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2 de noviembre de 2013

El triángulo futbolístico Brasil-Argentina-México

Entre las selecciones de futbol soccer de Brasil, Argentina y México se forma un triángulo que contradice el principio lógico de la transitividad (que dice que si A>B, y B>C, entonces A>C). Lo contradice porque en la práctica: Brasil es el papá de Argentina (pues casi siempre le gana), Argentina el de México y México el de Brasil (cuando lógicamente por transitividad Brasil debiera entonces casi siempre ganarnos). Lo anterior sucede porque el fut pertenece a la familia de eventos con forma de sistemas complejos, cuyo comportamiento no responde a la lógica aristotélica. Por lo mismo, si los directivos del balompié mexicano fueran más estratégicos ¿no deberían insistir para que sorteen a México en los mundiales de fut tan alejados de Argentina de forma tal que sólo si llegaramos a la final los enfrentáramos? La sub-17 va contra ellos este martes en la semifinal en los Emiratos. Lo ideal, ¡claro está!, es vencerlos tantas veces nos los pongan enfrente -como en la final de los últimos juegos panamericanos-, pero los sistemas complejos y el peso de la historia son algo real, y especialmente a la selección mayor parece que le ganan con la pura camiseta. Hay que romper la historia: deberíamos sostener partidos amistosos vs Argentina en la Bombonera, como cuando en 1968 en el Maracaná con Enrique Borja (y golazos de Díaz y Fragoso) se derrotó a Brasil y a partir de ahí se redefinió nuestra relación futbolística de largo plazo con ellos.

10 de agosto de 2009

El bien y el mal (2a. parte): Intención vs. Resultados

De entre las muy diversas formas de izquierda de América Latina, unas pocas han llegado al poder presidencial, todas ellas convencidas de que sólo ellas pueden mejorar las condiciones de vida de las mayorías de sus respectivos países.

En Argentina ha continuado una izquierda, que aunque con un discurso muy interesante, ha demostrado lograr poca efectividad en materia de política económica. La poca profesionalización de su aparato público podría ser un buen factor explicativo.

En Brasil, la izquierda de Lula, que aunque prometía cambios más profundos y resultados más sólidos que los gobiernos precedentes en materia económica y social dado su corte laborista, no ha sido capaz incluso de modificar la esencia liberalizadora de la política económica dejada por Fernando Henrique Cardoso.

En Venezuela, el gobierno de Hugo Chávez tampoco ha logrado reestructurar la economía nacional hacia la mayor solidez y diversificación industrial prometidas; por el contrario, ha aumentado la dependencia económica del petróleo y se ha desbordado el gasto público corriente. De esa forma, la actual tendencia a la baja de los precios internacionales del petróleo combinado con la debilidad de los sectores económicos no-petroleros está presionando crecientemente su déficit público.

En Bolivia, la lucha del movimiento indigenista de Evo Morales, que debiera ser ante todo una lucha por la eficiencia económica, tampoco ha logrado grandes avances estructurales; más allá de bonos a los pobres y de la intención de revalorización de lo autóctono, parece ser que no logran aún implementar medidas más pragmáticas de política económica. Empantanados en un discurso contra el capital transnacional –pero contradictoriamente financiado por fondos externos-, han cerrado la puerta incluso a acuerdos comerciales preferenciales. Tal es el caso del sistema preferencial ATPDEA entre los EUA y los países andinos, por medio del cual los EUA permite la importación de manufacturas de estos países a cambio de que reduzcan la producción de cocaína. Este sistema preferencial había ayudado a generar miles de empleos en, sobre todo, las regiones productoras de textiles de alpaca y lana, predominantemente indígenas.
Sin embargo, desde fines de 2008 Bolivia abandonó el ATPDEA debido, en buena medida, a su intención de adoptar una posición respecto de los EUA similar a la venezolana. Ello, no obstante, provocó la bancarrota de un gran número de plantas exportadoras de textiles. Así, lejos de fortalecer la dignidad de este país, esta decisión ha dejado en el desempleo a predominantemente pobladores de zonas indígenas. En compensación por esta tragedia de los buenos, el gobierno de Chávez ha ofrecido desgravar las importaciones de esos productos bolivianos en el mercado venezolano. Sin embargo, prácticamente nulas han sido las compras de esos sweaters de alpaca y gruesa lana en una Venezuela de temperaturas tropicales.