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5 de marzo de 2016

LA TRADICIÓN ANTIDEMOCRÁTICA MEXICANA

Sergio O. Saldaña Zorrilla, Sin Embargo, 16 febrero 2016

Es difícil saber hacia dónde exactamente se dirige el país. Lo que, en cambio, no es tan difícil de saber es que hoy México no va hacia la construcción de una verdadera democracia, y nuestros actuales órganos electorales no nos están ayudando en nada a construirla.

En México existe una tradición antidemocrática. El suelo que hoy da forma a la República Mexicana nunca ha sido democrático. No lo era en tiempos de las civilizaciones precolombinas. Aunque estas, unas más que otras, destacaban en las ciencias, las artes y en su organización social, estaban erigidas sobre un orden jerárquico y autoritario. Ello ayuda a comprender por qué la Conquista fue relativamente sencilla para la corona española. El hábito al orden jerárquico de los pobladores de estas regiones muy probablemente haya facilitado la adopción de un nuevo orden. Ambos bloques de culturas tenían en común el hábito a los órdenes jerárquicos, autoritarios: del Huey Tlatoani y del rey; de la clase sacerdotal y de la Iglesia católica; de la penitencia y de la ofrenda.

Al cabo del siglo XVII, ambas tradiciones jerárquicas se habían prácticamente acoplado. España integró a criollos y, en menor medida, mestizos a la vida española, concediéndoles un trato jurídico y económico de iguales respecto de los habitantes de los reinos de España; a los indígenas, por su parte, los asimiló por medio de la evangelización y la encomienda.

Ahora bien, el Siglo XIX, desde la independencia hasta el Porfiriato, está dominado de un empuje popular cuya agenda contempla la igualdad, la libertad y la democracia. Sin embargo, ese empuje popular no logra la organización de la sociedad desde sus bases. Si bien el inicio de los movimientos armados del Siglo XIX está protagonizado por una pluralidad de clases, las clases populares quedaron fuera de los respectivos acuerdos de paz: igual los que se reunieron la madrugada del 16 de septiembre de 1810 con un estandarte de la Guadalupana; los que marcharon con Morelos al sacrificio; o hasta los indígenas que durante el mandato de Santa Ana incluso llegaron a levantarse defendiendo posturas conservadoras. Lo que al final lograron esos movimientos fue un reacomodo entre élites. Así, la implementación de la democracia y la integración de los grupos marginados al poder siguieron posponiéndose.

Durante el Porfiriato, la apuesta de Porfirio Díaz y sus científicos era clara y entendible: el progreso como condición a la democratización; creía que primero se tenía que realizar una acumulación de capital considerable antes de empezar a redistribuir y sólo después iba a ser posible educar al Pueblo a fin de que la democracia cobrara sentido. El positivismo de la época, la teoría económica clásica y el materialismo dialéctico son interpretaciones complementarias de esa postura. Visto desde el paradigma económico predominante de la época (Marshall, Pigou, etc), el desarrollo económico no puede basarse en la atomización de la propiedad rural ni en la simple producción de materias primas, sino en la concentración de los medios de producción en manos innovadoras.

Así, tierra, trabajo y capital debían alcanzar grandes escalas. Fallidamente, en el Porfiriato ello devino en latifundismo, esclavitud y usura, respectivamente. En su inicio, la apuesta de Díaz tenía no sólo una perfecta lógica, sino probablemente también buenas intenciones. Sin embargo, la propiedad de los medios de producción fue tomada ya sea por hacendados (en uso de su tradición jerárquica), o de anglosajones (abiertamente respaldados por sus potencias). Por ello, Porfirio Díaz poco podía extraerles de solidaridad social hacia el país y la democratización era un proyecto que cada día se posponía más y más.

 Ese tránsito que nunca ocurrió hizo que su proyecto modernizador no sólo se estancara, sino que abortara por completo: tuvo que conformarse con la simple producción de materias primas y administrar la concentración extrema de la riqueza. Esa trenzada estructura de élites del Porfiriato fue principalmente la que le impidió al Estado recaudar los impuestos suficientes para emprender una cruzada educativa y demás mecanismos que cerraran la brecha social. La falta de educación del pueblo mexicano era lo que, en el fondo, motivó a Díaz a considerar que México nunca estuvo listo para la democracia.

La Revolución Mexicana fue protagonizada por el pueblo. Sin embargo, sus líderes fueron asesinados, quedando el país nuevamente en manos de una élite que tampoco quiso la democratización. El gran triunfador de la Revolución Mexicana fue Álvaro Obregón, quien no representaba ideales populares ni mucho menos democratizadores. Así, los gobiernos posteriores a la revolución de 1910, y a pesar de la cruzada vasconcelista, tampoco lograron alcanzar la democracia.

Luego de la Revolución Mexicana, en los pocos enclaves del país en donde la educación logró exitosos resultados a más amplios sectores del pueblo, surgieron demandas democratizadoras genuinas. Gracias a esa difusión educativa, entendieron los procesos revolucionarios del pasado como los escalones hacia la desconcentración del poder y el ascenso más generalizado del pueblo al poder. Ahí, sin embargo, el Estado cooptó o reprimió.

En momentos de la historia como en 1958 con el movimiento ferrocarrilero, en 1968 con el movimiento estudiantil, en 1971 con el movimiento periodista, en 1988 con el Frente Cardenista de Reconstrucción Nacional (FCRN), hemos observado la lucha de un notable sector del pueblo que creyó en la democracia. Similar a la frustración que la contraorden genera en cualquier adiestramiento, una resentida decepción se incubó en los miembros de todos esos movimientos, la cual después se convirtió en pesimismo. Desde los años noventa, quienes demandaban democracia en México más bien ya han bajado los brazos –o se han asimilado dentro de partidos políticos que, como el Partido Acción Nacional (PAN) y el Partido de la Revolución Democrática (PRD), hoy ya sólo sirven de comparsa al gobierno para impedir la democratización del país y montar una farsa democrática ante el Pueblo mexicano y el mundo.

Tomar conciencia de que en México nunca ha habido una democracia real no debe incubar en nosotros el sentimiento fatalista de impotencia para cambiar nuestro destino; estar conscientes de ello debe, en cambio, empujarnos a la pronta construcción de nuestra democracia. Tal vez desde los años noventa, México ha carecido de rectores intelectuales de la democracia (a quienes no debemos confundir con los técnicos que diseñaron el Instituto Federal Electoral, IFE, y demás artefactos institucionales que sólo dan forma y nunca han dado fondo a la democratización).

La democratización de un pueblo no consiste, como ya hemos vivido en este país, en el asignar presupuestos millonarios y una estructura ridículamente aparatosa como la que hoy tienen el Instituto Nacional Electoral (INE) y los tribunales electorales. La democratización consiste en la presión incesante que la sociedad civil debe hacer hoy para derrumbar al actual aparato electoral y reemplazarlo por órganos electorales ciudadanos, austeros e independientes; independientes del gobierno, de partidos políticos, de empresas, de gobiernos extranjeros y de cualquier otra fuerza.

Necesitamos órganos electorales que tengan la independencia y el valor para anular elecciones, cancelar registros de partidos y descalificar candidatos ante pruebas de actos de corrupción, compra y coacción del voto, campañas anticipadas, financiamientos ligados al crimen organizado y al desvío de dinero público (robo) de los gobernadores de los estados y demás crímenes a la voluntad popular. Los órganos electorales actuales son incapaces de actuar en favor de la democratización del país; hoy actúan bajo órdenes del gobierno y de sus acuerdos con los partidos, para consumar así, una y otra vez, el aborto democrático. Estemos claros: los actuales órganos electorales mexicanos tienen secuestrada la democracia y debemos reemplazarlos.

@SergioSaldanaZ

25 de diciembre de 2015

TREGUA POR NAVIDAD

Esta noche siento un México exhausto, que ha decidido hacer una tregua por esta navidad. Siento un México harto de otro año más de ofensas por parte de un gobierno corrompido; Siento un México indignado y, aunque muy herido, en pié de guerra. También siento esta noche un México que necesita un respiro, reconfortarse aunque sea sólo por esta noche. No, no les pido la reconciliación ni el perdón. Por el contrario, les pido recobrar fuerzas para retornar con más contundencia.

Sí, a veces se necesita una tregua; hasta los ejércitos de la Segunda Guerra Mundial pararon un instante en esta fecha. Para algunos esta guerra comenzó el 26 de septiembre de 2014; para otros el 1 de diciembre de 2012; para otros el 6 de julio de 2006; para otros el 1 de enero de 1994; y para otros, como yo, nunca ha habido paz. Como sea, estamos en guerra.

Esta nochebuena me uno a la tregua; pero no para bajar la guardia, sino para retomar aliento y reorganizar la estrategia porque el enemigo sigue ahí.

A todos sólo quiero pedirles una cosa: mantengamos la fé. La fé lo puede todo y el poder de Dios es infinito. Esta noche yo le pido con todas mis fuerzas a Dios que nos ayude a liberarnos de esta casta de criminales que hoy gobiernan México.

Les pido a todos que en el seno de sus hogares hagan una plegaria a Dios y a su hijo, Jesucristo, nacido en esta fecha, para pedirles que nos ayuden a lograr que se vayan todos los que mantienen a nuestra Patria en esta tortuosa noche y que por fin amanezca.

Sergio O. Saldaña Zorrilla
‪#‎FrenteRefundacion‬
24 de diciembre de 2015

21 de julio de 2015

FRAUDE ELECTORAL EN CHIAPAS

De la jornada electoral del domingo 19 de julio en Chiapas quedan varias cosas clarísimas:

1. El gobernador del estado de Chiapas Manuel Velasco Coello y su Partido Verde cometieron todos los delitos electorales previstos en el COFIPE;
2. Los chiapanecos ya estamos hartos del gobernador Velasco y del Partido Verde;
3. En estos momentos el instituto estatal electoral de Chiapas ha dado por desaparecidas una enorme cantidad de actas electorales y están ajustando toda la documentación para perpetrar fraudes múltiples a la elección en los distritos donde la compra del voto no les alcanzó para ganar.

Podré diferir con los candidatos que la mayoría del Pueblo chiapaneco eligió pero finalmente es su decisión y hay que respetarla. En Tuxtla Gutiérrez está clarísimo el triunfo de Francisco Rojas y aún así el fraude está implementado.


Como ya lo he documentado suficientemente en diversos artículos, los órganos electorales de este país están corrompidos hasta el tuétano y sólo obedecen a gobernadores y al presidente. De ahí que la lucha legal sea insuficiente.

A este gobernadorcito sólo se le podrá frustrar su fraude en la medida que haya una condena de la sociedad mexicana en general tal que le haga peligrar sus aspiraciones a -Dios nos libre- Presidente de la República.


La batalla legal contra este fraude tendrá que darse con toda la técnica jurídica necesaria, pero para que surta efecto en este país sin estado de derecho, además deberá acompañarse de una ágil comunicación hacia la sociedad en todas partes del país. Este es sólo el primer paso; el siguiente paso será purgar los órganos electorales chiapanecos y someter a sus actuales consejeros a investigación y proceso legal.

Aún falta ver hasta dónde están dispuestos a llegar los candidatos agraviados con estos fraudes. En la elección pasada por la Presidencia Municipal de Tuxtla Gutiérrez ganó Carlos Morales (PRD) pero impusieron por fraude electoral a Samuel Toledo (PRI). El gobierno del estado de Chiapas le ofreció a Carlos la Secretaría de Medio Ambiente a cambio de desistir y el perredista la aceptó.
Moraleja: No siempre sirve meter las manos al fuego por una clase política que en su casi totalidad está putrefacta y corrompida. Sin embargo, que esta lucha no sea por un candidato o por otro; que esta lucha sea por la democratización de Chiapas y de todo México.

1 de junio de 2015

LA ACEPTACIÓN DE LA VERDAD

La verdad, como la libertad, no la aceptan todos. Revelar una farsa genera dos resistencias: la del inocente y la del culpable. Es como revelar que Santa Claus no existe: hay niños que se enfadan negándolo mientras que si se hiciera público los empresarios navideños no estarían tan contentos. Lo mismo pasa con la farsa democrática. A veces creo que muchos no están preparados para conocer la verdad. Hay quienes la niegan sólo por el rubor que les produce internamente el reconocer que han adorado un ídolo de barro. Antes que reconocer que se han equivocado, prefieren defender la farsa, la mentira, la creencia. Tenemos que madurar como sociedad. La búsqueda -y aceptación- de la verdad es parte del proceso de maduración social. En esa búsqueda podemos equivocarnos, pero nunca permitirnos dejar de buscarla.


8 de mayo de 2015

LA FARSA DEMOCRÁTICA EN MÉXICO

(Reproducido en mi columna de la Revista Forbes México del 12 de mayo de 2015)

Por: Sergio O. Saldaña Zorrilla*


Prefacio
La decisión  de publicar este artículo no me fue fácil. Tengo una relación cordial con muchos actores involucrados a quienes quizás no les agrade la dureza de mi argumentación. Sin embargo, si la civilización en México ha de subsistir, debemos romper con la sistemática tolerancia a la violación de los preceptos democráticos de la que, pasiva o activamente, son cómplices quienes no llaman a las cosas por su nombre. Si nos mostramos blandos en la crítica hoy que el Estado mexicano se cae en pedazos, mañana recaerá sobre nosotros la responsabilidad histórica de no haber diseñado una ruta para refundarlo. No diseñar un nuevo orden implica necesariamente la repetición de la historia; y en nuestro caso, de una muy trágica historia.

Me parece que el resultado de las elecciones del 7 de junio de 2015 será resultado de acuerdos entre los partidos políticos y el gobierno federal. Los partidos podrían ocupar un número de cargos sin corresponder necesariamente al número de votos que obtengan en las urnas. Una vez electos, los diputados de cada partido simularán en tribuna defender con su discurso a uno u otro ideal pero finalmente las votaciones en el congreso seguirán yendo en la dirección que la presidencia de la república señale. En ese caso, el sistema político mexicano seguirá representando una farsa democrática. Ante ello, la anulación del voto en las próximas elecciones me parece una repuesta eficaz. Mis argumentos y fundamentos a continuación.

La falta de independencia de partidos y órganos electorales

Es muy probable que las próximas elecciones sean un fraude porque existe abundante evidencia de que las dirigencias de los partidos políticos y los consejeros del Instituto Nacional Electoral (INE, antes IFE) fueron decididos desde Los Pinos. Esta vez no será un fraude a algún partido político e, indirectamente, al Pueblo; esta vez será directamente al Pueblo. La intervención de la presidencia de la república en la elección del presidente del Partido Acción Nacional (PAN) está bastante documentada[1]; lo mismo con la del Partido de la Revolución Democrática (PRD) [2]; en el caso del Partido Revolucionario Institucional (PRI)… quizás salga sobrando documentar al respecto. Entonces, si las dirigencias de los partidos le deben el cargo al presidente, no es difícil advertir que estos partidos no tienen independencia para decidir a sus candidatos; es muy factible, entonces, que los candidatos de los partidos sean sólo aquellos autorizados por la Presidencia de la República.

A su vez, las dirigencias de estos partidos son las que han ido decidiendo a los consejeros del INE, pactando entre ellos cuotas de cada partido al interior del Consejo General del INE[3]. Así, el INE tampoco es independiente, sino dependiente de las dirigencias de los partidos políticos, las cuales a su vez tienen una deuda con el presidente de la república. Lo mismo ha sucedido con los magistrados del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF, o TRIFE) y de los tribunales electorales locales[4], los cuales son los encargados de resolver las controversias legales en los procesos electorales.

Entonces, tanto los candidatos, como los árbitros (INE) como los jueces (TRIFE) de la elección son decididos por la presidencia de la república. Así, mientras la selección de candidatos al interior de los partidos no es objetiva, ni imparcial, ni independiente debido a que las dirigencias de, al menos, los tres grandes partidos provienen de Los Pinos, igualmente, cualquier controversia o impugnación sobre el proceso y la jornada electoral tampoco tiene garantizada la objetividad ni mucho menos la imparcialidad de estos órganos electorales por provenir sus consejeros y magistrados igualmente de Los Pinos[5]. Lo anterior no quiere decir que todas las decisiones del INE y del TRIFE vayan necesariamente en beneficio del partido en el poder; hace tiempo que los fallos favorables se negocian entre los partidos y el ejecutivo federal (y no de acuerdo a la ley ni a la voluntad popular, como debe ser en un sistema democrático). La falsa sensación fabricada para el ciudadano sobre un reparto del poder entre partidos electos por el Pueblo es la esencia de la farsa democrática actual en México, pues el poder público se reparte sólo a voluntad de la presidencia de la república y no del Pueblo.

Así, se han encendido dos señales de alarma de la lucha por la democratización en México: 1) Al ser decididas desde la presidencia de la república las dirigencias de los partidos mayoritarios, estos partidos no representan a la mayoría del Pueblo, por lo que no existe la representatividad democrática en México; 2) La existencia de un pacto no escrito entre los partidos mencionados en el que, de facto, se le permite el uso del poder a una sola persona (al presidente de la república) para controlar el resultado de las elecciones, son síntomas de la instauración de una dictadura. Fundamentemos lo anterior, pues alguien con razón aparente podrá objetar que una dictadura es algo mucho peor (como aquel que dijo que los sucesos de Iguala del 26 de septiembre de 2014 no son un crimen de Estado, que “crimen de Estado es algo mucho más grave”[6]). Así define Ignacio Molina (2007[7]) la dictadura:



“Dictadura es una forma de gobierno en la cual el poder se concentra en torno a la figura de un solo individuo o élite, generalmente a través de la consolidación de un gobierno de facto, que se caracteriza por una ausencia de división de poderes, una propensión a ejercitar arbitrariamente el mando en beneficio de la minoría que la apoya, la independencia del gobierno respecto a la presencia o no de consentimiento por parte de cualquiera de los gobernados, y la imposibilidad de que a través de un procedimiento institucionalizado la oposición llegue al poder”.



Opositores farsantes

Esta farsa democrática tiene muchos cómplices. La base de esta farsa son los políticos a modo del presidente, los cuales, sin el más mínimo respeto por la democracia, aprueban sin leer todo lo que el presidente envía al congreso; este bloque es evidente y está integrado por los legisladores del PRI, del Partido Verde Ecologista de México (PVEM) y del Partido Nueva Alianza (PANAL). El resto de la farsa la constituye el bloque de legisladores del PAN y del PRD, quienes, bajo pretextos siempre inverosímiles, alternadamente se unen al bloque de los legisladores del presidente para aprobarle todo también. Los legisladores aparentemente en contra –incluyendo a los de partidos pequeños- toman la palabra para contradecir las iniciativas presidenciales; su discurso en tribuna pronto parece convertirse en un predicar en el desierto en una alegada defensa de las mayorías de este país en medio de un huracán de legisladores abiertamente serviles al presidente que terminan por ganarles cada ronda de votación. 

Pero, ¿por qué las figuras de oposición no salen a la opinión pública a denunciar esto? ¿No brillarían más si empujaran una verdadera democratización y denunciaran esta farsa convocándonos a todo el Pueblo a exigir juntos la democratización por medio de una movilización histórica? Después de todo, sus partidos disponen de una estructura territorial para movilizarnos si ellos quisieran. Ello sería la prueba irrefutable de que no son unos farsantes y de que en verdad son nuestros representantes. Sin embargo, no lo hacen porque les conviene, no los dejan o simplemente porque se conforman con interpretar el papel de víctimas del parlamentarismo en esta farsa, que no es más que una obra de teatro.

Para esta obra, ellos luchan entre sí –por medio de las elecciones- para quedarse con el papel de parlamentario opositor; para interpretar el papel del que se desgañita en tribuna defendiendo al pobre Pueblo del infame tirano; tirano al que reiteradamente expresan su coraje para ganar credibilidad. Que ese papel lo interpreten ellos y no otros en nada cambiará nuestras vidas ni la de la Nación. Eso solamente es relevante en la vida personal de ellos, que acrecentarán su fama personal. Las elecciones internas para esas candidaturas de oposición parecen cumplir más bien la función de casting de selección de actores. El guión ya está escrito; sólo tienen que competir entre ellos. Una vez electos, ellos no pueden modificar sus líneas de los diálogos de la obra –sólo el estilo personal. 

Así, las figuras de oposición hacen las veces de válvulas de escape de la presión social, a través de las cuales se calma el ansia popular, pues nos hacen sentir que alguien ya llevó nuestra voz a las más altas tribunas de la Nación. Luego del fracaso al proponer una iniciativa popular, en entrevistas nos dicen: “lo intentamos, soy un convencido de que la próxima vez sí lo logremos”, invitándonos siempre a seguir apoyándolos votando por ellos. Puedo comprender las motivaciones de estas figuras de oposición; para ellos esto es una carrera profesional, con prestigio, privilegios y cuya remuneración suele ser tan buena como la de un parlamentario del partido oficial –o incluso mayor, dependiendo de su papel relativo al interior del grupo parlamentario a que pertenezcan. Todos, con diferentes papeles y vestuarios: actores de la misma farsa.

El caso del Partido Movimiento Regeneración Nacional (MORENA) es el mismo. Aunque este partido dará la lucha, sólo le reconocerán algunas posiciones; las suficientes para que el Pueblo crea que alguien lleva su voz a tribuna, pero menos de las necesarias para que se aprueben sus iniciativas populares. Si las elecciones se definirán nuevamente en Los Pinos y Gobernación, me queda la impresión de que a MORENA se le ha invitado a un fraude electoral en forma de Pacto de Caballeros; me queda la impresión de que MORENA aceptó esa invitación y que, aunque van a presionar muy fuerte para que les reconozcan sus triunfos (como lo hacía la oposición –de izquierda y de derecha- de los años setenta en una mezcla de heroísmo y mendicidad), al final se tendrán que conformar.

Los seguidores de MORENA me parecen el elemento más vulnerable de esta farsa porque los avances de su partido este 2015 les darán falsas esperanzas. En el 2018 nuevamente no los dejarán pasar a la presidencia, luego de lo cual sus líderes volverán a invitar a sus seguidores a desfogarse en marchas y plantones y, un mes después, refunfuñando todos, les pedirán continuar con sus vidas. Sus líderes, no obstante, habrán arrebatado a otros partidos los papeles estelares de líderes del pueblo en el congreso.

Anulación del voto

Así las cosas, en las elecciones del 7 de junio próximo ¿debemos votar, abstenernos, anular el voto, boicotear las elecciones o qué hacer? Para efectos legales, ni la abstención, ni la anulación del voto ni el boicot electoral tienen posibilidades reales de anular la elección[8]. Partidos y gobierno ya se aseguraron que la legislación electoral posibilite que las elecciones sean válidas así sea con un solo voto (además de que ellos controlan el TRIFE[9]).

Para efectos morales, en cambio, la abstención, anulación y boicot sí serán cachetadas con guante blanco al sistema político mexicano actual. Su impacto sería indirecto. Una cachetada con guante blanco surte efecto directo sólo cuando quien la recibe tiene un mínimo de moral –y por tanto de vergüenza- y reacciona ante ello corrigiendo su actuar. Sin embargo, el gobierno y sus partidos carecen de moral y de vergüenza, por lo que la medida no tendrá gran impacto directamente en ellos. 

El impacto de estas acciones provendrá de su eco al interior de cada hogar en el país así como por su alcance internacional. El mensaje de deslegitimación será difundido entre nosotros a todos los mexicanos así como por todos los medios a todo el mundo. Esto fortalecerá la unidad de la sociedad mexicana para exigir con más fuerza la democratización del país. A través de nuestros relatos, estas acciones se traducirán en millones de mensajes a nuestros familiares, vecinos, amigos, redes sociales y por múltiples declaraciones a medios nacionales y extranjeros.

Entre las acciones mencionadas, creo que la mejor es anular el voto. El voto se anula al: i) Escribir un mensaje en la papeleta; ii) Marcar en la papeleta a más de un candidato, o; iii) Depositar en blanco la papeleta en la urna. Ello, además de ser perfectamente legal, será un mensaje pacífico y claro. En contraparte, abstenernos de votar sólo alimentaría el argumento de que nos quedamos viendo el futbol; mientras que boicotear las elecciones –ya sea pacífica o violentamente- abre la puerta a caer en provocaciones del propio gobierno y sus partidos (no necesitamos más mártires en México; los 120 mil de los últimos diez años ya son suficientes).

Existe un no-estructurado pero generalizado repudio de la sociedad mexicana a esta farsa democrática. Este repudio se ha ido manifestando por etapas: la primera fue (y es) la “Acción Global por Ayotzinapa”; la segunda el “Aristegui se queda”; y la tercera son estas elecciones. Mientras el guión de esta farsa está muy claro, el nuestro no está escrito; en ello radica nuestra ventaja.








* Doctor en Ciencias Económicas y Sociales por la Universidad de Economía de Viena (WU-Wien), en Austria, ex-funcionario de la ONU (CEPAL) y miembro del Sistema Nacional de Investigadores (SNI) del CONACYT. Twitter: @SergioSaldanaZ

[1] “El PAN ya no es oposición; ‘Peña sí cumple’, Madero”. Documental. Revista Proceso. 11 de mayo de 2013. http://www.proceso.com.mx/?p=341740
“PAN cogobierna con Peña Nieto”, entrevista de El Universal a Gustavo Madero del 21 de abril de 2014: http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2014/entrevista-el-pan-cogobierna-con-penia-nieto-como-nunca-madero-1004845.html
[2] La campaña de Carlos Navarrete a la presidencia del PRD fue apoyada por Ángel Aguirre:  http://m.eluniversal.com.mx/notas/columnistas/2014/10/109432.html; y Ángel Aguirre, a su vez, apoyó la campaña de Peña Nieto: http://www.elfinanciero.com.mx/nacional/el-perredista-que-apoyo-a-pena-nieto.html
[3] “El INE, en crisis por intervención de partidos en elección de Consejeros”. Reportaje de El Universal del 31 de marzo del 2015: http://www.redpolitica.mx/elecciones-2015/ine-en-crisis-por-intervencion-de-partidos-en-eleccion-de-consejeros
“Elección de consejeros del INE tuvo el respaldo de partidos”. Azteca Noticias, 23 de febrero del 2015: http://www.aztecanoticias.com.mx/notas/mexico/213765/eleccion-de-consejeros-del-ine-tuvo-el-respaldo-de-partidos
“Expertos: cuotas de partidos tienen al INE en crisis”. Reportaje de El Universal del 25 de febrero del 2015: http://www.eluniversal.com.mx/nacion-mexico/2015/expertos-cuotas-de-partidos-tienen-al-ine-en-crisis-1079903.html
[4] Los magistrados del TRIFE son elegidos por el Senado por medio de ternas propuestas por la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) (y a su vez, los ministros de la SCJN son propuestos a votación del Senado por ternas propuestas por el presidente de la república). Al respecto de la elección de magistrados del TRIFE, véase la Ley Orgánica del Poder Judicial de la Federación, Art. 198: http://info4.juridicas.unam.mx/juslab/leylab/171/200.htm
Respecto de la elección de los magistrados locales, consúltese la Ley General de Instituciones y Procedimientos Electorales, Art. 108: http://dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5345952&fecha=23/05/2014   
[5] Aquí podrán objetar muchos, en especial los magistrados del TRIFE, que ellos son gente de carrera, que estudian y se preparan mucho día con día. Tienen razón; Eso yo no lo podría objetar en la mayoría de los casos. El elemento que, en contraparte ellos no me podrán objetar, es que al ser ellos postura de alguien dejan de ser independientes en sus fallos: su conciencia ya no es libre.
[6] Al respecto, véase mi respuesta al ex-procurador Murillo Karam al respecto: http://www.losangelespress.org/senor-procurador-iguala-si-es-el-estado-mexicano/
[7] Molina, Ignacio (2007). Conceptos fundamentales de Ciencia Política. Alianza Editorial. ISBN 84-206-8653-0.
[8] Véase el art. 75, incisos a), b), c), d), e), f), g), h), i), j) de la Ley General del Sistema de Medios de Impugnación en Materia Electoral (LGSMIME), los cuales describen todas las causales específicas de nulidad de la votación recibida en casilla, mismas que no contemplan ni la anulación del voto ni la abstención electoral. Si bien el art. 77 de la misma LGSMIME considera que la no instalación de al menos 20% de las casillas en un distrito electoral federal es causal de nulidad de la elección del diputado del distrito correspondiente, impedir que se instalen esas casillas conlleva un alto riesgo de tensión o incluso violencia innecesaria. Innecesaria porque, aun si con ello se lograra anular la elección en algún distrito, puede hacerse efectiva la Tesis LXXII/98 del TEPJF, la cual contempla la expedición de convocatoria para organizar una nueva elección en ese distrito –y así, tantas veces como sea necesario hasta elegir diputado.
http://www.te.gob.mx/ccje/Archivos/presentaciones_capacitacion/sistema_nulidades.pdf

[9] Si bien la Tesis X/2001 y Sentencia SUP-JRC-165/2008 del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación contempla la invalidez de una elección por violación a principios constitucionales (como la falta de independencia de la autoridad electoral, aquí demostrada), ello queda sujeto a interpretación de la Sala Superior del TEPJF; y ya expliqué a quién se deben sus magistrados. Insisto, el laberinto no es sólo legal, también es político.


VIDEO "La Farsa Democrática"