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1 de abril de 2016
13 de enero de 2016
YA PERDIERON EL PODER
(Reproducido de mi columna en Sin Embargo del 12 de enero de 2016)
Hay fuertes indicios de que compraron la Presidencia de la República con dinero robado al Pueblo por sus gobernadores y probablemente también con dinero de organizaciones criminales. Hay fuertes indicios de que con el dinero de todos los mexicanos después compraron al Partido Acción Nacional (PAN) para entregar el petróleo de la Nación a extranjeros a cambio de más sobornos.
Hay fuertes indicios de que recibieron mansiones como propinas a sus adjudicaciones amañadas de obra. Luego encarcelaron a gente de campo sólo por defenderse de criminales. Hay fuertes indicios de que mandaron al Ejército a darnos el mensaje a todos los mexicanos de que no debemos cuestionarlos: por medio de un cobarde “castigo ejemplar” a los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Y hay fuertes indicios de que quieren hacer más, porque parece que lo quieren todo… pero la sociedad mexicana ya les contestó.
Les contestó que los queremos fuera porque hoy, aunque quieran, ya no tienen el respeto de nadie en este país; aunque quieran ya no engañan a nadie con que están investigando; aunque no quieran, nadie les cree que la reaprehensión de Joaquín Guzmán Loera haya sido real –la vox populi sospecha que fue una captura pactada; aunque quieran ni sus subordinados les aplauden y hasta los critican por redes sociales; aunque quieran ni los empresarios de este país confían en ellos; aunque quieran no hay periódico ni revista prestigiosa en el mundo que quiera darles una buena nota.
Aunque quieran no hay organización internacional seria que se atreva a elogiarlos; aunque quieran ya no pueden desmantelar a los cárteles de la droga porque hay fuertes indicios de que en sus mandos policiacos y militares tienen repartidas cuotas al crimen; aunque no quieran ya perdieron la poca legitimidad que los sostenía; aunque no quieran, sus mandos militares y policiacos son reiteradamente acusados de ser déspotas violadores de derechos de sus subordinados pero sumisos cual corderito con los narcos, lo que les ha merecido el odio de su tropa.
Aunque no quieran, el Presidente, su gabinete, sus legisladores, sus gobernadores, sus generales, sus mujeres, sus ministros, sus dueños de medios, sus magistrados, sus jueces, su farándula, sus consejeros y toda su corte de aduladores, ya perdieron el poder.
Ya perdieron el poder porque aunque quieren muchas cosas no las pueden tener; esa es la esencia misma de la ausencia de poder. Ya perdieron el poder porque ya no pueden hacer Justicia ni disponiendo de todo el dinero del erario. Ya perdieron el poder porque, ni con todas las armas de su Ejército, no pueden cambiar el pasado reciente que los hace imperdonables. Ya perdieron el poder porque no pueden, ni con toda la publicidad que pagan, quitarle de la mente a su Pueblo de que mienten.
Ya perdieron el poder porque no pueden ni convencer a sus propios diplomáticos para que salgan a convencer al mundo de que este gobierno es digno de respeto. Ya perdieron el poder porque, siguiendo a Rousseau, el poder público que ejerce el Estado se sostiene de un intangible acto de confianza colectiva depositado en un determinado grupo de personas… y hoy esa confianza está rota.
Hay fuertes indicios de que compraron la Presidencia de la República con dinero robado al Pueblo por sus gobernadores y probablemente también con dinero de organizaciones criminales. Hay fuertes indicios de que con el dinero de todos los mexicanos después compraron al Partido Acción Nacional (PAN) para entregar el petróleo de la Nación a extranjeros a cambio de más sobornos.
Hay fuertes indicios de que recibieron mansiones como propinas a sus adjudicaciones amañadas de obra. Luego encarcelaron a gente de campo sólo por defenderse de criminales. Hay fuertes indicios de que mandaron al Ejército a darnos el mensaje a todos los mexicanos de que no debemos cuestionarlos: por medio de un cobarde “castigo ejemplar” a los 43 estudiantes normalistas de Ayotzinapa. Y hay fuertes indicios de que quieren hacer más, porque parece que lo quieren todo… pero la sociedad mexicana ya les contestó.
Les contestó que los queremos fuera porque hoy, aunque quieran, ya no tienen el respeto de nadie en este país; aunque quieran ya no engañan a nadie con que están investigando; aunque no quieran, nadie les cree que la reaprehensión de Joaquín Guzmán Loera haya sido real –la vox populi sospecha que fue una captura pactada; aunque quieran ni sus subordinados les aplauden y hasta los critican por redes sociales; aunque quieran ni los empresarios de este país confían en ellos; aunque quieran no hay periódico ni revista prestigiosa en el mundo que quiera darles una buena nota.
Aunque quieran no hay organización internacional seria que se atreva a elogiarlos; aunque quieran ya no pueden desmantelar a los cárteles de la droga porque hay fuertes indicios de que en sus mandos policiacos y militares tienen repartidas cuotas al crimen; aunque no quieran ya perdieron la poca legitimidad que los sostenía; aunque no quieran, sus mandos militares y policiacos son reiteradamente acusados de ser déspotas violadores de derechos de sus subordinados pero sumisos cual corderito con los narcos, lo que les ha merecido el odio de su tropa.
Aunque no quieran, el Presidente, su gabinete, sus legisladores, sus gobernadores, sus generales, sus mujeres, sus ministros, sus dueños de medios, sus magistrados, sus jueces, su farándula, sus consejeros y toda su corte de aduladores, ya perdieron el poder.
Ya perdieron el poder porque aunque quieren muchas cosas no las pueden tener; esa es la esencia misma de la ausencia de poder. Ya perdieron el poder porque ya no pueden hacer Justicia ni disponiendo de todo el dinero del erario. Ya perdieron el poder porque, ni con todas las armas de su Ejército, no pueden cambiar el pasado reciente que los hace imperdonables. Ya perdieron el poder porque no pueden, ni con toda la publicidad que pagan, quitarle de la mente a su Pueblo de que mienten.
Ya perdieron el poder porque no pueden ni convencer a sus propios diplomáticos para que salgan a convencer al mundo de que este gobierno es digno de respeto. Ya perdieron el poder porque, siguiendo a Rousseau, el poder público que ejerce el Estado se sostiene de un intangible acto de confianza colectiva depositado en un determinado grupo de personas… y hoy esa confianza está rota.
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8 de diciembre de 2015
CORREDOR CULTURAL CHAPULTEPEC Y COMERCIO AMBULANTE
Por: Sergio O. Saldaña Zorrilla
(Reproducido de mi columna en Sin Embargo del 8 diciembre 2015)
El pasado domingo 6 de diciembre se llevó a cabo la consulta ciudadana sobre el proyecto del Gobierno de la Ciudad de México “Corredor Cultural Chapultepec”. Ganó claramente el “no” al proyecto, con un 63 por ciento del total de los votos. La esencia del rechazo al proyecto consiste en la incertidumbre colectiva sobre la potencial entrega de un bien público a un grupo de empresarios; en este caso, la entrega del espacio público de Av. Chapultepec.
Este corredor implica la construcción de un complejo de locales comerciales con dinero público y en espacios públicos para el lucro de particulares.
Por su parte, esta obra posee múltiples impactos urbanísticos negativos: i) Aumentaría el caos vial de esta zona tan céntrica de la ciudad al sobrecargarla de comercios adicionales. Las actuales vías públicas ya son de por sí insuficientes, por lo que un aumento de la densidad comercial en la zona aumentaría dramáticamente el tránsito vehicular; ii) Si el espacio público en la Ciudad de México ya de por sí es muy escaso, esta obra destinaría sumas multimillonarias de dinero público para espacios privados. A la ciudad le urge disponer de áreas verdes recreativas; y si se ha de construir infraestructura, que esta sea para aumentar la eficiencia urbanística y el bienestar público; iii) El valor de esta megaobra debe contabilizar no sólo la sumatoria de sus costos de construcción, sino además debe sumársele el sobreprecio de mercado del metro cuadrado por estar tan bien ubicado. El precio del metro cuadrado en esta zona es alto, por lo que invertir un millón de pesos en ladrillos en esta zona tiene un retorno de la inversión muy alto comparado con invertir el mismo millón de pesos en una zona promedio de la ciudad: por eso, esta megaobra significaría un gigantesco regalo de nuestros recursos para un grupo de privilegiados; iv) Esta megaobra carece de valor estético y funcionalidad urbana, de acuerdo a las abrumadoras opiniones de arquitectos y urbanistas que han alzado la voz.
En lugar de este complejo comercial, debería construirse un espacio realmente público, para todos, en cuya planeación se escuchen antes las voces expertas; y si se quieren introducir locales comerciales, que estos no sean una extensión de las plazas comerciales que abundan por todo el país –y que benefician siempre a los mismos empresarios. Bien podría aprovecharse este tipo de espacios para erradicar el comercio en la vía pública y recuperar así –y con toda autoridad- los espacios públicos tomados por el ambulantaje en el Eje Central, en las calles de atrás de Palacio Nacional, en Av. Puente de Alvarado, Av. San Cosme, Calz. México-Tacuba, entre otros muchos espacios públicos actualmente perdidos para los ciudadanos. Así, por cada metro cuadrado construido se podrían recuperar muchos más de espacios públicos, con lo que la ciudadanía obtendría una enorme ganancia neta en términos de calidad de vida al recuperar nuestras banquetas, fachadas de edificios históricos, parques, plazas, jardines, etc., amén de la mejora de la salubridad en la vía pública.
Los ambulantes no sólo son objeto del interés público, también son sujeto. En tanto la economía mexicana continúe sin crecer en términos reales, como ha sucedido durante los últimos treinta años, el gobierno seguirá careciendo de autoridad moral para prohibir el comercio ambulante; en ese sentido son sujetos a respetarse. Sin embargo, no por ello los ciudadanos podemos seguir siendo privados de los espacios públicos que se han apropiado los ambulantes; en ese sentido, deben ser objeto de regulación pública. Ante ello, es Estado debe intervenir: estructuralmente, debe generar más crecimiento económico; coyunturalmente, debe reordenar –casi quirúrgicamente- el espacio público.
El problema del ambulantaje en la Ciudad de México podría resolverse si se le ordena y estructura en grandes centros comerciales en zonas de alta concurrencia, con un valor estético notable, que incluya áreas verdes de calidad y se les dota de ágiles vías de comunicación. No estoy con esto sugiriendo que esto necesariamente se haga sobre Av. Chapultepec, pero sí sugiero que abramos seriamente el análisis al respecto.
Como ejemplo exitoso, cito el caso de Tailandia. Hasta 1985, el comercio ambulante en Bangkok, su capital, era tanto o más conflictivo que el nuestro; con problemas similares en materia de mafias organizadas, condiciones de insalubridad, fricción constante con autoridades y ciudadanía, entre otros.
La presencia creciente de mafias internacionales en Tailandia amenazaba entonces con filtrarse fácilmente en la gran red del comercio ambulante de Bangkok, lo cual habría hecho ingobernable la ciudad. Así, en 1985 el gobierno Tailandés construyó el centro comercial Mahboonkrong, más conocido por sus siglas MBK.
A diferencia de las típicas reubicaciones del comercio ambulante en centros comerciales en México -que fracasan fácilmente debido a la poca afluencia de compradores-, el éxito de MBK radicó en que su construyó en el corazón del centro financiero de Bangkok y las cuotas cobradas a los locatarios por concepto de servicios (electricidad, seguridad, etc.) fueron similares a las pagadas en la vía pública. Sus instalaciones incluyen bancos, restaurantes, estacionamientos, entre otros servicios de calidad. MBK ocupa toda una manzana con espacios óptimamente aprovechados en 10 pisos superiores y 2 subterráneos en la intersección de varias líneas del metro y del tren ligero elevado.
La clave del éxito de esta reubicación consiste en proporcionar al comercio ambulante un espacio alterno con expectativas de ingresos superiores. El error común de planeadores urbanos y autoridades en México consiste en que han subestimando la racionalidad económica de los comerciantes: si el espacio sustituto para establecerse no les garantiza un horizonte de ingresos superior al proporcionado por su espacio actual, no tendrán entonces incentivo para reubicarse.
Si se aplica estratégicamente, esta medida podría incluso fortalecer a la industria nacional. El primer obstáculo a vencer consiste en el origen lícito de las mercancías. Como solución –simultánea al combate a la corrupción aduanera-, podrían establecerse plazos de regularización, lo que les implicaría a los comerciantes cambiar progresivamente de proveedores de mercancías de contrabando a proveedores legales.
Ello estimularía la comercialización de productos nacionales, reposicionando, por ejemplo, a la industria nacional textil y del juguete, además de abrir un nicho estable de mercado a los hasta ahora fabricantes de aparatos electrónicos “hechizos”, permitiéndoles establecer fábricas con controles de calidad (de lo cual Vietnam, Tailandia, China y la India proporcionan experiencias exitosas).
No debemos oponernos a la inversión público-privada; por el contrario, es necesario coordinar inversiones para optimizar los recursos de la sociedad.
Sin embargo, sí debemos seguir oponiéndonos a la secrecía con la que se están manejando las megaobras no sólo en el Distrito Federal, sino en todo el país; debemos oponernos a que el gobierno no consulte a los expertos en arquitectura, planeación urbana y finanzas públicas para llevar a cabo tremendas inversiones de nuestros dineros; debemos oponernos a que le regalen concesiones a particulares amañados con el gobierno; debemos oponernos a que se lesione el interés público; debemos oponernos a la manipulación de la información de los proyectos públicos; debemos seguir oponiéndonos a que los gobiernos no construyan para los ciudadanos sino para acrecentar fortunas personales. La organización social demostrada contra el Corredor Cultural Chapultepec acaba de ganar una emblemática batalla contra el cáncer de la corrupción en México: es por ahí.
Twitter: @SergioSaldanaZ
(Reproducido de mi columna en Sin Embargo del 8 diciembre 2015)
El pasado domingo 6 de diciembre se llevó a cabo la consulta ciudadana sobre el proyecto del Gobierno de la Ciudad de México “Corredor Cultural Chapultepec”. Ganó claramente el “no” al proyecto, con un 63 por ciento del total de los votos. La esencia del rechazo al proyecto consiste en la incertidumbre colectiva sobre la potencial entrega de un bien público a un grupo de empresarios; en este caso, la entrega del espacio público de Av. Chapultepec.
Este corredor implica la construcción de un complejo de locales comerciales con dinero público y en espacios públicos para el lucro de particulares.
Por su parte, esta obra posee múltiples impactos urbanísticos negativos: i) Aumentaría el caos vial de esta zona tan céntrica de la ciudad al sobrecargarla de comercios adicionales. Las actuales vías públicas ya son de por sí insuficientes, por lo que un aumento de la densidad comercial en la zona aumentaría dramáticamente el tránsito vehicular; ii) Si el espacio público en la Ciudad de México ya de por sí es muy escaso, esta obra destinaría sumas multimillonarias de dinero público para espacios privados. A la ciudad le urge disponer de áreas verdes recreativas; y si se ha de construir infraestructura, que esta sea para aumentar la eficiencia urbanística y el bienestar público; iii) El valor de esta megaobra debe contabilizar no sólo la sumatoria de sus costos de construcción, sino además debe sumársele el sobreprecio de mercado del metro cuadrado por estar tan bien ubicado. El precio del metro cuadrado en esta zona es alto, por lo que invertir un millón de pesos en ladrillos en esta zona tiene un retorno de la inversión muy alto comparado con invertir el mismo millón de pesos en una zona promedio de la ciudad: por eso, esta megaobra significaría un gigantesco regalo de nuestros recursos para un grupo de privilegiados; iv) Esta megaobra carece de valor estético y funcionalidad urbana, de acuerdo a las abrumadoras opiniones de arquitectos y urbanistas que han alzado la voz.
En lugar de este complejo comercial, debería construirse un espacio realmente público, para todos, en cuya planeación se escuchen antes las voces expertas; y si se quieren introducir locales comerciales, que estos no sean una extensión de las plazas comerciales que abundan por todo el país –y que benefician siempre a los mismos empresarios. Bien podría aprovecharse este tipo de espacios para erradicar el comercio en la vía pública y recuperar así –y con toda autoridad- los espacios públicos tomados por el ambulantaje en el Eje Central, en las calles de atrás de Palacio Nacional, en Av. Puente de Alvarado, Av. San Cosme, Calz. México-Tacuba, entre otros muchos espacios públicos actualmente perdidos para los ciudadanos. Así, por cada metro cuadrado construido se podrían recuperar muchos más de espacios públicos, con lo que la ciudadanía obtendría una enorme ganancia neta en términos de calidad de vida al recuperar nuestras banquetas, fachadas de edificios históricos, parques, plazas, jardines, etc., amén de la mejora de la salubridad en la vía pública.
Los ambulantes no sólo son objeto del interés público, también son sujeto. En tanto la economía mexicana continúe sin crecer en términos reales, como ha sucedido durante los últimos treinta años, el gobierno seguirá careciendo de autoridad moral para prohibir el comercio ambulante; en ese sentido son sujetos a respetarse. Sin embargo, no por ello los ciudadanos podemos seguir siendo privados de los espacios públicos que se han apropiado los ambulantes; en ese sentido, deben ser objeto de regulación pública. Ante ello, es Estado debe intervenir: estructuralmente, debe generar más crecimiento económico; coyunturalmente, debe reordenar –casi quirúrgicamente- el espacio público.
El problema del ambulantaje en la Ciudad de México podría resolverse si se le ordena y estructura en grandes centros comerciales en zonas de alta concurrencia, con un valor estético notable, que incluya áreas verdes de calidad y se les dota de ágiles vías de comunicación. No estoy con esto sugiriendo que esto necesariamente se haga sobre Av. Chapultepec, pero sí sugiero que abramos seriamente el análisis al respecto.
Como ejemplo exitoso, cito el caso de Tailandia. Hasta 1985, el comercio ambulante en Bangkok, su capital, era tanto o más conflictivo que el nuestro; con problemas similares en materia de mafias organizadas, condiciones de insalubridad, fricción constante con autoridades y ciudadanía, entre otros.
La presencia creciente de mafias internacionales en Tailandia amenazaba entonces con filtrarse fácilmente en la gran red del comercio ambulante de Bangkok, lo cual habría hecho ingobernable la ciudad. Así, en 1985 el gobierno Tailandés construyó el centro comercial Mahboonkrong, más conocido por sus siglas MBK.
A diferencia de las típicas reubicaciones del comercio ambulante en centros comerciales en México -que fracasan fácilmente debido a la poca afluencia de compradores-, el éxito de MBK radicó en que su construyó en el corazón del centro financiero de Bangkok y las cuotas cobradas a los locatarios por concepto de servicios (electricidad, seguridad, etc.) fueron similares a las pagadas en la vía pública. Sus instalaciones incluyen bancos, restaurantes, estacionamientos, entre otros servicios de calidad. MBK ocupa toda una manzana con espacios óptimamente aprovechados en 10 pisos superiores y 2 subterráneos en la intersección de varias líneas del metro y del tren ligero elevado.
La clave del éxito de esta reubicación consiste en proporcionar al comercio ambulante un espacio alterno con expectativas de ingresos superiores. El error común de planeadores urbanos y autoridades en México consiste en que han subestimando la racionalidad económica de los comerciantes: si el espacio sustituto para establecerse no les garantiza un horizonte de ingresos superior al proporcionado por su espacio actual, no tendrán entonces incentivo para reubicarse.
Si se aplica estratégicamente, esta medida podría incluso fortalecer a la industria nacional. El primer obstáculo a vencer consiste en el origen lícito de las mercancías. Como solución –simultánea al combate a la corrupción aduanera-, podrían establecerse plazos de regularización, lo que les implicaría a los comerciantes cambiar progresivamente de proveedores de mercancías de contrabando a proveedores legales.
Ello estimularía la comercialización de productos nacionales, reposicionando, por ejemplo, a la industria nacional textil y del juguete, además de abrir un nicho estable de mercado a los hasta ahora fabricantes de aparatos electrónicos “hechizos”, permitiéndoles establecer fábricas con controles de calidad (de lo cual Vietnam, Tailandia, China y la India proporcionan experiencias exitosas).
No debemos oponernos a la inversión público-privada; por el contrario, es necesario coordinar inversiones para optimizar los recursos de la sociedad.
Sin embargo, sí debemos seguir oponiéndonos a la secrecía con la que se están manejando las megaobras no sólo en el Distrito Federal, sino en todo el país; debemos oponernos a que el gobierno no consulte a los expertos en arquitectura, planeación urbana y finanzas públicas para llevar a cabo tremendas inversiones de nuestros dineros; debemos oponernos a que le regalen concesiones a particulares amañados con el gobierno; debemos oponernos a que se lesione el interés público; debemos oponernos a la manipulación de la información de los proyectos públicos; debemos seguir oponiéndonos a que los gobiernos no construyan para los ciudadanos sino para acrecentar fortunas personales. La organización social demostrada contra el Corredor Cultural Chapultepec acaba de ganar una emblemática batalla contra el cáncer de la corrupción en México: es por ahí.
Twitter: @SergioSaldanaZ
18 de noviembre de 2015
Vialidades inviables en la Ciudad de México
(Reproducido de mi columna en Sin Embargo del 17 octubre 2015)
En la
Ciudad de México, tanto el parque vehicular como las vialidades por donde
circulan son disfuncionales, ineficientes y caras. Por ello, se requiere
invertir en vías de transporte subterráneo de calidad. De acuerdo a
estimaciones propias con un equipo de investigadores del International Institute for Applied Systems Analysis (IIASA)
basadas en simple análisis costo-beneficio, la red del metro de la Ciudad de
México necesita al menos duplicarse para reducir la actual presión por
transporte, así como al menos triplicarse para absorber el crecimiento
poblacional de los próximos diez años.
Las vialidades, tanto para el transporte
público como particular, son insuficientes para el flujo del actual parque
vehicular, el cual sigue creciendo a tasas superiores al cinco por ciento anual
mientras la construcción de vialidades no supera el uno por ciento anual. Por
ello, la ciudad tiende inequívocamente hacia una cada vez mayor parálisis de
transporte. La solución del problema está en el transporte público subterráneo
complementado con ejes viales subterráneos.
Contrario a la creencia popular de que la Ciudad de
México posee una enorme red del metro, esta red es muy pequeña si se le compara
con su población. Esta ciudad además carece de una red de trenes suburbanos
como extensión de la red del metro para interconectar todo el sistema de
transporte colectivo. Por ello la línea del tren suburbano Buenavista-Lechería
debe replicarse a gran escala.
En vista del actual hacinamiento urbano de la
Ciudad de México, el subsuelo debe aprovecharse como vía de comunicación. Entendamos
de una vez por todas que ya no queda espacio superficial para construir más
líneas de metrobús ni de más metro superficial ni elevado. Al quitar carriles a
las avenidas para hacer carriles exclusivos de metrobús están estrangulando más
el de por sí denso tránsito vehicular.
En lo relativo al transporte particular, volteemos
la vista a las autopistas subterráneas de ciudades como Santiago, Chile y
Viena, Austria. Yo viví varios años en esas ciudades y pude disfrutar de un
tráfico muy fluido gracias a que los gobiernos de esas ciudades saben planear. Se
trata de mega obras que requieren financiamientos muy complejos por lo elevado
de sus costos, pero, en un análisis costo-beneficio, su beneficio
socioeconómico neto es altísimo y con un retorno muy rápido debido al elevado
ingreso marginal que generan para la economía.
Foto: Autopista urbana subterránea Costanera Norte, Santiago de Chile
Por
ejemplo, el actual costo de transporte para todos los habitantes de la Ciudad
de México alcanza los 500 mil millones de pesos anuales. Esta suma de costos,
sin embargo, es abatible en más del sesenta por ciento si los habitantes de
esta ciudad dispusieran de un transporte público de calidad, tal que les
permitiera reemplazar el automóvil. Así, ese ahorro de dinero y de tiempo
ganado por los habitantes les elevaría enormemente su nivel de bienestar, así
como dispondrían de recursos que bien podrían invertir más eficientemente en
abrir algún negocio y generar con ello más empleos, trazando así un círculo
virtuoso de ahorro-crecimiento económico-bienestar.
A quienes suelen objetar que la construcción de túneles es compleja por lo cavernoso, acuoso y sísmico de la zona, les contesto que entonces ¿cómo se construyeron tantos kilómetros de metro subterráneo en los años 1960's y 1970's? ¿O es que alienígenas ancestrales descendieron a ayudarnos? No, no hay pretextos, y menos hoy en día que la tecnología está aún más desarrollada para hacer esas megaobras en menos tiempo y con mayores medidas de seguridad. Lo que hoy ha faltado es visión de Estado.
Otra de las virtudes del metro es que, a diferencia de microbuses y gran parte de los autobuses, su propiedad y operación es de carácter público, por lo que puede mantener un control más directo para tomar decisiones. Mientras las grandes ciudades del mundo han articulado una red única, gubernamental y centralizada de transporte público con el fin de regular óptimamente su operación, en las ciudades mexicanas gran parte del servicio –otrora también centralizado en el DF- se ha concesionado a particulares. El concesionar el transporte público a particulares ha sido muy rentable para las autoridades de las entidades federativas, pues la emisión de los permisos correspondientes ha enriquecido a muchos políticos corruptos. La ciudadanía, en cambio, ha tenido que pagar el precio en términos de mala calidad del servicio así como la propia autoridad se ha ido volviendo incompetente de resolver casi cualquier ineficiencia del transporte público como consecuencia de la pérdida de control derivada de la concesión desmedida.
Gran parte de la conflictiva cotidiana de esta
ciudad se debe a la tensión de conducir un vehículo, misma que representa no
sólo un desperdicio enorme de energía humana y fósil (y de dinero), sino que es
también fuente de una serie de padecimientos neurológicos y de bajo rendimiento
laboral. Todo esto en conjunto, lamentablemente, conduce a la actual baja
calidad de vida y estancada productividad económica en que se encuentra la
ciudad. Solucionémoslo.
13 de noviembre de 2015
10 razones por las que la economía mexicana no crece
(Reproducido de mi columna en Sin Embargo del 10 de noviembre de 2015)
En términos reales, la economía mexicana
no ha crecido en los últimos 40 años; Y seguirá sin crecer mientras
estén las mismas personas a cargo de nuestras instituciones públicas
tomando las mismas decisiones de los últimos 40 años. A continuación
explico un poco más al respecto simplificándolo en 10 razones:
1. Progreso técnico. Veamos
primero el largo plazo. Los modelos económicos de crecimiento endógeno
tienen dos determinantes de crecimiento de largo plazo: el progreso
técnico (K) y el crecimiento demográfico (L). El progreso técnico está
en función de la cobertura de la educación de calidad. En México la
educación de calidad es escasa principalmente porque: i) tanto por
razones gubernamentales como sindicales, la oferta de educación pública
de calidad es cada vez más limitada como proporción de la población
existente y; ii) el gobierno mexicano delega la educación pública
excesivamente y con poca regulación a colegios, universidades y demás
instituciones particulares que en su mayoría son de muy baja calidad. La
educación es un área estratégica para cualquier país. Sin embargo, en
México la educación va a la deriva.
2. Crecimiento demográfico. Al
igual que el punto anterior, el crecimiento demográfico es un
determinante para el crecimiento de largo plazo, pues el aumento
poblacional presiona al alza la demanda de bienes y servicios (al
aumentar el número de consumidores) y también aumenta la oferta (al
engrosar las filas de trabajadores). El crecimiento de la población
mexicana se ha desacelerado fuertemente desde los años 1990’s. Sin
embargo, dado que el sistema educativo mexicano hoy se encuentra
colapsado, estimular crecimiento demográfico sería irresponsable, pues
un incremento poblacional se traduciría en una multiplicación de los
actuales problemas económicos. Antes debe resolverse el problema
educativo.
3. Energía. Toda economía necesita
energía para funcionar. En tanto las fuentes alternativas de energía no
sean comercialmente asequibles, los hidrocarburos seguirán siendo el
insumo energético básico para la industria nacional. Por ello, al igual
que los dos puntos anteriores, este sector es estratégico para todo
Estado. En el caso de México, sin embargo, la reciente reforma
energética aprobada en 2014 entregó nuestra política energética a los
Estados Unidos de América (EUA), por lo que hoy México no dispone de
esta herramienta para planear su crecimiento. Por ello, México debe
derogar lo antes posible la reforma energética.
4. Banca. Desde hace al menos tres
décadas, el papel de las autoridades económicas mexicanas se reduce al
de un simple empleado bancario más. Si bien es cierto que en el largo
plazo todas las tasas de interés se encuentran fuera del control de
cualquier banco central (incluso de la Fed), en el corto plazo las
autoridades económicas siempre deben hacer una programación financiera
eficiente. Por ejemplo, deben inducir un alza en las tasas de interés
cuando la economía comienza a calentarse y bajarlas cuando esta se
enfría para mantener así la estabilidad con crecimiento. Sin embargo, el
Banco de México ha renunciado a regular las tasas de interés; regular
las tasas de interés es, desde hace décadas, una decisión que se han
atribuido para sí los dueños de los bancos; decisión en la que las tasas
de interés son siempre altas si pides un crédito pero son siempre bajas
si ahorras o “inviertes”. Nuevamente, el Estado ausente nos sigue
costando dinero.
5. Comercio exterior. El comercio
exterior depende principalmente de la planta productiva nacional
existente y de la eficiencia del transporte. El tipo de transporte más
eficiente, esto es, el que representa los costos más bajos medido por
kilómetro/tonelada, es el marítimo. Por eso no hay gran economía sin
grandes puertos. En el caso mexicano, sin embargo, no se ha querido
aumentar la escala de inversión en nuestros puertos ni se han querido
desmantelar las mafias que controlan la entrada y salida de productos
por esta vía.
6. Autosuficiencia alimentaria. Un
país que depende de otro para comer, depende enteramente de él y está
obligado a obedecerle. La apertura a las importaciones agropecuarias que
inició con el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) de
1994 ha quebrado a la mayoría de unidades agropecuarias del país
(principalmente por el excesivo subsidio y dumping agropecuario
con el que los EUA nos juegan sucio). Ello ha: i) disparado la pobreza
y; ii) nos ha hecho dependientes de los EUA. Mientras no renegociemos el
capítulo agropecuario del TLCAN, los EUA tienen en su poder la llave
del suministro de nuestra alimentación. México debe salirse del TLCAN.
Si bien es cierto que el TLCAN nos trae algunos beneficios, como los
ingresos por maquila, etc., los costos que tenemos que pagar son
mayores, por lo que el beneficio neto para México es negativo.
7. Estado de derecho. En México el
estado de derecho es selectivo, ocasional y regional. Es selectivo
porque no aplica por igual a todos los mexicanos; es ocasional porque no
es permanente en el tiempo y; es regional porque en la práctica hay
(vastas) zonas de exclusión de la aplicación de las leyes –especialmente
en las zonas gobernadas por el crimen organizado. Esto inhibe la
creación de nuevas empresas y la expansión de las existentes. Contrario a
la errónea creencia popular sobre las bondades económicas del dinero
derivado del crimen, el más elemental análisis costo-beneficio nos
arroja abrumadores resultados negativos sobre su efecto inhibidor del
crecimiento económico.
8. Transporte público. La
ineficiencia del transporte público en México representa una gran fuga
de riqueza nacional. Mientras la calidad del transporte público siga
siendo baja, seguirá estimulándose la compra de más autos, con lo que el
colapso vial seguirá aumentando y el costo diario de transporte por
ciudadano seguirá disparándose. En lugar de invertir en más pavimento,
debe invertirse en más y mejor transporte público. Una posible solución
sería centralizar todo el sistema de transporte colectivo en empresas
públicas de los ayuntamientos. Esto implica reemplazar los denigrantes
microbuses y combis por autobuses eléctricos así como triplicar la
actual red del metro de las ciudades de México, Guadalajara y Monterrey a
la vez de inaugurar líneas de metro en al menos Puebla, Tijuana, León y
Morelia.
9. Recursos naturales. México es
de los países que más desperdician sus recursos naturales. Por ejemplo,
debe construirse un sistema de canales navegables en el sureste del
país. Esto incluye un canal transoceánico a través de Chiapas y Tabasco
usando las corrientes del Río Mezcalapa-Grijalva y del río Pijijiapan.
Con esto se regularán los flujos de estos ríos para evitar inundaciones,
se aumentará la disponibilidad de riego agrícola, la generación de
energía hidroeléctrica, se abatirán costos de transporte y se generarán
divisas para el país a perpetuidad por el tránsito mercante
transoceánico internacional.
10. Democratización. La solución a
estos puntos no la realizará jamás el actual gobierno ni ningún otro
gobierno emanado de acuerdos y complicidades con este y sus
predecesores. Se necesita una ruptura. Está claro e incluso
sobrediagnosticado el hecho de que el actual gobierno y los de los
últimos 40 años no acatan el mandato popular ni velan por el interés
nacional. Así mismo, tienen controlado el acceso al poder por medio del
dominio absoluto de los órganos electorales para impedir que llegue a la
presidencia de la república alguien emanado de la voluntad popular. Hay
que entonces impulsar la democratización del país. El primer paso es
reemplazar el actual Instituto Nacional Electoral (INE) por un órgano
electoral ciudadano e independiente: del gobierno, de los partidos
políticos y de cualquier otra influencia que defraude el voto popular.
Por todos estos puntos, ya tienen que irse quienes hoy toman las grandes
decisiones del país. Ya le estorban a México.
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