Mostrando entradas con la etiqueta PGR. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta PGR. Mostrar todas las entradas

2 de febrero de 2016

LA COMPLICIDAD DE LA SHCP CON EL CRIMEN ORGANIZADO

La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP), al no investigar, se ha convertido en parte de la red de cómplices del crimen organizado que desde hace años está haciendo pedazos al país. Las omisiones de la SHCP encubren al crimen organizado porque, disponiendo de todos los recursos humanos y financieros necesarios, no genera los elementos de prueba para identificar a los responsables del abrumador lavado de dinero de narcotraficantes, políticos, empresarios, funcionarios públicos así como de mandos medios y altos del ejército y policías en el país (el lavado de dinero no se limita al narcotráfico; también abarca las rutas de salida de dinero proveniente del desvío de recursos públicos robados por funcionarios públicos, gobernantes, legisladores y empresarios). En política no existen las casualidades; estas omisiones tienen lugar por órdenes expresas.
No es casualidad que la SHCP no elabore matrices de consistencia entre los ingresos y los gastos de Enrique Peña Nieto, Miguel Ángel Osorio Chong, Luis Videgaray Caso, así como de los demás miembros del gabinete y sus respectivas familias, aun cuando existe abrumadora evidencia pública que sugiere el enriquecimiento inexplicable e ilegal de estos sujetos.
Tampoco es casualidad que ahora que recapturaron a Joaquín “El Chapo” Guzmán no le han incautado una sola propiedad, no le han decomisado una sola tonelada de drogas, no le han intervenido una sola cuenta bancaria: ni a él, ni a alguien de su familia, allegados, empresarios, políticos, funcionarios, militares, policías y demás cómplices que conforman su red de operadores.
El encubrimiento de la SHCP a los delincuentes de este país alcanzó un nivel superior de descaro ahora que recientemente detuvieron al ex Gobernador de Coahuila Humberto Moreira en España. El gobierno español, aún con la precariedad que la distancia y la otredad implican para conducir una investigación como ésta, sí pudieron (y quisieron, al menos al inicio) integrar elementos financieros de prueba para someterlo a un proceso judicial por lavado de dinero, lo cual la SHCP nunca tuvo siquiera en sus planes hacer.
Además, tanto la SHCP como los órganos electorales mexicanos correspondientes fueron –y son aún- omisos respecto de las abrumadoras pruebas del ilegal apoyo financiero de, entre otros gobernadores en su momento- Humberto Moreira a la campaña de Enrique Peña Nieto. Lo anterior se replica en la totalidad de campañas electorales de al menos los últimos quince años.
La complicidad de la SHCP y el resto de la administración pública federal rebasó todos los umbrales del cinismo en la campaña electoral de 2012, donde existe abrumadora evidencia de toda clase de desvío de recursos públicos (Moreira, Murat, Herrera, Sabines, etc.) y privados ilícitos (Soriana, Monex, el Chapo, etc.) hacia las campañas, incluyendo a la empresa española OHL, que hoy además se beneficia de multimillonarios contratos gubernamentales y negociaciones con funcionarios para estafarnos doblemente a los usuarios de autopistas.
Para sostener intactas las redes del crimen organizado en México, la SHCP se coordina cínicamente con los tres poderes de la unión en sus tres niveles de gobierno. Sin la coordinación entre todas sus instituciones, esta complicidad no sería posible. Existe entre los titulares de todas estas instituciones una especie de código de no rajar, como en la mafia, para encubrir a criminales y a sus socios empresarios, políticos y funcionarios públicos. Las dependencias clave para esta coordinación financiera son:
i) La Comisión Nacional Bancaria y de Valores (CNBV), cuyo mandato incluye el encabezar las labores de inteligencia financiera del gobierno, pero que a juzgar por sus resultados más bien me parece que se dedican a borrar pruebas de lavado de dinero (así como a ser omisos en la prevención de fraudes financieros a ahorradores, como el reciente caso FICREA);
ii) La Secretaría de la Función Pública (SFP), encabezada por un mamarracho colaborador de Peña, impresentable de pies a cabeza;
iii) La Procuraduría General de la República (PGR), encabezada por la hermana de un vicepresidente de Televisa y bajo cuya batuta en nada ha mejorado la procuración de justicia desde que reveló al tristemente célebre autor del “ya me cansé”;
iv) Los Tribunales correspondientes del Poder Judicial de la Federación (PJF), cuyos jueces se dedican a mirar para arriba cuando deberían girar órdenes masivas para detener sospechosos –y si se sienten intimidados por los criminales, como suelen justificarse, pues que mejor renuncien y se dediquen a otra cosa (pero son tan miserables que, conscientemente, optan por seguir dañando al país);
v) La Comisión Nacional de Seguridad Pública (CNSP), cuyo titular lleva décadas con acceso a información privilegiada: él debe saber perfectamente quienes lavan dinero en este país, pero esa información, a juzgar por los hechos, la usa sólo para seguir protegiéndolos;
vi) El Poder Legislativo, que aun cuando algún legislador llegue a expresar en tribuna su inquietud por actuar al respecto, en los hechos la mayoría de diputados y senadores empantanan la consumación de una sola acción real para actuar al respecto, limitándose a simular preocupación por medio de la creación de supuestas comisiones para analizar equis o ye escándalo de corrupción: grotescas farsas todas estas comisiones.
La solución
Si el actual gobierno mexicano fue puesto en el poder por actos de corrupción y se sostiene ahora gracias a esta red de complicidades, es por demás ridículo esperar que este mismo gobierno mueva un dedo contra la corrupción y el crimen organizado. Tampoco a un gobierno extranjero le interesa hacernos justicia, pues los países que podrían intervenir actualmente se benefician de esta corrupción general para hacer formidables negocios con México. Algo similar sucede con los organismos internacionales, los cuales se financian con las cuotas pagadas por sus estados miembro, como México, por lo que no se arriesgan a tomar la iniciativa para exigir justicia; Sin embargo, la credibilidad mundial de estos organismos quedaría por los suelos si no hicieran caso a una petición de un amplio sector de la población de un Estado miembro, lo cual nos abre una oportunidad de justicia.
La única ruta viable para hacer justicia en actos de corrupción en México es que la sociedad civil organizada tome la iniciativa de exigir procesos judiciales ante la ONU. Esto demanda analizar detalladamente los elementos de éxito de los casos de Guatemala e Italia: de Guatemala para forzar la instalación de una comisión especial de la ONU para investigar y con facultades para co-juzgar; de Italia para abrir Maxiprocesos.
Un Maxiproceso (en italiano: Maxiprocesso) es un término que proviene de un proceso penal que inició en Palermo (Sicilia), Italia, a mediados de los años 1980, para poner fin al entonces insostenible contexto político de corrupción, asesinatos, extorsión y financiamiento ilegal de los partidos políticos. Por este proceso fueron declarados culpables cientos de acusados por una multitud de delitos del crimen organizado, acusaciones basadas principalmente en el testimonio de informantes clave.
El éxito de estos juicios se debió a una serie de negociaciones en la que muchos inculpados testificaron en contra de sus antiguos socios a cambio de atenuar sus condenas. Este proceso provocó un notable descenso en el tráfico de drogas y una fractura financiera a toda la estructura del crimen organizado en Italia. Este maxiproceso y su secuela, el Proceso Manos Limpias (Mani pulite, en italiano), llevó ante la justicia incluso a conocidos empresarios, ministros en activo, así como a tantos diputados y senadores que en ocasiones el Congreso llegó incluso a carecer de quórum para sesionar. Es por ahí.
Twitter @SergioSaldanaZ

18 de noviembre de 2014

RESPONSABILIDAD DEL EJÉRCITO EN CRÍMENES DE AYOTZINAPA: INTERROGUÉMOSLO

Por: Sergio O. Saldaña Zorrilla

La responsabilidad del Ejército mexicano en los crímenes de Ayotzinapa es clara. Por ello debe llamársele a interrogatorio público. Si bien el pasado jueves 13 de noviembre el Gral. Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), se reunió con diputados integrantes de la Comisión sobre el caso Ayotzinapa, esta reunión fue en privado y, a juzgar por las declaraciones de prensa de los legisladores al final del encuentro, me parece que tanto el tono como el contenido de dicha reunión fueron como un día de campo para el Gral. Cienfuegos[1]. Yo esperaba mucho más de los integrantes de esta comisión. Sea por falta de preparación sobre el caso por parte de los diputados o sea por falta de voluntad política –o por ambas-, mis expectativas sobre los resultados de esta comisión son ahora muy bajas.

Abundan los testimonios sobre la complicidad de elementos del ejército aquella noche. La presencia del ejército en esa zona data de décadas y poco se mueve dentro del territorio guerrerense sin que el ejército se entere; especialmente en la noche del 26 de septiembre de 2014, en la que el ejército tuvo un papel protagónico. Al respecto, véase la declaración de Omar García, normalista de Ayotzinapa sobreviviente del ataque, en entrevista con Carmen Aristegui[2]. En esa entrevista, el testigo describe la complicidad a sueldo que por años ha tenido el ejército mexicano con los carteles de la droga en el estado de Guerrero y la participación activa de los militares esa noche en los asesinatos y desaparición de los estudiantes –por eso me indigna tanto la timorata actitud de los diputados con el titular de la SEDENA[3].

Es abrumadora la evidencia de que estas prácticas mercenarias del ejército están teniendo lugar en todo el territorio nacional desde hace décadas y que se ha ido agravando en los últimos años[4].

Al día de hoy, la opinión pública tiene fuertes elementos sobre la culpabilidad en este crimen de lesa humanidad por parte de elementos del Estado provenientes de los tres niveles de gobierno, mínimamente: del gobierno federal por medio del ejército mexicano; del gobierno estatal por medio del Gobernador con licencia Ángel Aguirre y de su Secretario General de Gobierno, y; del gobierno municipal de Iguala y de Cocula por medio de policías y funcionarios municipales.

La responsabilidad por estos crímenes de Estado[5] no se limita a los autores materiales directos, pues también –y con más peso aún- incluye a los jefes y otros superiores. Lo anterior lo afirmo con fundamento en el Estatuto de Roma[6], el cual rige la competencia y funcionamiento de la Corte Penal Internacional (ONU 1998), del cual México es signatario desde el año 2005 –y por tanto acepta la competencia de dicha Corte.

La responsabilidad, con base al Estatuto de Roma, recae también en los jefes y otros superiores:

Artículo 28.- Responsabilidad de los jefes y otros superiores. Además de otras causales de responsabilidad penal de conformidad con el presente Estatuto por crímenes de la competencia de la Corte:

a) El jefe militar o el que actúe efectivamente como jefe militar será penalmente responsable por los crímenes de la competencia de la Corte que hubieren sido cometidos por fuerzas bajo su mando y control efectivo, o su autoridad y control efectivo, según sea el caso, en razón de no haber ejercido un control apropiado sobre esas fuerzas cuando:

i) Hubiere sabido o, en razón de las circunstancias del momento, hubiere debido saber que las fuerzas estaban cometiendo esos crímenes o se proponían cometerlos; y

ii) No hubiere adoptado todas las medidas necesarias y razonables a su alcance para prevenir o reprimir su comisión o para poner el asunto en conocimiento de las autoridades competentes a los efectos de su investigación y enjuiciamiento.

Quien debiera indagar la participación del ejército en este crimen y en la mayor parte de los crímenes a gran escala es la Procuraduría General de la República (PGR). Sin embargo, parece no estarlo haciendo.

El Senado de la República, en su facultad de órgano investigador del Estado, debe entonces llenar ese vacío y llamar a interrogatorio en sesión pública, mínimamente, a las siguientes autoridades castrenses  –en este orden:

1.      José Rodríguez Pérez, Coronel Comandante del 27/o Batallón de Iguala, Guerrero;

2.      Alejandro Saavedra Hernández, General de Brigada de la 35/a Zona militar, en Chilpancingo, Guerrero;

3.      Martín Cordero Luqueño, Comandante General de División de la 9ª región militar de Acapulco, Guerrero, y, al final, a;

4.      Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional.

Una vez hecho el interrogatorio, el Senado debe instar al Agente del Ministerio Público respectivo y a la PGR a proceder con base en los elementos recabados por esta investigación.

Aunque en sus discursos los senadores, la PGR y el propio Presidente Peña se desgarren de indignación, de no llamar a interrogatorio público y en su caso procesar, entre otros, a estos personajes castrenses, volverán a enviarle el mensaje a la ciudadanía de que se rehúsan a desempeñar su mandato como servidores del Pueblo y que prefieren ser percibidos por la ciudadanía y el mundo entero como cómplices antes que dejar que la Justicia abra esta Caja de Pandora. Fue el Estado quien perpetró este crimen y es el Estado quien está encubriendo a sus responsables.




[3] Además, léanse los siguientes testimonios documentales:
-          Ejército presenció masacre a estudiantes de Ayotzinapa sin intervenir: http://www.losangelespress.org/ejercito-presencio-masacre-a-estudiantes-de-ayotzinapa-sin-intervenir/#sthash.n3gHVFcH.dpuf
-          Blog del Estado Mayor sobre la intervención del ejército en contra de los normalistas: http://estadomayor.mx/48206
-          Militar torturado por la Policía de Iguala, antes de caso Ayotzinapa: http://www.losangelespress.org/militar-torturado-por-la-policia-de-iguala-antes-de-caso-ayotzinapa
-          Artículo de Jenaro Villamil en la Revista Proceso: Ayotzinapa, desaparición forzada y crisis de EPN: http://www.proceso.com.mx/?p=386077
[4] Véanse:
-          Artículo del diario inglés The Guardian, “Alianza de Estado asesina de México, el ejército y los carteles de la droga (Mexico’s murderous alliance of state, the army and the drug cartels)”: http://www.theguardian.com/world/2014/nov/16/mexicos-murderous-alliance-of-state-army-and-the-drug-cartels
-          Artículo del diario The New York Times sobre señalamientos oficiales del gobierno de los EUA sobre la complicidad de militares mexicanos con los cárteles de la droga: http://www.nytimes.com/2012/05/30/world/americas/mexican-army-case-adds-to-us-unease-in-drug-war.html?pagewanted=all&_r=0
-          Artículo del periódico ABC de España: http://www.abc.es/internacional/20131108/abci-estados-unidos-narco-mexico-201311071744.html
[5]  O, más precisamente, Crímenes de lesa humanidad por asesinato, privación grave de la libertad física, tortura, persecución y desaparición forzada de personas por parte del Estado, cuya validez del término he fundamentado en otro artículo. Véase: http://www.losangelespress.org/senor-procurador-iguala-si-es-el-estado-mexicano/
[6] ONU (1998). Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Depositado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Documento A/CONF.183/9. 66 pp. Roma.

13 de noviembre de 2014

SR. PROCURADOR, AYOTZINAPA SÍ ES CRIMEN DE ESTADO

(Reproducido de mi columna del 11 de noviembre de 2014 en Los Angeles Press)
Se equivoca el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, al afirmar que llamar Crimen de Estado a los crímenes de los normalistas de Ayotzinapa “es un poco peligroso”, que “un Crimen de Estado es una cosa mucho mayor”.[1] Mi fundamento para decir que sí se trata de un Crimen de Estado, es el Estatuto de Roma[2], el cual rige la competencia y funcionamiento de la Corte Penal Internacional (ONU 1998), del cual México es signatario desde el año 2005[3] –y por tanto acepta la competencia de dicha Corte[4]. De hecho, denominar esos actos atroces como Crimen de Estado es incluso abreviar lo que en realidad debe ser su tipificación completa: Crímenes de lesa humanidad por asesinato, privación grave de la libertad física, tortura, persecución y desaparición forzada de personas por parte del Estado.

El Estatuto de Roma establece que:

“Artículo 7. …se entenderá por ‘crimen de lesa humanidad’ cualquiera de los actos siguientes: a) Asesinato;… e)… privación grave de la libertad física…; f) Tortura;…h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos… i) Desaparición forzada de personas;… Por “desaparición forzada de personas” se entenderá la aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido de la negativa a admitir tal privación de libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado.”

También es impreciso el Procurador Murillo al afirmar que “Iguala no es el Estado mexicano”. Al igual que el resto de municipios que conforman el gobierno mexicano (en su nivel municipal), el municipio de Iguala forma parte del Estado mexicano. Recordemos que la Teoría del Estado convencionalmente considera al gobierno como elemento formativo del Estado (junto con la población y el territorio) así como elemento de cumplimiento de los fines del Estado (junto con el poder público)[5].

Finalmente, hago un respetuoso llamado a las autoridades investigadoras de este caso a que le den la seriedad que requiere y no den respuestas que denoten minimización de su gravedad y cansancio en su labor. Este no es un caso más. Este es el primer caso en que la sociedad mexicana tiene cero tolerancias a la justicia selectiva, a la impunidad, a la ineficacia, a la simulación, al carpetazo, al uso de chivos expiatorios, de cortinas de humo, de montajes televisivos y demás vicios no poco frecuentes de la justicia mexicana. Si valoran lo poco de legitimidad y prestigio internacional que aún le queda a la actual administración, deben aplicar una pronta justicia en casa y evitar la vergüenza internacional que sería exhibir este caso ante la Corte Penal Internacional en la Haya.



[1] Conferencia de prensa del pasado viernes 7 de noviembre de 2014. Ver video de Gobierno de la República, minuto 55:15 al 55:41: https://www.youtube.com/watch?v=QNcfdHUiP8c

[2] ONU (1998). Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Depositado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Documento A/CONF.183/9. 66 pp. Roma.
[3] Desde el 7 de septiembre del 2000, México firmó el Estatuto de Roma (ratificado por el Senado el 21 de junio de 2005), por lo que acepta la competencia de la Corte Penal Internacional de la Haya. Véase: http://biblio.juridicas.unam.mx/revista/pdf/DerechoInternacional/6/pim/pim39.pdf
[4] Estatuto de Roma (ONU 1998): “Artículo 12. 1. El Estado que pase a ser Parte en el presente Estatuto acepta por ello la competencia de la Corte....”
[5] González González, María de la Luz (2008). Teoría General del Estado. Ed. Porrúa y Facultad de Derecho de la UNAM. ISBN 978–970–07–7541–8. 670 pp. México, DF.