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11 de diciembre de 2014

DOS PROPUESTAS PARA RESOLVER LA CRISIS DE AYOTZINAPA

Por: Sergio O. Saldaña Zorrilla

Aun cuando podrían ser útiles las diez medidas en materia de seguridad que recién anunció el Presidente Peña, estas carecen de medidas de fondo para el desmantelamiento de las estructuras más corrompidas del régimen. Al no incluirse, implícitamente se renovó el pacto con lo peor del Estado mexicano. Al no tocarlos, el Presidente Peña ratificó una especie de pacto de impunidad que priva en el país; ratificó a los mismos mandos policiacos y militares, a los mismos ministros de la corte, a los mismos magistrados, jueces y agentes del ministerio público, a los mismos procuradores de justicia y, en general, ratificó a los mismos encargados de la justicia y la seguridad pública que nos han llevado a donde hoy estamos. Esa ratificación condena las diez medidas del Presidente a un inminente fracaso; serán simulación pura porque los mandos más corrompidos seguramente impedirán su implementación.

Por lo urgente de la coyuntura[1], no quiero detenerme a especular si el Presidente Peña no quiso, o no pudo o no le dejan desmantelar esas estructuras. En su lugar, mejor tomémosle la palabra al Presidente en su ofrecimiento de que él encabece los esfuerzos para establecer un pleno estado de derecho con cambios de fondo: pidámosle nosotros, la sociedad civil, la conformación de una Comisión de la Verdad sobre la Justicia y la Seguridad en México, así como el consecuente enjuiciamiento de quienes resulten responsables. El caso argentino de los procesos de los años 80 contra los miembros de la Junta Militar nos deja una clara lección al respecto: las desapariciones forzadas en ese país no cesaron sino hasta que se enjuició a los mandos involucrados del ejército y la policía[2].

Como hoy la gran mayoría de los mexicanos ya no confiamos en quienes nos procuran justica[3], nuestra Comisión de la Verdad deberá integrarse por ciudadanos:
i) Conocedores de temas de justicia
ii) Con prestigio académico
iii) Con probidad
iv) Ajenos a los partidos políticos
v) Independientes de los mandos altos del gobierno.

Esa Comisión será coordinada por una misión especial de Naciones Unidas –como se hizo en Guatemala en los 1990’s[4]- a fin de garantizar que no se transará con las pruebas ni con las sentencias. Esa Comisión realizará una investigación transparente y ágil a todos los probables responsables de la actual inseguridad e impunidad en el país, incluyendo a mandos de las policías, del ejército, a jueces, magistrados, ministros y a personal de procuradurías y ministerios públicos. Derivado de las investigaciones, se iniciarán los juicios correspondientes, los cuales serán públicos y se transmitirán en vivo por todos los medios de comunicación posibles. Derivado de las investigaciones y de los juicios muy probablemente resultarán más personas implicadas provenientes del resto del gobierno y de la sociedad mexicana. Este será el primer paso para satisfacer la generalizada demanda de justicia.

El segundo paso consiste en prevenir que esta crisis de seguridad y justicia se repita. Ello exige el rediseño del sistema de seguridad pública e impartición y procuración de justicia en el país. Lo anterior debe basarse en una Política de Estado. Una Política de Estado es el conjunto de criterios de actuación del poder público para la realización de los fines del Estado. Los fines del Estado comprenden mínimamente la provisión de seguridad pública y la procuración e impartición de justicia. Aunque México ya comprende esos fines en su Constitución Política, aún tenemos que convertirlos en Política de Estado. Esa Política de Estado debe fijar objetivos concretos de cumplimiento[5], mismos que, mínimamente, deben contemplar:

1. Implementar procedimientos policiacos y militares que garanticen el respeto a los derechos humanos con penas muy altas por incumplimiento. Deben considerarse como guía a los códigos de Alemania, Austria y Suiza.

2. Adoctrinar a las fuerzas armadas y a la policía con un inquebrantable código de honor y principios de lealtad al Pueblo de México. El adoctrinamiento recibido actualmente sobre lealtad y la ideología de servicio a la Nación es débil y lo poco que existe está hoy más que nunca antes en contradicción con las prácticas mercenarias de las que existen fuertes indicios en distintos mandos del ejército y la policía. Necesitamos una sólida doctrina militar y policiaca en México. Al respecto, podemos basarnos en documentos de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), que cuenta con quizás la doctrina militar mejor estructurada del mundo[6].

3. Ciudadanizar los consejos de la judicatura federal y de las entidades federativas a fin de impedir que, como ha ocurrido hasta ahora, se seleccione personal que sirva al presidente de la república y a los gobernadores. Ello ha anulado la división de poderes e impedido la impartición de justicia en México –lo cual ha sido especialmente grave en los casos en que miembros del poder ejecutivo obedecen a organizaciones criminales. También debe adoctrinarse a los servidores del poder judicial y castigarse con prisión el incumplimiento a los principios de independencia de poderes, lealtad a la patria y honradez, así como la aplicación de criterios de exhaustividad en la investigación y justicia en la aplicación de las leyes.

4. Constituir una defensoría de derechos humanos ciudadana e independiente. Esta defensoría realizará una vigilancia permanente a todo el aparato gubernamental y se le dotará de facultades de fiscalía para actuar contra funcionarios públicos que cometan violaciones a los derechos humanos. A quienes se desempeñen en esta defensoría se les seleccionará por su impecable trayectoria y además deberá inculcárseles una sólida moral.

Sólo si se implementan medidas de fondo como éstas se nos demostrará a los mexicanos que sí existe una verdadera voluntad política por superar esta crisis. Hoy estamos confrontados con nosotros mismos, con nuestra tradición antidemocrática, con nuestra historia de autoritarismo;  hoy estamos, sin embargo, obligados a romper con esa tradición y con esa historia, estamos obligados a seguir empujando hasta lograr la refundación del Estado mexicano para acuñarle a sus instituciones una moral inquebrantable que perdure por siglos.

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NOTAS
[1] Meyer, Lorenzo (2014). Coyuntura Crítica. Agenda Ciudadana. Periódico Reforma. 20 de noviembre de 2014. http://www.lorenzomeyer.com.mx/documentos/pdf/141120.pdf
[2] Consúltese:
Ciancaglini, Sergio y Granovsky, Martín (1995). Nada más que la verdad: el juicio a las juntas. Ed. Planeta. ISBN 950-742-664-7. Buenos Aires, Argentina.
Reportaje sobre los juicios a las Juntas Militares argentinas: http://www.argentina.ar/temas/historia-y-efemerides/21125-juicio-a-las-juntas-militares
[3] Al respecto (por inferencia):
– 81% de los mexicanos no confía en los jueces, 80% no confía en los agentes del ministerio público, y 83% no confía en la policía estatal, según datos de la encuesta de Parametría de enero de 2014: http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4622
– 81% de los mexicanos no confía en la Suprema Corte de Justicia de la Nación. Véase:
Barba, Sandra y Sanginés, Gabriela (2010). “Confianza y Legitimidad de la Suprema Corte de Justicia de la Nación”. En: Confianza en las Instituciones, Coord. Moreno, Alejandro. Centro de Estudios Sociales y de Opinión Pública (CESOP) de la Cámara de Diputados y el Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM). Pp. 201-225. México, DF.
– 70% de los mexicanos no confía en las instituciones de seguridad pública, véase encuesta de Parametría del 13 de enero de 2014: http://www.parametria.com.mx/carta_parametrica.php?cp=4615
[4] Véase el “Acuerdo sobre el establecimiento de la Comisión para el Esclarecimiento Histórico de las violaciones a los derechos humanos y los hechos de violencia que han causado sufrimientos a la población guatemalteca”, Oficina de las Naciones Unidas para Guatemala: http://www.guatemalaun.org/bin/documents/Acuerdo%20Comisi%C3%B3n%20Esclarecimiento%20Hist%C3%B3rico.pdf
[5] A plazos de 5, 10, 15 y 30 años; recordemos pues que se trata de la vida del Estado, la cual debe superar la perennidad y sesgos de los gobiernos a fin de garantizar la trascendencia del Estado. Al respecto, véanse:
Montesquieu, Charles (2001). Del Espíritu de las Leyes. Ed. Porrúa. México, D.F.
Porrúa Pérez, Francisco (2000). Teoría del Estado. Ed. Porrúa. México, D.F.
Serra Rojas, Andrés (1984). Teoría General del Estado. Ed. Porrúa. México, D.F.
[6] Por ejemplo, consúltese la Doctrina Aliada Conjunta de la OTAN: https://www.gov.uk/government/uploads/system/uploads/attachment_data/file/33694/AJP01D.pdf

Twitter: @SergioSaldanaZ
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18 de noviembre de 2014

RESPONSABILIDAD DEL EJÉRCITO EN CRÍMENES DE AYOTZINAPA: INTERROGUÉMOSLO

Por: Sergio O. Saldaña Zorrilla

La responsabilidad del Ejército mexicano en los crímenes de Ayotzinapa es clara. Por ello debe llamársele a interrogatorio público. Si bien el pasado jueves 13 de noviembre el Gral. Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional (SEDENA), se reunió con diputados integrantes de la Comisión sobre el caso Ayotzinapa, esta reunión fue en privado y, a juzgar por las declaraciones de prensa de los legisladores al final del encuentro, me parece que tanto el tono como el contenido de dicha reunión fueron como un día de campo para el Gral. Cienfuegos[1]. Yo esperaba mucho más de los integrantes de esta comisión. Sea por falta de preparación sobre el caso por parte de los diputados o sea por falta de voluntad política –o por ambas-, mis expectativas sobre los resultados de esta comisión son ahora muy bajas.

Abundan los testimonios sobre la complicidad de elementos del ejército aquella noche. La presencia del ejército en esa zona data de décadas y poco se mueve dentro del territorio guerrerense sin que el ejército se entere; especialmente en la noche del 26 de septiembre de 2014, en la que el ejército tuvo un papel protagónico. Al respecto, véase la declaración de Omar García, normalista de Ayotzinapa sobreviviente del ataque, en entrevista con Carmen Aristegui[2]. En esa entrevista, el testigo describe la complicidad a sueldo que por años ha tenido el ejército mexicano con los carteles de la droga en el estado de Guerrero y la participación activa de los militares esa noche en los asesinatos y desaparición de los estudiantes –por eso me indigna tanto la timorata actitud de los diputados con el titular de la SEDENA[3].

Es abrumadora la evidencia de que estas prácticas mercenarias del ejército están teniendo lugar en todo el territorio nacional desde hace décadas y que se ha ido agravando en los últimos años[4].

Al día de hoy, la opinión pública tiene fuertes elementos sobre la culpabilidad en este crimen de lesa humanidad por parte de elementos del Estado provenientes de los tres niveles de gobierno, mínimamente: del gobierno federal por medio del ejército mexicano; del gobierno estatal por medio del Gobernador con licencia Ángel Aguirre y de su Secretario General de Gobierno, y; del gobierno municipal de Iguala y de Cocula por medio de policías y funcionarios municipales.

La responsabilidad por estos crímenes de Estado[5] no se limita a los autores materiales directos, pues también –y con más peso aún- incluye a los jefes y otros superiores. Lo anterior lo afirmo con fundamento en el Estatuto de Roma[6], el cual rige la competencia y funcionamiento de la Corte Penal Internacional (ONU 1998), del cual México es signatario desde el año 2005 –y por tanto acepta la competencia de dicha Corte.

La responsabilidad, con base al Estatuto de Roma, recae también en los jefes y otros superiores:

Artículo 28.- Responsabilidad de los jefes y otros superiores. Además de otras causales de responsabilidad penal de conformidad con el presente Estatuto por crímenes de la competencia de la Corte:

a) El jefe militar o el que actúe efectivamente como jefe militar será penalmente responsable por los crímenes de la competencia de la Corte que hubieren sido cometidos por fuerzas bajo su mando y control efectivo, o su autoridad y control efectivo, según sea el caso, en razón de no haber ejercido un control apropiado sobre esas fuerzas cuando:

i) Hubiere sabido o, en razón de las circunstancias del momento, hubiere debido saber que las fuerzas estaban cometiendo esos crímenes o se proponían cometerlos; y

ii) No hubiere adoptado todas las medidas necesarias y razonables a su alcance para prevenir o reprimir su comisión o para poner el asunto en conocimiento de las autoridades competentes a los efectos de su investigación y enjuiciamiento.

Quien debiera indagar la participación del ejército en este crimen y en la mayor parte de los crímenes a gran escala es la Procuraduría General de la República (PGR). Sin embargo, parece no estarlo haciendo.

El Senado de la República, en su facultad de órgano investigador del Estado, debe entonces llenar ese vacío y llamar a interrogatorio en sesión pública, mínimamente, a las siguientes autoridades castrenses  –en este orden:

1.      José Rodríguez Pérez, Coronel Comandante del 27/o Batallón de Iguala, Guerrero;

2.      Alejandro Saavedra Hernández, General de Brigada de la 35/a Zona militar, en Chilpancingo, Guerrero;

3.      Martín Cordero Luqueño, Comandante General de División de la 9ª región militar de Acapulco, Guerrero, y, al final, a;

4.      Salvador Cienfuegos Zepeda, Secretario de la Defensa Nacional.

Una vez hecho el interrogatorio, el Senado debe instar al Agente del Ministerio Público respectivo y a la PGR a proceder con base en los elementos recabados por esta investigación.

Aunque en sus discursos los senadores, la PGR y el propio Presidente Peña se desgarren de indignación, de no llamar a interrogatorio público y en su caso procesar, entre otros, a estos personajes castrenses, volverán a enviarle el mensaje a la ciudadanía de que se rehúsan a desempeñar su mandato como servidores del Pueblo y que prefieren ser percibidos por la ciudadanía y el mundo entero como cómplices antes que dejar que la Justicia abra esta Caja de Pandora. Fue el Estado quien perpetró este crimen y es el Estado quien está encubriendo a sus responsables.




[3] Además, léanse los siguientes testimonios documentales:
-          Ejército presenció masacre a estudiantes de Ayotzinapa sin intervenir: http://www.losangelespress.org/ejercito-presencio-masacre-a-estudiantes-de-ayotzinapa-sin-intervenir/#sthash.n3gHVFcH.dpuf
-          Blog del Estado Mayor sobre la intervención del ejército en contra de los normalistas: http://estadomayor.mx/48206
-          Militar torturado por la Policía de Iguala, antes de caso Ayotzinapa: http://www.losangelespress.org/militar-torturado-por-la-policia-de-iguala-antes-de-caso-ayotzinapa
-          Artículo de Jenaro Villamil en la Revista Proceso: Ayotzinapa, desaparición forzada y crisis de EPN: http://www.proceso.com.mx/?p=386077
[4] Véanse:
-          Artículo del diario inglés The Guardian, “Alianza de Estado asesina de México, el ejército y los carteles de la droga (Mexico’s murderous alliance of state, the army and the drug cartels)”: http://www.theguardian.com/world/2014/nov/16/mexicos-murderous-alliance-of-state-army-and-the-drug-cartels
-          Artículo del diario The New York Times sobre señalamientos oficiales del gobierno de los EUA sobre la complicidad de militares mexicanos con los cárteles de la droga: http://www.nytimes.com/2012/05/30/world/americas/mexican-army-case-adds-to-us-unease-in-drug-war.html?pagewanted=all&_r=0
-          Artículo del periódico ABC de España: http://www.abc.es/internacional/20131108/abci-estados-unidos-narco-mexico-201311071744.html
[5]  O, más precisamente, Crímenes de lesa humanidad por asesinato, privación grave de la libertad física, tortura, persecución y desaparición forzada de personas por parte del Estado, cuya validez del término he fundamentado en otro artículo. Véase: http://www.losangelespress.org/senor-procurador-iguala-si-es-el-estado-mexicano/
[6] ONU (1998). Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Depositado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Documento A/CONF.183/9. 66 pp. Roma.

13 de noviembre de 2014

SR. PROCURADOR, AYOTZINAPA SÍ ES CRIMEN DE ESTADO

(Reproducido de mi columna del 11 de noviembre de 2014 en Los Angeles Press)
Se equivoca el Procurador General de la República, Jesús Murillo Karam, al afirmar que llamar Crimen de Estado a los crímenes de los normalistas de Ayotzinapa “es un poco peligroso”, que “un Crimen de Estado es una cosa mucho mayor”.[1] Mi fundamento para decir que sí se trata de un Crimen de Estado, es el Estatuto de Roma[2], el cual rige la competencia y funcionamiento de la Corte Penal Internacional (ONU 1998), del cual México es signatario desde el año 2005[3] –y por tanto acepta la competencia de dicha Corte[4]. De hecho, denominar esos actos atroces como Crimen de Estado es incluso abreviar lo que en realidad debe ser su tipificación completa: Crímenes de lesa humanidad por asesinato, privación grave de la libertad física, tortura, persecución y desaparición forzada de personas por parte del Estado.

El Estatuto de Roma establece que:

“Artículo 7. …se entenderá por ‘crimen de lesa humanidad’ cualquiera de los actos siguientes: a) Asesinato;… e)… privación grave de la libertad física…; f) Tortura;…h) Persecución de un grupo o colectividad con identidad propia fundada en motivos políticos… i) Desaparición forzada de personas;… Por “desaparición forzada de personas” se entenderá la aprehensión, la detención o el secuestro de personas por un Estado o una organización política, o con su autorización, apoyo o aquiescencia, seguido de la negativa a admitir tal privación de libertad o dar información sobre la suerte o el paradero de esas personas, con la intención de dejarlas fuera del amparo de la ley por un período prolongado.”

También es impreciso el Procurador Murillo al afirmar que “Iguala no es el Estado mexicano”. Al igual que el resto de municipios que conforman el gobierno mexicano (en su nivel municipal), el municipio de Iguala forma parte del Estado mexicano. Recordemos que la Teoría del Estado convencionalmente considera al gobierno como elemento formativo del Estado (junto con la población y el territorio) así como elemento de cumplimiento de los fines del Estado (junto con el poder público)[5].

Finalmente, hago un respetuoso llamado a las autoridades investigadoras de este caso a que le den la seriedad que requiere y no den respuestas que denoten minimización de su gravedad y cansancio en su labor. Este no es un caso más. Este es el primer caso en que la sociedad mexicana tiene cero tolerancias a la justicia selectiva, a la impunidad, a la ineficacia, a la simulación, al carpetazo, al uso de chivos expiatorios, de cortinas de humo, de montajes televisivos y demás vicios no poco frecuentes de la justicia mexicana. Si valoran lo poco de legitimidad y prestigio internacional que aún le queda a la actual administración, deben aplicar una pronta justicia en casa y evitar la vergüenza internacional que sería exhibir este caso ante la Corte Penal Internacional en la Haya.



[1] Conferencia de prensa del pasado viernes 7 de noviembre de 2014. Ver video de Gobierno de la República, minuto 55:15 al 55:41: https://www.youtube.com/watch?v=QNcfdHUiP8c

[2] ONU (1998). Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional. Depositado en la Secretaría General de la Organización de las Naciones Unidas. Documento A/CONF.183/9. 66 pp. Roma.
[3] Desde el 7 de septiembre del 2000, México firmó el Estatuto de Roma (ratificado por el Senado el 21 de junio de 2005), por lo que acepta la competencia de la Corte Penal Internacional de la Haya. Véase: http://biblio.juridicas.unam.mx/revista/pdf/DerechoInternacional/6/pim/pim39.pdf
[4] Estatuto de Roma (ONU 1998): “Artículo 12. 1. El Estado que pase a ser Parte en el presente Estatuto acepta por ello la competencia de la Corte....”
[5] González González, María de la Luz (2008). Teoría General del Estado. Ed. Porrúa y Facultad de Derecho de la UNAM. ISBN 978–970–07–7541–8. 670 pp. México, DF.