transición democrática en España se adelanta al menos una década a la de la mayor parte de Latinoamérica. Las dos posturas políticas opuestas de las dos Españas van volviéndose cada vez menos radicales luego de la transición, lo que les permite cerrar más rápidamente la brecha de la polarización. A ello contribuyó, en buena medida, el creciente progreso económico que le acompañó, así como el papel de la Comunidad y la Unión Europea. Ello permitió des-radicalizar posturas, haciéndolas converger más hacia aquellas de los partidos socialdemócratas y conservadores moderados del resto de Europa.
Lo que hemos observado el día de ayer con la destitución del presidente Manuel Zelaya de Honduras es un ejemplo de transición interrumpida. Probablemente por el respaldo de los gobiernos de Caracas, Managua y La Habana, Manuel Zelaya confió en implementar las reformas constitucionales que tenía previstas someter antes a referéndum. La velocidad de estos cambios, no obstante, provocó el levantamiento de la reacción. La lectura de la realidad política hondureña por parte de Zelaya fue talvez imprecisa (¿o talvez eso es parte de un plan mayor de retorno con más autoridad? Para saberlo tendríamos que saber cuántos generales del ejército hondureño le son leales y estarían dispuestos a recuperar el poder con él). Dado el reciente antecedente venezolano, los cambios eran sumamente previsibles para las élites más conservadoras de esta nación y decidieron entonces anticiparse. De todo esto, son de desatacarse los siguientes hechos:
1. El abierto rechazo al golpe de Estado por parte de la ONU, la Unión Europea, la OEA, y, en América Latina, de los gobiernos de Brasil y Chile, entre otros;
2. La condena de la secretaria de Estado estadounidense, Hillary Clinton, al arresto, destitución y exilio forzado de Zelaya. 
3. El recibimiento de México a la canciller Patricia Isabel Rodas del depuesto gobierno de Zelaya.
El gobierno mexicano debe proponerse inmediatamente como mediador central en este conflicto. Ello implica reasumir el liderazgo en la región, mismo que no ha vuelto a asomarse desde la creación del Grupo Contadora a inicios de los 1980s. El siguiente paso consiste en integrar las posiciones de condena prácticamente unánimes en América Latina de forma tal que se siente el precedente de que sí existe una reacción conjunta ante atentados a la democracia. Los gobiernos latinoamericanos coinciden en que, si bien las intenciones reeleccionistas de Zelaya pueden ser cuestionables, la respuesta dada por la oposición fue una sobrerreacción. El mensaje que con esto la oposición manda al mundo es que sólo estaban esperando el pretexto para ejecutar el golpe de Estado.
22 de junio de 2009
Propuestas concretas del Proyecto de Nación México
A continuación listo las 20 principales propuestas del proyecto de nación México. En su mayoría, estas implican la implementación de la Reforma del Estado planteada desde los 1970s, pero van más allá porque definen una dirección concreta para el país para el 2020, 2050 y el 2100. Agradeceré los opiniones constructivas que Ustedes puedan aportar al Proyecto, así como la profundización en el diseño de cualquiera de sus puntos.
SEGURIDAD NACIONAL
1. Unificar a todas las corporaciones policíacas. Esto implica el fortalecimiento de las labores de inteligencia y permitirá una mejor identificación de corrupción interna.
2. Implementación del Sistema de Identificación Personal Única Nacional para disponer de una base de datos que cruce información con el IFE, pasaporte, servicios bancarios, RFC, seguro médico, propiedad vehicular, catastro y servicios telefónicos. Ello contribuirá a reducir notablemente la comisión de delitos y la evasión fiscal.
POLÍTICA
3. Descentralizar los poderes del país. La mayor parte de secretarías del poder ejecutivo y la Presidencia de la República continuarían en la Ciudad de México; el poder legislativo federal se trasladaría a Aguascalientes, Ags., y; el poder judicial así como al menos la mitad de las empresas paraestatales a Xalapa, Veracruz. Por su parte, la Comisión Federal de Electricidad se trasladará a Tuxtla Gutiérrez, mientras que la Secretaría de Marina se trasladará al Puerto de Veracruz.
4. Re-ciudadanización del IFE. Luego de 2003 los partidos han prácticamente elegido a los consejeros de este instituto. Ello ha llevado a que el IFE no siempre sea imparcial en las elecciones (Ver entrada). El IFE impondrá sanciones penales (prisión mínima de 5 años) a cualquier ciudadano, más severamnete aún a funcionarios electorales y autoridades, que participen o permitan la alteración de actas electorales, robo de urnas, violación de paquetes electorales así como por la comisión de actos encaminados al fraude electoral. También serán sujetos a procesos penales los Secretarios de Finanzas de los partidos políticos que acepten financiamiento por encima de los topes establecidos de campaña. Los topes de campaña, a su vez, se reducirán al 20% de sus niveles actuales.
5. Desarticulación de las mafias sindicales, con énfasis en el SNTE y el STPRM, y permisividad para la reconstrucción de sindicatos desde la base obrera y no desde la cúpula del sistema de partidos (Ver artículo).
6. Auditoría financiera de oficio y juicio político a presidentes de la república, gobernadores de entidades federativas y presidentes municipales, tanto actuales como anteriores. Ello implica la creación de una Corte Penal Política. Esta estará integrada por ministros designados por un consejo académico-jurídico sin intervención alguna de los partidos políticos y con autonomía plena de gestión y deliberación (Ver entrada).
TRANSPORTES
7. Operación de un sistema de canales navegables en el sureste del país. Esto incluye un canal transoceánico entre Chiapas y Tabasco usando las corrientes del Río Mezcalapa-Grijalva y del río Pijijiapan. Con esto se regularán los flujos de estos ríos para evitar inundaciones, aumentar la disponibilidad de riego agrícola, abatir costos de transporte y generar divisas para el país por el tránsito comercial transoceánico.
8. Creación de una gran flota mercante nacional. Para ello, se creará una empresa paraestatal encargada de la fabricación y/o adquisición de buques así como de la operación de la flota. Esto permitirá al país diversificar los países destino de sus exportaciones (Ver artículo).
9. Reconstruir la red ferroviaria. Esto implica la reformulación de CONCARRIL para la fabricación de trenes de última generación. Con esto se lograría descargar las carreteras de camiones, autobuses y trailers, reducir los costos de mantenimiento de carreteras y una reducción en las emisiones de dióxido de carbono (ver Artículo).
10. Centralizar todo el sistema de transporte colectivo en empresas públicas de los ayuntamientos. Esto implica reemplazar microbuses y combis por autobuses eléctricos así como triplicar la actual red del metro de las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey (Ver artículo).
ENERGÍA
11. Procesar el petróleo crudo para la producción y exportación de derivados de petróleo (gasolinas, nafta, aceites, plásticos, etc.) por encima de la exportación de crudo a solas. Esto implica la reformulación del Instituto Mexicano del Petróleo y la construcción de al menos 6 refinerías y 4 complejos petroquímicos adicionales (Ver artículo).
12. Rehabilitar el sistema de presas hidroeléctricas del país con el propósito de eliminar la generación de energía altamente contaminante -por su intensiva quema de carbón- de las termoeléctricas. Actualmente, debido a la celebración de contratos de cuotas mínimas de suministro de energía entre la compañía española Repsol y la Comisión Federal de Electricidad (CFE), esta última debe comprar a Repsol toda la energía producida por sus termoeléctricas. La energía producida por las hidroeléctricas -con bajas emisiones de dióxido de carbono- es sólo complementariamente usada, por lo que la capacidad instalada de estas está siendo altamente subutilizada. Por ello, mientras en los años 1980s la energía hidroeléctrica suplía a más del 70% del consumo nacional, actualmente no rebasa el 6%.
13. Construcción y operación de plantas de generación de energía por parte de la CFE: de energía solar en Sonora y Baja California; geotérmica en Guerrero, Michoacán y el Estado de México, y; eólica en Oaxaca y Chiapas.
CIENCIA y TECNOLOGÍA
14. Diseño, construcción y lanzamiento de naves espaciales y satélites. Ello implica la reformulación de la recién creada Agencia Espacial Mexicana en estrecha colaboración con el CINVESTAP y la Facultad de Ciencias de la UNAM (Ver artículo).
SECTOR AGROPECUARIO
15. Implementar una Red Permanente de Análisis y Soluciones para el campo mexicano, tal que lo tecnifique, le de un enfoque de mercado y lo adapte óptimamente al cambio climático para anticiparse a desastres hidrometeorológicos. Esta red estará integrada por equipos multidisciplinarios de practicantes principalmente de ingeniería agrónoma, industrial y administración. Para ello se requiere de la colaboración de la Universidad de Chapingo y de universidades y centros tecnológicos estatales, para lo cual habrá un sistema de becas para los practicantes de dichas instituciones. Los equipos regionales estarán coordinados por un panel que incluirá al menos un climatólogo, un geógrafo, un sociólogo y un economista agrícola. (Ver artículo).
FINANZAS
16. Regular el sistema bancario y crediticio estrictamente para: i) evitar el aumento del riesgo de cartera vencida, en especial por consumo suntuoso; ii) fijar tope máximo a cobro de comisiones; iii) nombrar un titular de la CONDUSEF sin conflicto de intereses para el ejercicio de su cargo; iv) reactivar la banca de desarrollo por medio de la intervención directa del Estado, y; v) Crear y operar bancos de fomento agrícola y de microfinanciamiento.
COMERCIO EXTERIOR
17. Renegociación del capítulo agrícola del TLCAN para poner barreras arancelarias a la importación de granos básicos. En contraparte, ceder en el capítulo de las telecomunicaciones. Ello permitirá transferir riqueza desde un sector superavitario y oligopólico a uno deficitario y del que depende cerca de la quinta parte de la población nacional. Ello también contribuirá a reducir la alta tasa de migración al sector urbano, en el cual no hay -por ahora- suficiente oferta laboral para trabajadores adicionales (Ver artículo).
18. Renegociar la adhesión de México a la OMC para hacer frente a las crecientes importaciones chinas. Esto implica un liderazgo por parte de México para formar un grupo de países con la misma postura.
POLÍTICA EXTERIOR
19. Implementación de un fondo de cohesión social con los EUA y Canadá para financiar la reducción de la pobreza en México.
20. Definir a México como el centro económico y cultural del continente americano. Esto demanda asumir el liderazgo en América Latina de forma compartida con Brasil para lograr una integración económica justa con América Latina. Simultáneamente, aumentar las ventajas de la integración económica con América del Norte. Posteriormente, crear la Unión de Estados Americanos entre Norte-, Centro-, Sudamérica y el Caribe, con una moneda común y con libre movilidad de mercancías, personas, trabajadores y capitales (Ver artículo).
15 de junio de 2009
Democracia mexicana: tradición y modernidad
El proceso histórico de conformación democrática en México, como el de la mayoría de ex-colonias aún entrampadas en el subdesarrollo, es un continuo debate entre la búsqueda de un modelo democrático basado en su propia tradición y la adopción de modelos vigentes en las democracias liberales de occidente. Desde mediados de los noventas, la transición política en México orienta nuestra democracia convergentemente hacia las democracias liberales de occidente y, con ello, la aleja del modelo vertical derivado la revolución mexicana de 1910. No obstante, la democracia en México, como en la mayoría de países latinoamericanos, se encuentra actualmente en una etapa de cuestionamiento sobre su eficacia, especialmente debido al pobre desempeño económico que le ha acompañado. En este planteamiento la vulnerabilidad, entendida como la susceptibilidad de un sistema a absorber negativamente choques externos, pone inequívocamente a la democracia en entredicho. Como veremos, esta vulnerabilidad proviene en buena medida de inconsistencias del método usado en el diseño e implementación de la democracia como forma de gobierno en México a lo largo de su existencia como nación independiente. Así pues:
¿Ha sido nuestra democracia diseñada bajo los planteamientos más apropiados? ¿Deben ser éstos racionalistas o empiristas? ¿Poseen consistencia interna en su diseño y coherencia con la realidad en su implementación? ¡¿O es que diseñamos un sistema tan mimético que ni nosotros mismos somos ahora capaces de implementarlo coherentemente?! ¿Qué es más fácil, construir un nuevo sistema o transformar a la sociedad mexicana para que se adapte al actual?
8 de junio de 2009
La Rebelión: de Prometeo y Camus a los movimientos indigenistas
La rebelión no es, pues, un acto individual, sino uno solidario. No implica la lucha por la igualdad de un solo individuo, sino por la propia y la de los semejantes en condición. Lo primero equivale al ascenso de un fugitivo, lo segundo a la solidaridad.
La rebelión, no obstante, suele desviarse hacia la venganza por medio del resentimiento, definido este último por Scheler como una auto-intoxicación provocada por una impotencia prolongada.
La rebelión, en cambio, fractura al ser y le ayuda a realizarse. Para Camus, el resentimiento se deleita de antemano con un dolor que querría que sintiese el objeto de su rencor: la venganza como acto de satisfacción. Por el contrario, la rebelión se satisface con lograr igualdad con la posición del opresor, ya sea para desplazarlo y reproducir su conducta, o para construir un nuevo orden. Pocas veces las rebeliones han logrado lo segundo. La historia nos muestra repetidas escenas del simple reemplazo de élites nacidas de rebeliones. El esclavo comienza por reclamar justicia y termina deseando la realeza. Otras rebeliones, por su parte, se han truncado a un paso de consumar su victoria: Espartaco a las puertas de Roma; Hidalgo a las de la Ciudad de México. Talvez lo que en el fondo de ello yace sea el miedo a la vergüenza pública por tomar el poder y no saber qué hacer con él.
La falta de un proyecto claro y realizable es lo que en todo caso les ha impedido el triunfo. Albert Camus señala que la rebelión más elemental expresa, paradójicamente, la aspiración a un orden. Para él, lo anterior se ajusta al rebelde metafísico, el cual se alza sobre un mundo destrozado para reclamar la unidad. Opone el principio de justicia que hay en él al principio de injusticia que ve practicado en el mundo.
En una reciente visita a Bolivia observé algunas confrontaciones provocadas por el ascenso de un movimiento predominantemente indigenista, el encabezado por el presidente Evo Morales. Aún cuando este movimiento ascendió por la vía del sufragio, en su esencia conserva visos de rebelión. Este intenta reivindicar las –por siglos postergadas- demandas de los indígenas de esa nación. Sin embargo, el enfático respeto a las autonomías locales
implementado recientemente contradice varios principios del sistema político y legal hasta hace poco practicados en ese país. Esas autonomías locales se han orientado hacia el autogobierno de comunidades diversas. Este incluye un sistema penal basado en los, aún más diversos, usos y costumbres. Ello ha dado paso a una creciente confusión acerca del sistema jurídico que rige las distintas partes del territorio boliviano. Algo similar ha ocurrido en otras partes del planeta, como en Chiapas y Oaxaca, México; en Zimbawe; en Kenya, etc. De estos casos me han surgido algunas interrogantes en común: ¿Deben respetarse los usos y costumbres comunitarios aunque estos impliquen en ciertos casos el linchamiento y demás prácticas que el derecho internacional considera como violaciones a los derechos humanos? En contraparte, ¿puede exigírseles a los indígenas el respeto irrestricto a un sistema legal emanado de una constitución que a ellos jamás se les consulto y menos aún signaron (y generalmente también desconocen)? ¿Cuál sería una solución pacífica benéfica para ambas partes?30 de mayo de 2009
¿Cuál es el objetivo de la sociedad mexicana?
John Rawls, teórico del derecho judicial, propone la permanente reconstrucción de la justicia con base en un acuerdo de respeto sin excepciones a derechos individuales. Reconoce la validez del contrato social rousseauniano, pero sólo en tanto que este parta del “estado natural” de la sociedad.
Dicho estado consiste en un conjunto de circunstancias bajo las cuales los integrantes de la sociedad hacen un acuerdo de igualdad sin saber su papel concreto a jugar dentro de esta. Se trata de una especie de acuerdo justo a ciegas, en el cual no saben qué posición ocuparán en el tablero una vez iniciado el juego.
Esa condición de estado natural sirve para cerrar las puertas a la posibilidad de que una autoridad o un sector de la sociedad permitan a algún miembro de esta violar el acuerdo sólo por simpatizar ideológicamente con el infractor –o simplemente porque su moral individual no lo juzgue como malo.
El siguiente paso consiste en fijar el objetivo prioritario que la sociedad persigue: ¿consiste este en la maximización de los ingresos? En cuyo caso estaríamos ante una justicia utilitarista; ¿o más bien consiste en mejorar la distribución de los ingresos? ello nos colocaría dentro de una justicia igualitaria; ¿o lograr la estabilidad en los ingresos? eso sería una justicia conservadora; ¿el perfeccionamiento cultural y humanístico? eso sería justicia perfeccionista; ¿alcanzar la felicidad? ello nos situaría dentro de una justicia hedonista; ¿gozar del máximo posible de placeres? orientando a la sociedad hacia el eudemonismo.
Muchos países lo han definido, por lo que sus sistemas judiciales y éticos han ido alineándose de una manera coherente. Explicado por los excesos del absolutismo de los siglos previos, Francia, desde el siglo XIX, decidió basarse en la igualdad; Inglaterra se basa en la libertad individualista; los EUA en la libertad igualitarista; Alemania en el perfeccionismo progresista. Para definir consistentemente nuestro proyecto de país ¿qué objetivo debería perseguir prioritariamente la sociedad mexicana?
25 de mayo de 2009
Refundación Económica
Los planeadores de políticas públicas mexicanos de los 80’s y 90’s no lo creyeron así y apostaron por reforzar esa asimetría. Aún cuando lo anterior tiene la lógica económica de aprovechar las ventajas comparativas y competitivas que el comerciar con un mercado vecino tan complementario y vasto como el de los EUA implica, ello también implica, como actualmente sucede, el riesgo de absorber negativamente los choques externos provenientes de los vaivenes del vecino.
Recientemente la Secretaría de Hacienda y Crédito Público anunció su pronóstico de crecimiento económico para México: -4.8%. Dada la tasa media de crecimiento demográfico en México del 1.1% anual, el crecimiento del PIB per cápita se aproximaría entonces al -6%. Ahora, para mitigar los efectos negativos de ese decrecimiento económico, el gobierno se ha concentrado más en el discurso que en medidas tangibles. No obstante, no son los discursos sino los actos materializados de la autoridad los que influyen las expectativas y decisiones de los actores económicos. Así, el Plan Nacional de Infraestructura anunciado en 2008 en poco alteró las decisiones privadas debido a que las inversiones programadas para el actual sexenio son casi las mismas que las propuestas antes del advenimiento de la crisis.
Algo similar pasa con el Acuerdo Nacional a favor de la Economía Familiar y el Empleo, presentado el 7 de enero, en el que se presentan soluciones que no servirán de mucho ante la magnitud del decrecimiento económico. Dicho acuerdo presume un congelamiento de los precios de las gasolinas, cuando en realidad estos ya se encontraban en niveles superiores a los precios internacionales de referencia –por lo que su congelamiento ya era algo exógeno. También presume la reducción de tarifas eléctricas y de gas para empresas. Aun cuando lo anterior es entendible como mecanismo de contención de la inflación por el abaratamiento de insumos, esto no desacelerará el desempleo, pues la contracción del consumo mantiene deprimida la producción. El factor crítico de la economía no está ya en los insumos, sino en la baja demanda. Además, ese tipo de subsidios contribuye a aumentar el riesgo moral de las empresas al desincentivarlas para que hagan un uso energético más eficiente y, más aún, para que transiten hacia la adopción de energías renovables.
El gasto en esos subsidios a las empresas estaría mejor asignado si se destinara a un seguro de desempleo, a expandir la cobertura del IMSS y a una inversión integral en infraestructura. Tal como está en el acuerdo, el subsidio a tarifas eléctricas empresariales se traducirá en ahorro para la clase empresarial y no en reinversión y empleo; ello sólo generaría mayores inventarios. Aunque un mayor ahorro de la clase empresarial tal vez genere una mayor disponibilidad de liquidez, ésta no se traducirá en mayor inversión en tanto el consumo continúe deprimido, aumentando así la actual brecha de demanda.
Si, en cambio, el dinero se empleara en apoyar a los mexicanos en situaciones difíciles, se fortalecería el consumo privado y la demanda podrá reactivarse, reactivando la producción y el empleo. También debe redefinirse el Plan Nacional de Infraestructura, que hasta ahora consta de proyectos desarticulados de inversión de relativamente corta duración. Si sólo se ejecutan esos proyectos de corta duración, no se estarán generando empleos de forma sostenida, impidiendo la formación de una nueva generación de profesionales de la infraestructura productiva. Además, las inversiones corren el riesgo de perder empuje productivo en las regiones donde tienen lugar, impidiendo la formación de corredores productivos y ‘clusters’ tecnológicos.
¿Queremos desarrollar nuestra infraestructura portuaria para comerciar competitivamente con todo el globo o seguir dependiendo de la exportación de carga por tierra a prácticamente sólo los EUA? ¿Queremos crear nuestra propia industria aeronáutica o seguir esperanzados a las innovaciones de Airbus y Boeing? ¿Queremos desarrollar energías alternativas o sólo esperar a importar la solución?
La primera opción de cada una de esas interrogantes parece ser la obvia a elegir; pero su realización requiere enfrentar las actuales inercias, una renegociación del contrato vigente entre élites y entre éstas y las demás clases. En las conclusiones de los Foros Temáticos Nacionales y Regionales para enfrentar la crisis, a los que en enero convocó el CCE, pude presenciar el predominio de la acostumbrada petición de una mayor flexibilidad del mercado laboral y de mayores beneficios fiscales para evitar más despidos. Esto, sumado a lo hasta ahora poco audible de la voz de las demás organizaciones de la sociedad, sugiere que nuevamente las clases bajas serán las que pagarán innecesariamente los costos de esta crisis. Necesitamos entonces que la decisión gubernamental se esfuerce por escuchar y obedecer a los demás sectores de la sociedad, así como que se cuestione si sus soluciones económicas son realmente eficientes o si tan sólo son mecanismos para contener conflictos inmediatos.
[Esta entrada es una versión actualizada de mi artículo original publicado en El Universal el 5 de marzo de 2009]
18 de mayo de 2009
Fundación Pro-Acción para la Renovación, la Integración y el Progreso
Quienes estamos concientes de la necesidad de la refundación a la que hago mención en las anteriores entradas somos quienes primero debemos organizarnos para llevarla a cabo.
Al respecto, no basta con refunfuñar. Eso es precisamente lo que refuerza la no-acción; de lo que el país está inundado. Los reclamos aislados se pierden en un enojo pasajero en alguna reunión con los amigos. Con simples rabietas, nuestras mayorías creen superar lo que está mal en el país; creen ser mejores por mentarle la madre al gobierno o a cualquier ente con un mínimo de autoridad. Esas actitudes refunfuñonas y pasivas, sin embargo, son lo que los mantienen en calidad de ciudadanos de tercera, estériles y pueriles. Peor aún quienes ni una opinión tienen al respecto. Propongo ponernos de acuerdo en el diseño del tipo de país que queremos.

Al respecto, varias personas me han propuesto que elaboremos una propuesta integral seria. Por eso he creado con ellos una Fundación. La hemos llamado Fundación Pro-Acción para la Renovación, la Integración y el Progreso, A.C., constituída ante Notario Público el 12 de mayo de 2009. Uno de sus principales objetivos es el de proponer antes de fin de este año nuestro propio proyecto de país. La puerta está abierta para quienes quieran sumarse al esfuerzo. Pueden hacerlo por medio del envío de propuestas concretas en el área en que crean que más puedan contribuir. Permanentemente estaremos revisando y discutiendo nuestras propuestas de forma tal que nos aseguremos de tomar las mejores acciones y con los métodos más oportunos. Con ello pasaremos a los actos lo antes posible, creando un fuerte movimiento que transformará al país.
30 de abril de 2009
La impostergable refundación moral y política de México
Como en la casi totalidad de países del globo, la moral familiar en México se encuentra en un estado indefinido. Los juicios de valor sobre los límites entre lo correcto y lo indebido, las aspiraciones justas y los abusos, el respeto, etc., se encuentran sumamente difusos. Desde mediados del siglo pasado, la crisis mundial de valores entró de súbito y ha habido poco tiempo para el ajuste.
A contracorriente de oriente, en la mayoría de las religiones de occidente se ha reducido notablemente el número de sus practicantes. Ello les ha prácticamente reducido autoridad para, entre otras cosas, dictar directrices de moral familiar. En nuestro caso, la propagación del agnosticismo occidental inició con la reforma luterana, rompiendo el monolito católico en Europa. El protestantismo modificó la forma en que los individuos se veían a sí mismos, en la forma en que se relacionaban con su familia, con el otro y con la divinidad. Dejaron de verse a sí mismos como pecadores innatos; en los países donde el protestantismo predominó, los individuos comenzaron a relacionarse con su familia de una forma menos jerárquica y se eliminó a muchos intermediarios de su relación con lo divino. Por su parte, el catolicismo conservó su esencia hasta nuestros días.
Sin embargo, actualmente el agnosticismo avanza a pasos agigantados tanto en el mundo protestante como en el católico. Los EUA, no obstante, lograron insertar sus valores fundacionales en sus instituciones. Por eso para ellos el abandono de la fe religiosa no implica necesariamente la decadencia de su Estado. En nuestro caso sí es más preocupante, porque los pocos elementos rescatables del catolicismo parecen estar perdiéndose sin haberse antes impregnado exitosamente en nuestras instituciones.
La moral familiar mexicana actual está tan relajada, que narcotraficantes, defraudadores, nepotistas y, sobretodo, nepóticos, son respetados y admirados. No existe una condena abierta al interior de sus familias, de sus parientes o de sus amigos; por el contrario, estos en su mayoría se convierten en sus aduladores, esperando que les hagan partícipes de sus ganancias aunque estas impliquen la traición, el robo y/o el asesinato. También es común ver en la sociedad mexicana –de todas las clases-, la incitación a robar por parte incluso de esposas codiciosas. Así, el incentivo para delinquir proviene de todas partes, dando al crimen incluso un origen íntimo. La demanda de trofeos materiales a toda costa para demostrar al círculo social que no se es un perdedor complementa casi simétricamente este proceso de naturalización del crimen.
La falta de oportunidades para triunfar lícitamente es lo que ha abierto cada vez más la puerta al crimen. Aunque, en lo individual, algunas de esas formas de criminalidad pueden llegar incluso a ser comprensibles, nunca deben llegar a ser justificables por un colectivo –y menos aún, perdonables -como de facto sucede actualmente en México. Aquí encontramos esas usuales contraposiciones entre intereses de individuos y familias, y el interés colectivo. Para ello están las leyes. Sin embargo, la aplicación del estado de derecho, que busca resolver esa contraposición de intereses, es demasiado laxa en este país. Leyendo la prensa mundial uno observa que si bien el crimen en sus diferentes formas tiene lugar en todos sus modos y magnitudes en prácticamente todo el planeta, en México ello además se retroalimenta de la enorme impunidad. Esa abierta impunidad no es exclusiva de México; también se observa en países como Guatemala, Haití, Nigeria, etc. En todos los casos, países estos en un proceso franco de retroceso generalizado. La falta de penalización y consecuencias ante el crimen en países como México es, entonces, la colectivización de la falta de condena familiar.
Ahora quiero entrar al terreno de lo público, del funcionamiento de la política. Para los antiguos griegos, el ejercicio de la política era un deber que los mayores de edad debían ejercer; debían vigilar que la moral que construían día a día en sus vidas personales fuera expuesta al debate público para ir perfeccionando las instituciones. Las argumentaciones expuestas en el Ágora llegaban a ser verdaderos discursos de orgullo provocado por la rectitud personal, con aspiración a reproducirse en la vida pública. En el caso de la política mexicana ello suele ocurrir al revés; se alardea, en privado eso sí, de lo chingón que se es por brincarse a todos. Así, vileza, falta de escrúpulos, egoísmo y cerrazón son transmitidos a la vida pública; los pocos actos respetables que cada vez más rara vez se observan son apabullados por la fuerza de la inmoralidad extrema. El reto está en lograr que la gente con una moral más recta participe en la política; si ellos se abstienen, otro menos recto ocupará su lugar.
La impunidad está llevando al país a ser cada vez un lugar más inseguro. En un artículo periodístico que publiqué en El Universal el 20 de septiembre de 2008, criticaba el papel que la corrupción y la impunidad jugaron para amplificar los impactos negativos del terremoto de 1985; de haberse dado cumplimiento a los códigos de construcción, gran parte de la tragedia no hubiera tenido lugar. Nuevamente, los culpables no fueron llamados a cuentas. Si hoy tuviera lugar un terremoto con las mismas características, muy probablemente la tragedia tendría lugar incluso a escalas mayores.
El azote del narcotráfico en el país también es consecuencia de la corrupción impune a todos los niveles. El abastecimiento de armas tiene su origen en la enorme red de corrupción formada por los administradores aduanales del país durante, principalmente, la anterior administración. Ellos, en su mayoría, también son co-responsables de la actual crisis económica del país, pues al permitir el ingreso de flotas enteras de contrabando contribuyeron a la quiebra de varias industrias nacionales, aumentando el desempleo y aumentando con ello la presión sobre fuentes informales de ingresos. Creo que debería llamársele a juicio a cada uno de ellos.
Las impunidades históricas se han sistematizado y van en aumento: crímenes en el Movimiento Ferrocarrilero de 1958, en el Movimiento Estudiantil de 1968, en el Movimiento de Periodistas del 1971, Acteal, Atenco, APO, Lidia Cacho; Fraudes de banqueros al erario público como el FOBAPROA, desvío multimillonario de fondos en el Pemexgate, Violación de Paquetes Electorales en la Elección Presidencial del 2006 por parte del ejército mexicano –¡la única institución que se respetaba!-; Impunidades Comunes: Asaltos, Robos, Violaciones, Secuestros, Sobornos de Policías y Autoridades; Impunidad en el tráfico: Cruce de semáforos en rojo, No respeto de paso-cebras, etc. Mención aparte merecen los miles de contratos de obra pública que año con año se reparten entre compadres en los municipios, estados, secretarías de Estado, órganos desconcentrados y empresas paraestatales.
Esta vorágine de corrupción impune, al repetirse en todos los actos de la vida del país, está llevando al país al colapso. No quiero emitir por el momento una opinión sobre la actual epidemia de A/H1N1, pues son aún pocos los elementos de juicio disponibles. Sin embargo, siento que esta epidemia tenía en México todas las condiciones físicas, culturales y socioeconómicas para desarrollarse. Siento que es una consecuencia natural del acumulado de atrocidades. Dudo, sin embargo, que este trauma nacional sea suficiente para que la sociedad adquiera conciencia de que la suma de todos los actos viles de sus mayorías son su causa; lamento profundamente tener la sensación de que aún no sucede lo peor, así como el tener la impresión de que ni con esto se organizará la sociedad para refundarse.
La realidad demanda desesperadamente la definición de una nueva nación, de un nuevo pacto al interior de y entre todas las familias para definir un mínimo común de principios morales para regular sus relaciones con base en el respeto y la honradez, para crear mecanismos permanentes de vigilancia a esos principios y para forzar la penalización tanto de los pequeños como de los grandes actos de corrupción. Aunque durante sus primeras décadas produjo grandes beneficios en todas las esferas de la vida nacional, el pacto actual nació viciado: no lo signaron los representantes legítimos de las distintas clases sociales y grupos económicos -sino los grandes ganadores de la revolución mexicana (obregonistas, callistas, cardenistas y carrancistas); las instituciones que creó, en su mayoría, son resultado de otro momento histórico -cuyos objetivos priorizaban la pacificación y la gobernabilidad. Necesitamos hacer por primera vez en nuestra historia un gran pacto que incluya a todos y un juramento entre todos para respetar y castigar estrictamente a quien lo viole. El primer gran paso consiste en la organización de la sociedad para definir el nuevo orden.
Santiago de Chile, 30 de abril de 2009
20 de marzo de 2009
La tradición anti-democrática mexicana (1a Parte): ¿un producto histórico?
El suelo que hoy da forma a la República Mexicana nunca ha sido plenamente democrático. No lo era en tiempos de las civilizaciones precolombinas. Aunque estas, unas más que otras, destacaban en las ciencias, las artes y en su organización social, estaban erigidas sobre un orden jerárquico y autoritario. Parte de la explicación de por qué la conquista fue relativamente sencilla para la corona española radica en el hábito al orden jerárquico de los pobladores de estas regiones. Por su parte, la obsesión evangelizadora que en los españoles dejó la entonces recién reconquista de España complementa esa explicación. Así, ambos bloques de culturas tenían en común el hábito a los órdenes jerárquicos, autoritarios: del Huey Tlatoani y del rey; de la clase sacerdotal y de la iglesia católica; de la penitencia y la ofrenda.
Al cabo del siglo XVI, ambas tradiciones jerárquicas se habían prácticamente acoplado. España integró a criollos y, en menor medida, mestizos a la vida española, concediéndoles un trato jurídico y económico de iguales respecto de los habitantes de los reinos mismos de España; a los indígenas, por su parte, los asimiló por medio de la evangelización y la encomienda. Aunque estos últimos no gozaban de una movilidad social comparable a los primeros, su condición de dominados era tolerable comparada con la esclavitud que privó en las colonias inglesas, francesas u holandesas en otras latitudes.
Algo muy distinto sucedió con los pueblos de Aridoamérica, conquistados y prácticamente exterminados por los ingleses. Lo nómada de los pueblos indios del actual EUA inhibió el desarrollo de estructuras políticas más complejas que hubieran podido exponerse a un proceso de asimilación por parte del conquistador. A lo anterior se suma la ausencia de una misión evangelizadora por parte de los conquistadores ingleses, protestantes en su mayoría. Mientras los conquistadores católicos traían por misión el evangelizar al Nuevo Mundo –para así compensar la deserción católica en el centro y norte de Europa-, los protestantes traían una meta refundacionista. Estos últimos percibían al orden católico y sus instituciones como la causa prima de la decadencia económica y social europea. De ahí su interés no en asimilar a otros pueblos, sino en establecer un nuevo orden. Un nuevo orden que, aunque con una franca fe en Dios, basado en estructuras no teocráticas. De ahí su aversión al animismo amerindio.
Ahora bien, la independencia mexicana respecto de la corona española y la vida nacional del siglo XIX está cargada de demostraciones no de la conformación de una sociedad que se organiza de sus bases a sus élites y viceversa; tampoco se observa un proceso claro de lucha y negociación de clases. Si lo anterior pasó fue tan solo al inicio de los movimientos armados: fueron los que se reunieron la madrugada del 16 de septiembre de 1810 –en realidad siguiendo a la Guadalupana; o los que marcharon con Morelos al sacrificio; o hasta los indígenas que durante el mandato de Santa Ana incluso llegaron a levantarse defendiendo posturas conservadoras. Lo que al final lograron esos movimientos fue un reacomodo entre élites: mientras tanto, la implementación de la democracia y la integración de los grupos marginados al poder siguió posponiéndose.
Obsesionados por el refundacionismo puritano que exitosamente dio paso a los progresistas EUA, los liberales mexicanos del S. XIX se propusieron hacer lo propio construyendo una república. Para ello tuvieron que enfrentar el jerarquismo y el autoritarismo histórico propio de la amalgama de pueblos de los que se articuló este país. Siempre vale la pena preguntarse en este punto si no más bien valía la pena construir un orden basado en la realidad autoritaria para ir haciendo madurar a la sociedad hacia la democracia y sólo después de ello instaurar una república.
Aunque se obtuvieron enormes conquistas para que, al menos, el diseño del Estado mexicano transitara de Estado Feudal a preindustrial, los movimientos liberales del siglo XIX no modificaron el status quo de forma tal que se permitiera que el pueblo lograra gobernar. El Porfiriato es la consecuencia materializada de esa inercia.
Ciudad de México, 21 de marzo de 2009