Sergio O. Saldaña Zorrilla, Sin Embargo, 16 febrero 2016
Es difícil saber hacia dónde exactamente se dirige el país. Lo que,
en cambio, no es tan difícil de saber es que hoy México no va hacia la
construcción de una verdadera democracia, y nuestros actuales órganos
electorales no nos están ayudando en nada a construirla.
En México existe una tradición antidemocrática. El suelo que hoy da
forma a la República Mexicana nunca ha sido democrático. No lo era en
tiempos de las civilizaciones precolombinas. Aunque estas, unas más que
otras, destacaban en las ciencias, las artes y en su organización
social, estaban erigidas sobre un orden jerárquico y autoritario. Ello
ayuda a comprender por qué la Conquista fue relativamente sencilla para
la corona española. El hábito al orden jerárquico de los pobladores de
estas regiones muy probablemente haya facilitado la adopción de un nuevo
orden. Ambos bloques de culturas tenían en común el hábito a los
órdenes jerárquicos, autoritarios: del Huey Tlatoani y del rey; de la
clase sacerdotal y de la Iglesia católica; de la penitencia y de la
ofrenda.
Al cabo del siglo XVII, ambas tradiciones jerárquicas se habían
prácticamente acoplado. España integró a criollos y, en menor medida,
mestizos a la vida española, concediéndoles un trato jurídico y
económico de iguales respecto de los habitantes de los reinos de España;
a los indígenas, por su parte, los asimiló por medio de la
evangelización y la encomienda.
Ahora bien, el Siglo XIX, desde la independencia hasta el Porfiriato,
está dominado de un empuje popular cuya agenda contempla la igualdad,
la libertad y la democracia. Sin embargo, ese empuje popular no logra la
organización de la sociedad desde sus bases. Si bien el inicio de los
movimientos armados del Siglo XIX está protagonizado por una pluralidad
de clases, las clases populares quedaron fuera de los respectivos
acuerdos de paz: igual los que se reunieron la madrugada del 16 de
septiembre de 1810 con un estandarte de la Guadalupana; los que
marcharon con Morelos al sacrificio; o hasta los indígenas que durante
el mandato de Santa Ana incluso llegaron a levantarse defendiendo
posturas conservadoras. Lo que al final lograron esos movimientos fue un
reacomodo entre élites. Así, la implementación de la democracia y la
integración de los grupos marginados al poder siguieron posponiéndose.
Durante el Porfiriato, la apuesta de Porfirio Díaz y sus científicos
era clara y entendible: el progreso como condición a la
democratización; creía que primero se tenía que realizar una acumulación
de capital considerable antes de empezar a redistribuir y sólo después
iba a ser posible educar al Pueblo a fin de que la democracia cobrara
sentido. El positivismo de la época, la teoría económica clásica y el
materialismo dialéctico son interpretaciones complementarias de esa
postura. Visto desde el paradigma económico predominante de la época
(Marshall, Pigou, etc), el desarrollo económico no puede basarse en la
atomización de la propiedad rural ni en la simple producción de materias
primas, sino en la concentración de los medios de producción en manos
innovadoras.
Así, tierra, trabajo y capital debían alcanzar grandes
escalas. Fallidamente, en el Porfiriato ello devino en latifundismo,
esclavitud y usura, respectivamente. En su inicio, la apuesta de Díaz
tenía no sólo una perfecta lógica, sino probablemente también buenas
intenciones. Sin embargo, la propiedad de los medios de producción fue
tomada ya sea por hacendados (en uso de su tradición jerárquica), o de
anglosajones (abiertamente respaldados por sus potencias). Por ello,
Porfirio Díaz poco podía extraerles de solidaridad social hacia el país y
la democratización era un proyecto que cada día se posponía más y más.
Ese tránsito que nunca ocurrió hizo que su proyecto modernizador no sólo
se estancara, sino que abortara por completo: tuvo que conformarse con
la simple producción de materias primas y administrar la concentración
extrema de la riqueza. Esa trenzada estructura de élites del Porfiriato
fue principalmente la que le impidió al Estado recaudar los impuestos
suficientes para emprender una cruzada educativa y demás mecanismos que
cerraran la brecha social. La falta de educación del pueblo mexicano era
lo que, en el fondo, motivó a Díaz a considerar que México nunca estuvo
listo para la democracia.
La Revolución Mexicana fue protagonizada por el pueblo. Sin embargo,
sus líderes fueron asesinados, quedando el país nuevamente en manos de
una élite que tampoco quiso la democratización. El gran triunfador de la
Revolución Mexicana fue Álvaro Obregón, quien no representaba ideales
populares ni mucho menos democratizadores. Así, los gobiernos
posteriores a la revolución de 1910, y a pesar de la cruzada vasconcelista, tampoco lograron alcanzar la democracia.
Luego de la Revolución Mexicana, en los pocos enclaves del país en
donde la educación logró exitosos resultados a más amplios sectores del
pueblo, surgieron demandas democratizadoras genuinas. Gracias a esa
difusión educativa, entendieron los procesos revolucionarios del pasado
como los escalones hacia la desconcentración del poder y el ascenso más
generalizado del pueblo al poder. Ahí, sin embargo, el Estado cooptó o
reprimió.
En momentos de la historia como en 1958 con el movimiento
ferrocarrilero, en 1968 con el movimiento estudiantil, en 1971 con el
movimiento periodista, en 1988 con el Frente Cardenista de
Reconstrucción Nacional (FCRN), hemos observado la lucha de un notable
sector del pueblo que creyó en la democracia. Similar a la frustración
que la contraorden genera en cualquier adiestramiento, una resentida
decepción se incubó en los miembros de todos esos movimientos, la cual
después se convirtió en pesimismo. Desde los años noventa, quienes
demandaban democracia en México más bien ya han bajado los brazos –o se
han asimilado dentro de partidos políticos que, como el Partido Acción
Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), hoy ya
sólo sirven de comparsa al gobierno para impedir la democratización del
país y montar una farsa democrática ante el Pueblo mexicano y el mundo.
Tomar conciencia de que en México nunca ha habido una democracia real
no debe incubar en nosotros el sentimiento fatalista de impotencia para
cambiar nuestro destino; estar conscientes de ello debe, en cambio,
empujarnos a la pronta construcción de nuestra democracia. Tal vez desde
los años noventa, México ha carecido de rectores intelectuales de la
democracia (a quienes no debemos confundir con los técnicos que
diseñaron el Instituto Federal Electoral, IFE, y demás artefactos
institucionales que sólo dan forma y nunca han dado fondo a la
democratización).
La democratización de un pueblo no consiste, como ya hemos vivido en
este país, en el asignar presupuestos millonarios y una estructura
ridículamente aparatosa como la que hoy tienen el Instituto Nacional
Electoral (INE) y los tribunales electorales. La democratización
consiste en la presión incesante que la sociedad civil debe hacer hoy
para derrumbar al actual aparato electoral y reemplazarlo por órganos
electorales ciudadanos, austeros e independientes; independientes del
gobierno, de partidos políticos, de empresas, de gobiernos extranjeros y
de cualquier otra fuerza.
Necesitamos órganos electorales que tengan la
independencia y el valor para anular elecciones, cancelar registros de
partidos y descalificar candidatos ante pruebas de actos de corrupción,
compra y coacción del voto, campañas anticipadas, financiamientos
ligados al crimen organizado y al desvío de dinero público (robo) de los
gobernadores de los estados y demás crímenes a la voluntad popular. Los
órganos electorales actuales son incapaces de actuar en favor de la
democratización del país; hoy actúan bajo órdenes del gobierno y de sus
acuerdos con los partidos, para consumar así, una y otra vez, el aborto
democrático. Estemos claros: los actuales órganos electorales mexicanos
tienen secuestrada la democracia y debemos reemplazarlos.
@SergioSaldanaZ
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5 de marzo de 2016
4 de septiembre de 2015
SEPTIEMBRE, ¿MES DE CUÁL PATRIA?
Por: Sergio O. Saldaña Zorrilla
Nos independizamos porque nos explotaba una potencia extranjera; y 205 años después nos explota otra.
Nos independizamos porque la mayoría de los mexicanos vivían en la
pobreza; y 205 años después más del 80% seguimos siendo pobres.
Nos independizamos porque un pequeño grupo dominante abusaba del poder en contra del Pueblo; y 205 años después el abuso del poder es práctica común.
Nos independizamos porque se explotaba a vastos sectores de la población en haciendas y minas; y 205 años después un puñado de 12 monopolios intocables explota a la población entera.
Nos independizamos porque queríamos ser soberanos (que nadie decidiera por encima de nosotros); y 205 años después los Estados Unidos de América y el Fondo Monetario Internacional dictan nuestra economía, nuestra política y nuestras relaciones exteriores.
Nos independizamos porque queríamos ser libres; y 205 años después somos esclavos del crimen organizado.
Nos independizamos porque un pequeño grupo dominante abusaba del poder en contra del Pueblo; y 205 años después el abuso del poder es práctica común.
Nos independizamos porque se explotaba a vastos sectores de la población en haciendas y minas; y 205 años después un puñado de 12 monopolios intocables explota a la población entera.
Nos independizamos porque queríamos ser soberanos (que nadie decidiera por encima de nosotros); y 205 años después los Estados Unidos de América y el Fondo Monetario Internacional dictan nuestra economía, nuestra política y nuestras relaciones exteriores.
Nos independizamos porque queríamos ser libres; y 205 años después somos esclavos del crimen organizado.
Nos independizamos porque la riqueza de nuestro subsuelo iba a parar a manos extranjeras; y 205 años después una reforma energética ha vuelto a entregar esa riqueza a extranjeros.
Nos independizamos porque queríamos Justicia; y 205 años después la Justicia es selectiva y negociable.
Nos independizamos porque queríamos acceso a la educación para todas las castas; y 205 años después se asesina impunemente a estudiantes humildes.
Nos independizamos porque queríamos Justicia; y 205 años después la Justicia es selectiva y negociable.
Nos independizamos porque queríamos acceso a la educación para todas las castas; y 205 años después se asesina impunemente a estudiantes humildes.
Nos independizamos porque queríamos tener independencia económica; y
205 años después dependemos de la importación de alimentos.
Nos independizamos porque queríamos libertad de tránsito; y 205 años después retenes militares y policiacos no nos permiten transitar libremente.
Nos independizamos porque queríamos libertad de tránsito; y 205 años después retenes militares y policiacos no nos permiten transitar libremente.
Nos independizamos porque estábamos cansados de cargar con una
administración colonial corrupta e injusta; y 205 años después nuestros
impuestos y riqueza petrolera son saqueadas a diario por un grupo de
corruptos.
Nos independizamos porque no era justo que los puestos de
virrey, comendador y regidurías se vendieran al mejor postor; y 205 años
después los partidos venden las candidaturas y la autoridad electoral
negocia los fallos en casos de controversias.
Nos independizamos (y
luego nos reformamos) porque era insostenible la manipulación de la
Iglesia; y 205 años después dos televisoras lo manipulan todo.
¿Viva México?
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13 de noviembre de 2014
EL FIN DE UNA SOCIEDAD MISERABLE
Ser pobre y ser miserable son dos cosas muy distintas. Ser pobre es carecer de los recursos para satisfacer las necesidades humanas básicas (alimentación, vivienda digna, salud y educación, principalmente). Ser miserable, en cambio, es estar dispuesto a rebajar la dignidad propia a cambio de unos centavos. Existen miserables pobres y ricos, miserables ignorantes y doctos, miserables de primer y tercer mundo, miserables rubios y morenos.
Existen, a su vez, épocas de las sociedades en que la miseria se generaliza más marcadamente. Hoy México vive una época de extrema miseria; miseria -más no pobreza- que nos coloca como sociedad al nivel de sociedades sin estructuras civilizatorias sólidas como las que se encuentran en ciertas regiones del Congo y otras partes del África Subsahariana.
Aún existen, afortunadamente, enclaves de civilización en México en las universidades, en organizaciones de la sociedad civil, en ciertos círculos religiosos, etc., que hoy están actuando más colaborativamente. Esos enclaves son la última oportunidad de revertir el actual proceso de salvajismo al que -en mi quizás relativa apreciación- desde hace 15 años retrocede esta sociedad. De la capacidad de unificación de esas burbujas de civilización depende la redirección de esta sociedad.
De nosotros depende re-civilizar a las mayorías. Esa tarea tiene todas las características de una misión, como las de la ONU (que a su vez se inspiran en las antiguas misiones católicas, basadas en el convencimiento, el llamado a la razón, al entendimiento y la conexión espiritual). De nosotros depende propagar prácticas civilizadas en nuestra sociedad; hacerle entender al que cambia su voto por una prebenda (100 pesos, despensa, láminas, etc.) que está cometiendo un acto miserable; igual que al policía que extorsiona, al que responde con violencia, etc. Hagamos que hoy termine la permisividad a la miseria.
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SR. PROCURADOR, AYOTZINAPA SÍ ES CRIMEN DE ESTADO
(Reproducido de mi columna del 11 de noviembre de 2014 en Los Angeles Press)
Se equivoca el Procurador General de la República, Jesús
Murillo Karam, al afirmar que llamar Crimen de Estado a los crímenes de los normalistas
de Ayotzinapa “es un poco peligroso”,
que “un Crimen de Estado es una cosa
mucho mayor”.[1]
Mi fundamento para decir que sí se trata de un Crimen de Estado, es el Estatuto
de Roma[2],
el cual rige la competencia y funcionamiento de la Corte Penal Internacional (ONU
1998), del cual México es signatario desde el año 2005[3]
–y por tanto acepta la competencia de dicha Corte[4].
De hecho, denominar esos actos atroces como Crimen de Estado es incluso
abreviar lo que en realidad debe ser su tipificación completa: Crímenes de lesa humanidad por asesinato,
privación grave de la libertad física, tortura, persecución y desaparición
forzada de personas por parte del Estado.
El Estatuto de Roma establece que:
“Artículo
7. …se entenderá por ‘crimen de lesa humanidad’ cualquiera de los actos
siguientes: a) Asesinato;… e)… privación grave de la libertad física…; f)
Tortura;…h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada
en motivos políticos… i) Desaparición forzada de personas;… Por “desaparición
forzada de personas” se entenderá la aprehensión, la detención o el secuestro
de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización,
apoyo o aquiescencia, seguido de la negativa a admitir tal privación de
libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con
la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado.”
También es impreciso el
Procurador Murillo al afirmar que “Iguala
no es el Estado mexicano”. Al igual que el resto de municipios que
conforman el gobierno mexicano (en su nivel municipal), el municipio de Iguala forma
parte del Estado mexicano. Recordemos que la Teoría del Estado convencionalmente
considera al gobierno como elemento formativo del Estado (junto con la
población y el territorio) así como elemento de cumplimiento de los fines del
Estado (junto con el poder público)[5].
Finalmente, hago un
respetuoso llamado a las autoridades investigadoras de este caso a que le den
la seriedad que requiere y no den respuestas que denoten minimización de su
gravedad y cansancio en su labor. Este no es un caso más. Este es el primer
caso en que la sociedad mexicana tiene cero tolerancias a la justicia
selectiva, a la impunidad, a la ineficacia, a la simulación, al carpetazo, al
uso de chivos expiatorios, de cortinas de humo, de montajes televisivos y demás
vicios no poco frecuentes de la justicia mexicana. Si valoran lo poco de
legitimidad y prestigio internacional que aún le queda a la actual
administración, deben aplicar una pronta justicia en casa y evitar la vergüenza
internacional que sería exhibir este caso ante la Corte Penal Internacional en
la Haya.
[1]
Conferencia de prensa del pasado viernes 7 de noviembre de 2014. Ver video de
Gobierno de la República, minuto 55:15 al 55:41: https://www.youtube.com/watch?v=QNcfdHUiP8c
[2] ONU (1998).
Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Depositado en la Secretaría
General de la Organización de las Naciones Unidas. Documento A/CONF.183/9. 66
pp. Roma.
|
[3] Desde el 7 de
septiembre del 2000, México firmó el Estatuto de Roma (ratificado por el Senado
el 21 de junio de 2005), por lo que acepta la competencia de la Corte Penal Internacional
de la Haya. Véase: http://biblio.juridicas.unam.mx/revista/pdf/DerechoInternacional/6/pim/pim39.pdf
[4] Estatuto de
Roma (ONU 1998): “Artículo 12. 1. El
Estado que pase a ser Parte en el presente Estatuto acepta por ello la
competencia de la Corte....”
[5] González González, María de la
Luz (2008). Teoría General del Estado. Ed. Porrúa y Facultad de Derecho de la
UNAM. ISBN 978–970–07–7541–8. 670 pp. México, DF.
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¿CÓMO REEMPLAZAR AL APARATO POLICIACO-CRIMINAL?
(Reproducido de mi columna en Los Angeles Press del 5 de noviembre del 2014)
Los ciudadanos estamos vulnerables al bajo nivel de capacitación de esos policías y militares, estamos expuestos a sus estados de ánimos, a sus acuerdos con el crimen organizado, con la delincuencia común y con gobernantes asesinos; somos vulnerables a las cuotas de extorsión exigidas por sus superiores y hasta a sus niveles de alcohol y drogas consumidas que alteran sus formas de proceder.
Hoy estamos pagando los costos de
haber permitido la implantación de un Estado policiaco: la lista de
desaparecidos y crímenes de Estado va en aumento. Las policías municipales,
estatales y federales en México son un gran riesgo para el ciudadano. Desde el
sexenio de Calderón proliferaron los retenes policiacos y militares a lo largo
y ancho del territorio mexicano con el pretexto de aumentar la vigilancia y la
seguridad –violando con ello el artículo 16 de la Constitución Política de los
Estados Unidos Mexicanos[1].
Similarmente, los patrullajes se intensificaron. El aparato policiaco-militar
ya se adueñó de los principales cruces de caminos, carreteras y calles, así como
de las entradas y salidas miles de poblaciones y puntos intermedios. Hoy tienen
el control absoluto del tránsito del país. Se distribuyeron entre ellos zonas
geográficas y sectores productivos de una forma parecida al reparto de cuotas.
Hoy, ellos saben perfectamente quiénes pasan por dónde en cada punto de nuestra
geografía. Si bien es cierto que existen casos de exitosas detenciones de
delincuentes por esos medios, por otra parte las violaciones a los derechos
humanos han sido por mucho superiores a esos escasos casos de éxito.
Existe una gran heterogeneidad en
los niveles de capacitación y corrupción del personal policiaco y militar,
especialmente de aquellos ubicados en retenes y módulos. Es incierta la suerte
que el ciudadano corre al ser retenido o detenido. Como pueden ser respetuosos
y molestar al mínimo al conductor o peatón, también pueden ser agresivos,
hostigadores, secuestradores y/o asesinos –como sucedió con el reciente caso de
los cuatro jóvenes en Matamoros, con los asesinados en Iguala y con los 43
normalistas de Ayotzinapa secuestrados, por nombrar sólo los casos más
recientes.
Los ciudadanos estamos vulnerables al bajo nivel de capacitación de esos policías y militares, estamos expuestos a sus estados de ánimos, a sus acuerdos con el crimen organizado, con la delincuencia común y con gobernantes asesinos; somos vulnerables a las cuotas de extorsión exigidas por sus superiores y hasta a sus niveles de alcohol y drogas consumidas que alteran sus formas de proceder.
Esto debe cambiarse a partir de
este momento:
1. Deben
someterse a una investigación inmediata
todos los integrantes de policías y del ejército presuntamente asociados
con asesinatos y secuestros, para, en su caso, procesárseles penalmente;
2. Se debe
constituir una policía nacional, única,
con mando único –este punto lo desarrollaré en otro artículo, pues su
definición es harto compleja para abordarse aquí mismo.
3. Se deben desaparecer las policías municipales y
estatales, pues serán reemplazadas por la policía nacional.
4. Promulgar un código de procedimientos policiacos y
militares que cumpla con las garantías individuales y con los
protocolos internacionales de trato respetuoso al ciudadano y con penas muy
altas en caso de incumplimiento (como la prisión mínima de diez años por la más
pequeña falta, como es el caso de los Carabineros en Chile, lo cual explica
parte de su éxito).
5. El código
de procedimientos policiacos y militares debe
al menos garantizar:
a) Que nadie,
que no haya sido sorprendido in fraganti
cometiendo un delito, podrá ser molestado en su persona o en sus propiedades
sin la orden expresa de un juez. Con ello, se
suprimen los retenes policiacos y militares así como las detenciones y
revisiones en patrullajes;
b) Los
policías y militares deberán permitir
que cualquier ciudadano los filme y/o fotografíe en cualquier momento,
estén o no en servicio. Su calidad de servidores públicos así lo exige;
c) Todo
elemento policiaco y militar deberá actuar
inmediatamente ante cualquier hecho delictivo (¡lo ridículo que puede
parecer esto por su obviedad!); su retraso u omisión ante un crimen serán
tratados como traición y serán castigados con severidad;
d) Prohibición a las patrullas de activar sus faros,
sirenas y timbres si no se encuentran en una persecución –ya que suelen
usarlos para intimidar al ciudadano;
e) Un trato respetuoso hacia al ciudadano
ante cualquier situación no delictiva, incluyendo el tono de la voz y la forma
de mirar, así como con un uso proporcional de la fuerza ante la comisión de
delitos;
f) La
totalidad de garantías individuales consagradas
en nuestra Constitución. Para su cumplimiento debe constituirse una defensoría
de derechos humanos independiente y de designación ciudadana. Con ello, la
actual Comisión Nacional de Derechos Humanos quedaría sustituida.
Estos puntos deben ser considerados
en la definición de la agenda ciudadana de quienes hoy nos manifestamos en las
calles. Debemos protestar a todo pulmón y en todas las formas contra estos
crímenes de Estado, sí. Pero con ello no basta. Ello es sólo el punto de
partida para restablecer el funcionamiento del Estado mexicano, lo cual se
logrará con base en el diseño de una clara y concreta ruta de reconstrucción
que se impulse con un muy bien estructurado pliego petitorio –o ruta
constituyente, en caso de continuar la actual negativa gubernamental de
cumplirle al Pueblo.
[1]
Que consagra la garantía individual de que nadie podrá ser molestado en su
persona o sus bienes sin una orden expresa de un juez.
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DESLEGITIMACIÓN DEL ESTADO MEXICANO POR INSUFICIENTE REACCIÓN ANTE AYOTZINAPA: PGR, EJÉRCITO y ONU
(Reproducido de mi columna en Los Angeles Press del 14 de octubre de 2014)
El caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no fue una detención de la policía municipal, sino un secuestro perpetrado por elementos de la seguridad del Estado mexicano. Ese secuestro constituye un crimen de Estado. Un crimen de Estado que no es castigado deslegitima al Estado. Una vez deslegitimado, éste pierde su razón de ser y hay que reemplazarlo inmediatamente.
Los cascos azules los necesitamos más bien nosotros en México puesto que ya reunimos los requisitos que justifican una intervención de las fuerzas de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas, pues tenemos[1]: i) un conflicto bélico real (el Pueblo bajo ataque de un Estado cómplice del crimen organizado); ii) las instituciones del Estado son incapaces de solucionar el conflicto (pues se ha roto la confianza en el ejército mexicano, los cuerpos policiacos y las instituciones responsables de la impartición de justicia), y; iii) existe una sistemática violación a los derechos humanos de la población civil.
El caso de los 43 estudiantes de Ayotzinapa no fue una detención de la policía municipal, sino un secuestro perpetrado por elementos de la seguridad del Estado mexicano. Ese secuestro constituye un crimen de Estado. Un crimen de Estado que no es castigado deslegitima al Estado. Una vez deslegitimado, éste pierde su razón de ser y hay que reemplazarlo inmediatamente.
El nivel de gobierno ejecutor de
este crimen de Estado es el municipal. Sin embargo, al ser la propia autoridad
municipal incapaz de investigar y castigar a los responsables, de acuerdo al
principio de subsidiariedad administrativa la responsabilidad corresponde
escaladamente al nivel estatal y, en caso de persistir dicha incapacidad, la
responsabilidad escala al nivel federal. Así pues, los dieciocho días
transcurridos de los hechos son tiempo suficiente para darse cuenta de que no
se están tomando las medidas en proporción a la gravedad de este crimen de
Estado.
La única ruta para que el Estado
mexicano recupere su legitimidad consiste en la realización inmediata de las
siguientes acciones:
1. La
PGR debe inmediatamente llamar a cuentas –lo que hace tiempo se tenía que haber
hecho-, a los secretarios y generales de la Defensa Nacional y de la Marina
Armada de México, pues sus elementos tienen presencia en todo el territorio
nacional –y en especial en el estado de Guerrero, donde tienen una gran cantidad
de elementos desplegados desde los años sesenta; desde hace décadas,
difícilmente algo se mueve en el estado de Guerrero sin que ellos lo sepan. Los
militares, sin lugar a dudas, poseen información valiosa sobre estos sucesos –y
no sólo sobre el caso Ayotzinapa, sino sobre toda la guerra contra el narco en
México. Los interrogatorios a estas autoridades castrenses revelarán la mayor
parte de nombres de implicados y hechos. En caso de que estos interrogatorios
no revelen información significativa, aún en ese caso deben haber fuertes
consecuencias para las autoridades castrenses, pues ello revelará
incumplimiento de su deber. Estos interrogatorios deben realizarse en audiencia
pública en radio y televisión abierta en cadena nacional a fin de minimizar el
riesgo de extorsiones dentro del proceso.
2. Aprehender
y procesar rápidamente al presidente municipal de Iguala.
3. Aprehender
y procesar rápidamente a todos los elementos de seguridad pública municipal que
intervinieron en el secuestro de los estudiantes.
4. Obtener
la renuncia del gobernador de Guerrero Ángel Aguirre con el fin de que no
interfiera con las investigaciones del caso. La abrumadora cantidad de
señalamientos documentados en su contra constituyen elementos morales
suficientes para retirarle la confianza del encargo de gobernador.
5. Procesar
y en su caso encarcelar al gobernador y demás personal gubernamental que
resultara responsable.
6. Investigar
todas las denuncias que formal o informalmente se hayan realizado ante la
Procuraduría General de la República (PGR) a fin de fincar las
responsabilidades y procesar en consecuencia a los funcionarios de esta
dependencia por su posible negligencia, omisión o encubrimiento al alcalde de
Iguala, al gobernador de Guerrero y a demás autoridades señaladas de colusión
con el crimen organizado.
Cualquier cosa que haga el Estado
mexicano que no comprenda los puntos anteriores será una simple simulación. El
caso argentino es elocuente al respecto. La paz regresó al país (y las
desapariciones cesaron) hasta que se enjuició a los militares responsables de
la guerra sucia de los años setentas y ochentas.
Esta deslegitimación del Estado
mexicano no sólo está teniendo lugar ante los ojos del Pueblo de México, sino
que ahora también a nivel mundial. La tibia reacción del Estado mexicano ante
este crimen de Estado también demuestra al mundo que México sigue sin tener la
voluntad de convertirse en una democracia, con lo que la propaganda oficial
internacional de “Un México que ha
decidido cambiar” se convierte a partir de ahora en una farsa más.
Nuevamente, estamos apareciendo ante el mundo como un país atrasado, sin estado
de derecho, con prácticas salvajes y una corrupción incontrolable a todos los
niveles.
La reciente proposición del
Presidente Peña –secundada por el Senado- de que fuerzas militares mexicanas
participen en misiones humanitarias de Naciones Unidas como cascos azules se
torna ahora inoportuna. Si bien es cierto que la eventual participación de
nuestros militares en estas misiones traería enormes beneficios a nuestras
fuerzas armadas en tanto que les enseñaría mejores procedimientos de respeto a
los derechos humanos, también es cierto que este no es el mejor momento para
esa participación debido a lo reciente de las ejecuciones militares
extrajudiciales en Tlatlaya y la pasividad mostrada por el ejército en
Ayotzinapa.
Los cascos azules los necesitamos más bien nosotros en México puesto que ya reunimos los requisitos que justifican una intervención de las fuerzas de mantenimiento de la paz de Naciones Unidas, pues tenemos[1]: i) un conflicto bélico real (el Pueblo bajo ataque de un Estado cómplice del crimen organizado); ii) las instituciones del Estado son incapaces de solucionar el conflicto (pues se ha roto la confianza en el ejército mexicano, los cuerpos policiacos y las instituciones responsables de la impartición de justicia), y; iii) existe una sistemática violación a los derechos humanos de la población civil.
En caso de que el Estado mexicano
no tome medidas de fondo como las arriba propuestas, será entonces hora de que
la población civil, por medio de organizaciones sociales y grandes
personalidades, solicite directamente a la Asamblea General de Naciones Unidas
se someta a discusión el caso de México. También podemos solicitar a distintos
gobiernos que lleven nuestro caso al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas.
[1]
Véase: http://www.un.org/es/peacekeeping/
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LOS ERRORES FISCALES DE LA REFORMA ENERGÉTICA
(Reproducido de mi columna del 6 de septiembre de 2014 en la Revista Forbes México)
Quiero comenzar por resumir lo que considero son los dos principales riesgos económicos de esta reforma energética: A) La celebración de contratos con particulares extranjeros representa una pérdida neta de ingresos para el país en tanto que el reparto social de los ingresos petroleros al pueblo de México bajará en términos unitarios; esto es, por cada barril de petróleo extraído, el porcentaje de ingresos que el mexicano promedio recibirá de ese barril será menor –insisto, del mexicano promedio; B) la decisión del destino de la mayor parte de los ingresos petroleros presupuestarios la tendrá esencialmente el Presidente de la República. Así, mientras los beneficios sociales del petróleo serán menores por compartirse con empresas privadas nacionales y extranjeras, los ingresos petroleros serían gastados a voluntad del presidente de la República.
Quiero comenzar por resumir lo que considero son los dos principales riesgos económicos de esta reforma energética: A) La celebración de contratos con particulares extranjeros representa una pérdida neta de ingresos para el país en tanto que el reparto social de los ingresos petroleros al pueblo de México bajará en términos unitarios; esto es, por cada barril de petróleo extraído, el porcentaje de ingresos que el mexicano promedio recibirá de ese barril será menor –insisto, del mexicano promedio; B) la decisión del destino de la mayor parte de los ingresos petroleros presupuestarios la tendrá esencialmente el Presidente de la República. Así, mientras los beneficios sociales del petróleo serán menores por compartirse con empresas privadas nacionales y extranjeras, los ingresos petroleros serían gastados a voluntad del presidente de la República.
Esa excesiva concentración de decisiones en el
Presidente de la República en materia energética –sin siquiera consultar al
Congreso- conlleva el alto riesgo de darle un uso sectario o partidista a los
ingresos petroleros –a niveles muy superiores a los hasta ahora vistos. El
manejo de los ingresos fiscales petroleros previsto en esta reforma también posee
una serie de errores que inequívocamente pondrán en jaque a la economía a
partir de unos tres años de una forma similar a lo ocurrido en el sexenio del
ex-presidente José López Portillo. A continuación enumero y fundamento mis
principales cuestionamientos al respecto:
[1] Entre 2013 y 2014 los ingresos de la federación provenientes de PEMEX se redujeron en 67,986 millones de pesos en términos reales (18,266 millones de pesos nominales), equivalente a una reducción real del 5.3% (1.5% nominal), al pasar de 1,292,720 millones de pesos en 2013 a 1,224,734 millones de pesos en 2014. La diferencia entre 2014 y 2013 de los ingresos provenientes de PEMEX equivale al 1.5% de los ingresos de la federación. Cálculos propios con datos de:
1. Aumento de la carga fiscal de PEMEX. Si
bien es cierto que la Ley de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal
2014 refleja una disminución de 5.3% en términos reales en los ingresos de la
federación provenientes de PEMEX[1],
ello no se debe a una reducción de la tasa sino de la base gravable de PEMEX[2]. En
términos prácticos, sin embargo, esta reforma energética[3] aumentará
la actual carga fiscal de PEMEX, ya que no sólo financiará al presupuesto
federal en el (elevado) monto observado en el año 2013[4]
–con lo cual la carga ya sería la misma que sin esta reforma-, sino que además
pagará las asignaciones y los contratos con particulares más una serie de
cargas fiscales adicionales destinadas a fondos, proyectos diversos y,
nuevamente, a la Tesorería de la Federación en caso de obtener excedentes. Por
ello, con esta reforma energética la carga fiscal de PEMEX no será la misma,
sino que aumentará; debilitando, por ello, su capacidad financiera de
desarrollo[5].
Así,
la autonomía financiera que el Gobierno Federal presume que se concede a PEMEX
con esta nueva legislación se anula por la sobrecarga fiscal prevista en la
misma legislación. Existe entonces una contradicción entre lo que dice la
propaganda oficial respecto de formar empresas productivas del Estado con
visión empresarial, si al mismo tiempo se le impone una mayor carga fiscal a
PEMEX.
2. Aumentará el gasto corriente pero muy
poco la inversión. Esta reforma propone que los ingresos
petroleros continúen financiando el gasto público sin un uso estratégico del
dinero, de prácticamente la misma manera como lo ha venido haciendo durante las
últimas cuatro décadas. También los ingresos excedentes del petróleo tienen un
destino poco estratégico, pues predominantemente se destinarán al aumento del
gasto público corriente.
El propio Fondo Mexicano del Petróleo para la Estabilización y el Desarrollo
carece de estrategia. Este fondo será el instrumento de concentración y reparto
de los ingresos petroleros del país a partir del 1 de enero del próximo año[6].
Mientras que en la práctica este Fondo sería un simple medio de recepción de
los ingresos petroleros y realización de pagos, el discurso oficial declara que
este Fondo posee las virtudes de desarrollo y ahorro inter-generacional del Fondo Noruego. Sin embargo, ambos fondos
son esencialmente diferentes debido a que el Fondo Mexicano del Petróleo carece de mecanismos de transparencia y
rendición de cuentas, posee una alta discrecionalidad presidencial en su toma
de decisiones y carece de una estrategia para servir al desarrollo económico y
social del país.
3. Es muy poco probable que las
inversiones de la Reserva del Fondo Mexicano del Petróleo alcancen el largo
plazo. Con las leyes secundarias recientemente aprobadas, el Presidente
de la República tiene la oportunidad de vaciar a su voluntad el ahorro
acumulado en la Reserva del Fondo Mexicano del Petróleo. Los casos previstos en
los que el gobierno federal podrá financiarse con la totalidad de los activos
del Fondo Mexicano del Petróleo tienen una probabilidad muy alta de ocurrir en
el mediano plazo, por lo que es muy poco probable que sus inversiones alcancen
el largo plazo.
Las modificaciones a la Ley Federal de
Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria de la legislación secundaria añaden
que el Gobierno federal podrá disponer de la Reserva del Fondo Mexicano del
Petróleo (su ahorro de largo plazo) en caso de menores ingresos petroleros:
“Artículo 97.- En
caso que, derivado de una reducción significativa en los ingresos públicos,
asociada a una caída en el Producto Interno Bruto, a una disminución
pronunciada en el precio del petróleo o a una caída en la plataforma de
producción de petróleo, y una vez que se hayan agotado los recursos en el Fondo
de Estabilización de los Ingresos Presupuestarios, la Cámara de Diputados podrá
aprobar… las transferencias de recursos de la Reserva del Fondo a la Tesorería
de la Federación para contribuir a cubrir el Presupuesto de Egresos, aun cuando
el saldo de dicha reserva se redujera por debajo de 3% del Producto Interno
Bruto del año anterior.”
Sin
embargo, ¿De cuánto debe ser esa caída? No lo especifica esta Ley, por lo que
la decisión de vaciar los ahorros petroleros de la Nación queda a discreción
del Ejecutivo Federal –especialmente de la Secretaría de Hacienda.
Las
fuertes caídas en el PIB han sido una constante en México. Aunque la reforma
energética no define parámetros sobre en qué porcentaje deben caer los ingresos
públicos para ser considerada una “reducción significativa” ni en qué
porcentaje debe caer el PIB, en la historia económica del país hemos encontrado
recurrentes caídas del PIB. Simplemente, durante los últimos 14 años, lo más
que ha durado la tasa de crecimiento anual del PIB sin caer en más de un 50%
respecto del año previo ha sido tres años; y, de seguir esa tendencia, las
caídas del PIB podrían tener intervalos cada vez más cortos (como está
ocurriendo en la actual administración), con lo que la capitalización del Fondo
Mexicano del Petróleo será una meta prácticamente imposible de alcanzar con
estas leyes.
En lugar de ello:
I.
Debería blindarse a la Reserva del Fondo
Mexicano del Petróleo para evitar su descapitalización. Ello requerirá separar,
con estricta independencia, la función de los ingresos petroleros como estabilizadores
del presupuesto federal de su función de generación de ahorro de largo plazo.
II.
Debería establecerse el criterio de que en
lugar de que el gobierno federal disponga de los fondos petroleros como medida
de disciplina presupuestaria ante caídas de los ingresos federales, antes deberían
recortarse gastos gubernamentales superfluos, como es el caso de comunicación
social y gastos personales; así como recortar los gastos administrativos
innecesarios.
4. Riesgo de desestabilización
macroeconómica. Esta legislación prevé aumentar la carga
fiscal petrolera a medida que aumentan los ingresos del Fondo Mexicano del
Petróleo[7].
Dado que la estructura de gasto de los ingresos petroleros propuesta en esta reforma
energética tiene una fuerte tendencia al gasto corriente, es muy probable que,
lejos de favorecer, ello desestabilice la economía nacional. En términos
macroeconómicos, aumentar desordenadamente el gasto corriente gubernamental tiene
un impacto desestabilizador sobre la economía debido al riesgo inflacionario y
de endeudamiento de los hogares debido a la generación de expectativas.
En lugar de ello, los ingresos petroleros deberían
usarse para elevar los porcentajes de inversión productiva y social,
especialmente aumentando la inversión en salud, educación, pensiones, ciencia y
tecnología y ahorro de largo plazo.
a) La
contribución del Fondo Mexicano del Petróleo al fisco en caso de que aumenten los
ingresos petroleros tiene una tendencia creciente. Esta observación se dirige concretamente
al supuesto previsto en el artículo 96 de la Ley Federal de Presupuesto y
Responsabilidad Hacendaria, que señala que si el valor del ahorro de largo
plazo excede al 10% del PIB, el 100% del incremento se destinará a la Tesorería
de la Federación, esto es, al gobierno federal.
b) Lo
anterior hace que desaparezca la función de estabilización del Fondo Mexicano del Petróleo para la
Estabilización y el Desarrollo, puesto que la estabilización (palabra que
forma parte del nombre de este fondo) convencionalmente lleva implícito un
mecanismo inter-temporal que transfiere excedentes de riqueza de un período superavitario
hacia períodos deficitarios. Insisto: un fondo cumple una función
estabilizadora cuando invierte y ahorra más en tiempos de abundancia para
usarlo en tiempos de escasez. Sin embargo, lo que está plasmado en esta Ley es
exactamente lo contrario: propone aumentar más el gasto corriente cuando hay
mayores excedentes petroleros. Parece que quienes participaron en el diseño de
esta reforma energética desconocen las causas de la crisis del sexenio de José
López Portillo. Justamente estalló por esto[8].
Parece, pues, que a los responsables de esta
reforma, o no les enseñaron historia económica de México o están dispuestos a
llevar al país de nuevo a una crisis económica. En esta ocasión existe, a
diferencia de en los años ochenta, un agravante para lidiar con una eventual
crisis: esta vez la producción de hidrocarburos no será una variable de control
exclusivo de las autoridades económicas mexicanas, pues empresas y gobiernos
extranjeros ya empiezan a formar parte importante del sector.
Por todo lo anterior, esta reforma energética dista
mucho de lo que debería ser una reforma responsable en materia de política
económica. México sí necesita una reforma energética, pero no ésta. No ésta,
con tantos errores macroeconómicos. No ésta, con amnesia histórica.
[1] Entre 2013 y 2014 los ingresos de la federación provenientes de PEMEX se redujeron en 67,986 millones de pesos en términos reales (18,266 millones de pesos nominales), equivalente a una reducción real del 5.3% (1.5% nominal), al pasar de 1,292,720 millones de pesos en 2013 a 1,224,734 millones de pesos en 2014. La diferencia entre 2014 y 2013 de los ingresos provenientes de PEMEX equivale al 1.5% de los ingresos de la federación. Cálculos propios con datos de:
-
DOF (2013) Decreto por el que se expide la Ley
de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2014. Diario Oficial de
la Federación. Ciudad de México.
-
DOF (2012). Decreto por el que se expide la Ley
de Ingresos de la Federación para el Ejercicio Fiscal 2013. Diario Oficial de
la Federación. Ciudad de México.
[2] Principalmente debido a los pronósticos
gubernamentales que prevén continúe la tendencia a la baja tanto del volumen de
extracción de petróleo crudo en México como del precio de referencia de la
mezcla mexicana de petróleo, véase:
SHCP (2013). Criterios Generales de Política Económica
para 2014. Secretaría de Hacienda y Crédito Público. Pp. 67-72:
[3] En los
artículos transitorios décimo cuarto y décimo quinto de la reforma energética
constitucional así como en los artículos 87 al 97 de las modificaciones a la
Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria:
- Diario
Oficial de la Federación (2013). Decreto por el que se reforman y adicionan
diversas disposiciones de la Constitución Política de los Estados Unidos
Mexicanos, en materia de energía. Viernes 20 de diciembre de 2013.
- Decreto por el que se reforman y adicionan diversas
disposiciones de la Ley Federal de Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria.
Diario Oficial de la Federación. 11 de agosto de 2014.
[4] 4.7% del
PIB, art. 93.
[5] Véase al respecto mi artículo publicado el 22 de
junio de 2014 en Los Angeles Press,
en el cual hago un análisis más detallado del Fondo Mexicano del Petróleo: http://www.losangelespress.org/contrapropuesta-al-fondo-mexicano-del-petroleo-propuesto-por-epn/
[6] Artículo segundo transitorio de la Ley Federal de
Presupuesto y Responsabilidad Hacendaria.
[7]
Véase el destino de ingresos excedentes en el Decreto por el que se reforman y
adicionan diversas disposiciones de la Ley Federal de Presupuesto y
Responsabilidad Hacendaria. Diario Oficial de la Federación. 11 de agosto de
2014.
[8]
Literatura económica mínima al respecto:
-
CEPAL (1998). El pacto fiscal: fortalezas, debilidades,
desafíos. Serie Libros de la CEPAL, Nº 47 (LC/G.1997/Rev.1-P), Santiago de
Chile, julio. Publicación de las Naciones Unidas.
-
Dornbusch, Rudiger y Simonsen, Mario
Henrique (1987). Estabilización de la inflación con el apoyo de una política de
ingresos. El Trimestre Económico. México, abril-junio de 1987.
-
Lichtensztejn, Samuel (1984). De las
políticas de estabilización a las políticas de ajuste. Economía de América
Latina, No. 11, CIDE, México, primer semestre de 1984.
-
Prebisch, Raúl (1981). Capitalismo periférico: crisis y
transformación. México, D.F. Fondo de Cultura Económica (FCE).
-
Machinea, José Luis (2001). La crisis
de la deuda, el financiamiento internacional y la participación del sector
privado, serie Financiamiento del desarrollo, Nº 117 (LC/L.1713-P). Santiago de
Chile, Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Publicación
de las Naciones Unidas.
-
Ramos, Joseph (1991). Restauración y
conservación de los equilibrios macroeconómicos básicos. El Trimestre Económico,
No. 229. México.
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